Dos advertencias:
Primera. Me temo que, como tanta gente, siento desconfianza hacia los libros firmados por quienes han estado en política. De hecho, no suelo leer ninguno. Bueno, pues en este caso olvida todo prejuicio. La autora no ha escrito estas páginas ni para defender a un partido ni para reivindicar su gestión como ministra de Asuntos Exteriores. Se trata de un análisis sensato, exhaustivo y profundo sobre una realidad que conoce bien, que poco tiene que ver con ideologías y con la vista puesta en el futuro, el lugar donde estaremos todos.
Segunda. Si la política internacional y la geopolítica te interesan, lee este apasionante libro cuanto antes. Está actualizado hasta la primavera de este año, 2026, pero la situación mundial evoluciona a tal ritmo que más que vale que los cambios te encuentren bien informado.
¿Y que cuenta «Solos en el mundo»?
Pues que Europa está sola en el mundo. Que la evolución de las distintas partes del planeta la ha ido dejando en tierra de nadie y que Estados Unidos ha pasado de aliado a una posición que puede transformarlo incluso en enemigo. Y si no que se lo pregunten a los habitantes de Groenlandia y a los daneses. Por otro lado, Rusia ambiciona expandirse y ampliar su zona de influencia disponiendo para ello de más capacidad militar que económica, aunque en lo económico tiene armas de guerra. Y qué decir de China, su espectacular evolución y el modo en que su peculiar régimen le permite, mientras sus líderes tengan las ideas claras, un margen de maniobra y una adaptabilidad sin igual. Y todo en un contexto en el que el hemisferio sur ya no es un convidado de piedra a explotar sino un conjunto de potencias medias emergentes con bastantes intereses comunes, entre los que destaca la necesidad de dotar a las instituciones internacionales de una representatividad acorde a la realidad..
El libro comienza de un modo muy atractivo para el profano, con el atrevimiento de imaginar un futuro probable dentro de un par de décadas, el cual, por contraste con las inmediatamente pasadas, conmociona al lector.
Ahí acaba la ficción (que no previsión, aunque nunca se sabe). Los capítulos siguientes analizan con claridad meridiana, rigor, datos elocuentes y las confesiones de quien ha estudiado en profundidad y hasta vivido en primera persona mucho de lo que detalla, aspectos que van desde las razones que explican la «retirada» de Estados Unidos, la evolución de los intereses y de la sociedades china y rusa, la influencia de la evolución tecnológica y, en particular, del desarrollo de algoritmos de gran alcance debido al uso masivo de la IA, o la carrera por recursos naturales estratégicos sobre los que el común de los mortales apenas sabemos nada. La combinación de todos esos factores, muchos novedosos para el profano, con tantos actores en nuevas situaciones han cambiado los conceptos clave de la política internacional. Términos como globalización o multilateralidad ceden ante la interdependencia y los vinculados a la defensa, una defensa que poco o nada tiene que ver con la concepción tradicional de la misma, ya que los aspectos tecnológicos y económicos tienen ya un peso decisivo. También han aparecido actores particulares de peso gigantesco, como Elon Musk o el dueño de Palantair, con capacidad decisoria en el concierto mundial, incluso, como ejemplifica la autora, en las operaciones militares en la guerra entre Ucrania (es decir, entre Europa) y Rusia. Particulares que obedecen a sus propios intereses, con personalidades ególatras, caprichosas, intrigantes, y en cuyas manos solo un chiflado podría dejar la seguridad de su país. La conclusión de todo esto es que una vez uno ha respondido a las preguntas de «¿Quién soy y adónde voy?» debe prepararse para la independencia defensiva y también económica (en los recursos estratégicos) que le permitan vivir sin renunciar a sus valores, lo cual, en el caso de Europa, que hasta ahora ha tenido unos valores claros, los que fundan las democracias liberales, solo es posible a través de la unión y la consiguiente cesión de una soberanía que, si no se cede, no servirá para nada.
De fondo, el rompecabezas que siempre ha sido Europa: cuarenta y cuatro países, veintisiete de ellos en la Unión Europea; un montón de estados y naciones apretujados en un territorio pequeñajo, con culturas, idiomas y religiones estrechamente emparentadas pero diferentes, con múltiples intereses económicos comunes, pero también, entre zonas, con algunos contrapuestos; unas sociedades que en tres generaciones han pasado de liderar económica y políticamente el mundo a no pintar nada en él y que han quedado a expensas de nuevos actores mucho más poderosos, algunos de ellos que no responden ante nadie, por ser particulares y escapar a toda jurisdicción de los países sobre los que influyen. A no ser que…
A no ser que la jaula de grillos que somos nos apresuremos a cantar armónicamente al menos en los temas cruciales.
De hacerlo, quizá podamos defendernos, ser alguien, proteger nuestros intereses. De lo contrario podemos ser pasto de todo tipo de ambiciones y problemas regidos por la ley del más fuerte.
En resumen, una lúcida visión de Europa, de Rusia, de China, de Estados Unidos, del sur global (y de aquello en lo que se está transformando), de las diferentes estrategias de cada uno, de las razones que las mueven, de cómo influyen los personalismos de los líderes, de los recursos naturales precisos para el futuro, de la revolución tecnológica derivada de la IA, del poder mudable propiciado por los cambios financieros, por los medios de pago aceptados y los sistemas de pago utilizados, de…
Apasionante.
Vaya vértigo.
No he leído este libro por casualidad. Aunque las elecciones en los próximos años se van a decidir, como siempre, por el ruido doméstico cortoplacista en el que perpetuamente se enfangan los partidos y los medios de comunicación, estoy convencido de que el futuro de las actuales generaciones y las dos o tres siguientes, depende de cómo sepamos capaces de estar en este mundo al que se refiere la autora, en el que nos hemos quedado solos, y, también, pero esto no se detalla en estas páginas, de si somos capaces o no de desarrollar y aprovechar las ventajas comparativas que las nuevas fuentes de energía han puesto a nuestro alcance por primera vez. Nunca, en todo el periodo que se inició con la Revolución Industrial, habíamos vivido una tesitura similar.
¿Y a qué viene el comentario sobre las elecciones? A que me da la sensación de que, atontolinados por las mierdecillas de siempre, otros están transformado nuestras vidas a marchas forzadas, utilizándolas y exprimiéndolas en su provecho, y llegarán a extremos que no somos capaces de concebir. Libros como este sirven para evitarlo, para identificar lo trascendente, aquello en lo que nos jugamos seguir siendo lo que somos y poder decidir qué queremos ser.
Arancha González Laya tiene experiencia y trayectoria suficientes para saber millones de veces más que cualquier mortal y, aunque preocupadísima por el tema (de ahí este libro), conserva cierta esperanza. Yo, en cambio, que no sé nada, recuerdo a menudo que los principales países europeos, cuando consiguieron ser los más ricos y avanzados del mundo, cuando consiguieron tener unos niveles de bienestar jamás antes vistos en la historia de la humanidad, se dedicaron a matarse entre ellos con tal saña que el bárbaro récord aún permanece intacto. Sobre esto habla menos la autora: sobre qué será de Europa si Europa no llega a ser Europa. A no ser, claro, que tomemos la original introducción no como una ficción dedicada a situar al lector, sino como una profecía.
Un libro interesantísimo que te abre los ojos a un sinfín de aspectos cruciales que los medios de comunicación apenas mencionan si no es tras haber leído el periodista obras como esta.

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