En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 11 de junio de 2020

Las guerras de nuestros antepasados – Miguel Delibes







                La guerra de nuestros antepasados (publicada en 1975, cuando Delibes tenía 55 años), es una novela completamente dialogada entre dos personajes: Pacífico Pérez, un preso de origen rural, y el doctor Burgueño, que a lo largo de varias sesiones (tantas como capítulos) lo interroga para conocer la vida de Pacífico y averiguar las razones de muchas cosas que el doctor ya sabe y que el lector conoce a medida que avanza la novela. Es decir, a medida que la vida de Pacífico Pérez va surgiendo entre sus páginas y, con ella, la explicación de ese diálogo.

                Dice Delibes, en el prólogo de la edición que he leído, redactado en 2008, que quizá sea esta su novela más dinámica, cuando al proyectarla pensó que sería exactamente lo contrario.

                La guerra de nuestros antepasados tiene una doble estructura fabulosa: por una parte, la construcción de los diálogos, en los que el doctor es más un hábil interrogador que un conversador, lo cual permite a Delibes hacer fluir la acción a un ritmo constante, suave, sin emociones fuertes ni pérdidas de tiempo, dirigiendo la atención a aquello que la tiene y a nada más; esta primera estructura, que se repite en cada diálogo, se asienta en otra superior: el modo en que el discurrir de la vida de Pacífico organiza la novela de forma equilibrada pero también de modo que la acción acelera poco a poco hasta alcanzar unas páginas finales de enorme intensidad. Tanta, que el interrogador deja de serlo en los momentos postreros, en los que comprendemos, aunque lo adivinábamos, por qué está allí.

               También llama la atención esta novela -marca Delibes- por la maestría en el uso de un lenguaje ya perdido: el utilizado en pueblos que durante siglos habían vivido casi aislados y que ahora que ya han dejado de ser lo que eran han perdido hasta su vocabulario, empobreciéndonos a todos.

                La guerra de nuestros antepasados es, en el fondo, un alegato contra la sinrazón de la violencia que Delibes realiza a través de un truco a menudo humorístico: mostrando, sin más, el modo natural en que la violencia se expresa sin que el ser humano sepa muy bien cómo porque responde a sus instintos más primarios, ajenos, a menudo, a los conceptos del bien y del mal, conceptos morales que precisamente por serlo exigen un grado de desarrollo más elevado que el necesario para la simple supervivencia en la que tantas personas se mueven.

                La vida de Pacífico, que transcurre a mediados del siglo XX, no es sencilla: el hombre es poca cosa en lo físico y lo mental, y convive con tres generaciones de hombres: el Bisa (su bisabuelo), el Abue (el abuelo) y el Padre. Cada uno de ellos vivió una guerra: la carlista, la del Rif y la civil. Cada uno vivió «su» guerra de un modo y se «especializó» en determinado tipo de violencia del que se sienten orgullos posiblemente porque les permitió sobrevivir y obtener un reconocimiento interior. ¿Cuál? ¿Por qué? Es algo tan simple como que, en el combate, quien mata puede creerse más listo que el muerto; presunción de inteligencia que se ve corroborada con una recompensa: la vida.

                Pacífico no encuentra una guerra, ni ganas tiene pese a las presiones de las anteriores generaciones; lo más parecido es la rivalidad pueblerina entre los dos núcleos de población que forman el municipio. A lo largo de su vida Pacífico conoce esa rivalidad, muestra su extrema sensibilidad para algunas cosas y sorprendentes habilidades para otras, y también conoce el trabajo (más o menos) y el amor (menos o más). Pero la violencia, que muchas veces aparece en la vida sin que ni quien la ejerce la prevea, es lo bastante poderosa para torcer, de un empellón aislado, el rumbo de muchas vidas. La de Pacífico, por ejemplo, cuya historia nos permite reflexionar sobre los conceptos del bien y del mal y sobre hasta qué punto la violencia responde necesariamente o no a ellos. Como necesario colofón, la novela obliga a pensar sobre la idea de justicia y la necesidad de eliminar el medieval concepto de justicia objetiva, o por el resultado, del que hablan los penalistas cuando explican la evolución del derecho, para acercarse a un concepto moderno en el que se debe diferenciar el daño de la responsabilidad.





Puedes comprar este Las guerras de nuestros antepasados desde el siguiente enlace

No hay comentarios:

Publicar un comentario