En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



martes, 16 de agosto de 2016

La herencia de Wilt - Tom Sharpe



Los lectores no olvidan los personajes memorables. Desde Wilt (1976) hasta La herencia de Wilt (2009, publicada cuando Sharpe cumplía los 81) pasaron 33 años en los que Wilt solo vio la luz en 1979 (Las tribulaciones de Wilt), 1984 (¡Ánimo Wilt!) y 2004 (Wilt no se aclara).

Sharpe murió en 2013, por lo que La herencia de Wilt cierra la saga. Lo hace sin abandonar ni un milímetro sus orígenes ni aportar nada nuevo, y sin la frescura de otras de las novelas de Sharpe, pero con solvencia. Se trata de una historia que crece poco a poco para culminar al final, a diferencia de otras en las que el lío morrocotudo aparece pronto y la gracia y la tensión se mantienen gracias a los equívocos que provocan que Wilt aparezca como culpable de todo.

En esta novela encontramos al Wilt de siempre, amargado en el trabajo y en su hogar, casado con la misma lunática y con las cuatrillizas creciditas y convertidas en psicópatas. Un fracasado carente de ilusiones y consciente de su fracaso vital. Sharpe se permite el lujo de ciertos anacronismos, como el uso del teléfono móvil, que nadie imaginaba 33 años atrás, años que no han pasado para Wilt, estancado en la indefinida edad del padre de unas adolescentes. A la familia Wilt unamos el típico aristócrata o pseudoaristócrata gruñón que desprecia a todos y a todos trata a patadas desde el pedestal de su superioridad económica, el sentido más o menos forzado del linaje, la existencia de personajes que se aprovechan de su dinero, repartamos entre ellos diversas filias sexuales y el estado de celo adecuado para dar juego, añadamos un chiflado que no llega a excéntrico y que se dedica a hacer impunemente locuras que le son consentidas porque aún no ha matado a nadie, y con todos esos ingredientes recurrentes en Sharpe la novela sale adelante con la excusa de que para pagar el colegio de las cuatrillizas la esposa de Wilt consigue a este un trabajo en verano: dar clases particulares a un zumbado que pretende entrar en la universidad, trabajo a desarrollar en la mansión en la que dicho ser vive junto a su madre –una más o menos promiscua lady de buen ver- y a su padrastro –el sir que odia a todo el mundo, especialmente a los más cercanos-; entre medio un tío de la lady, antiguo coronel -el viejo militar, otro tipo de personaje recurrente en Sharpe-, cojo y tan gruñón como el sir, amén del personal de cocina y algún otro que pasaba por allí. ¿La trama? El enredo preciso para que pase algo lo bastante gordo y liado, y los equívocos  y circunstancias que harán que Wilt, como siempre, pueda temer verse culpabilizado; aquí es donde se echa de menos la brillantez de Sharpe en otras novelas, porque en esta ocasión esto se consigue muy regularmente y, como he dicho antes, tan al final que no ha lugar a tensión alguna.

Trama liviana, enredo moderado, tensión creciente pero inexistente durante más de la mitad de la novela, y donde no alcanza el enredo tampoco lo hacen los personajes ni la amplia concesión al humor negro en que se sustenta el desenlace.

La discreta despedida de un grande del humor.






            Nota:

            Una anécdota personal. En 2011, cuando publiqué La terrible historia de los vibradores asesinos, aunque me decían que iba bien, sabía que no podía competir con las grandes editoriales, que tienen copada la distribución minorista. Mi novela tenía difícil llegar al público simplemente porque no estaba a la vista. Se había publicado solo en papel, no había pensado en hacerlo en ebook, y ni se me pasó por la cabeza verla en ningún ranking. Pero la vi. La primera vez fue cuando un amigo me dijo «¡Eh, que en FNAC estás por delante de Tom Sharpe!». Pensé que era un error, pero no. Ahí estaba, delante de Sharpe, delante de La herencia de Wilt. No di crédito, pero ahí estaba, y para mí es la imagen de un momento que muchos sueñan y casi nadie alcanza ni siquiera fugazmente, momento que tuvo luego continuidad en FNAC durante unos meses más y durante diez en la Librería Central (en este caso, entre los cinco más vendidos de todos los géneros), y ahora, ya en ebook, en estos últimos diez meses en los que en Amazon ha sido número 1 de humor en cinco países y top 5 en otros dos. Todo esto que vino luego lo asocio en el recuerdo a ese momento ya lejano, a ese «¡Estás por delante de Sharpe!» Sin embargo no sé donde metí la «foto», pero valga esta otra de aquellos días, donde Ajonio Trepileto estuvo segundo en FNAC-Humor en España, en papel, por delante incluso de Wilt, cuya herencia quedó detrás, pero cuya imagen siempre me trae estos recuerdos.



lunes, 15 de agosto de 2016

Reflexiones sobre literatura y humor



—Su sentido del humor, ¿hasta qué punto es debido a esa adolescencia tan torturada que tuvo, a la necesidad de superarla?
—No sabría qué decirle, porque yo no entiendo el humor. Sé lo que hace reír, pero nunca he entendido por qué se produce la risa, lo que hay detrás de la risa. Hay muchos misterios en la vida. Se puede saber si uno tiene humor antes de que abra la boca; lo mismo que la inteligencia, que se nota con mirar a los ojos a una persona. Odio los chistes, a la gente que se empeña en contarme chistes. No me hacen ninguna gracia ni creo que tengan nada que ver con el humor.
Tom Sharpe. Entrevista en El País, 1991.


domingo, 7 de agosto de 2016

Lecturas de verano



            Trato de dar a conocer mis novelas, pero confieso cierto pudor a la hora de, en verano, animar a nuevos lectores a que, aprovechando sus vacaciones, se atrevan a dar el paso de conocer a Ajonio Trepileto. ¿Motivo? La coquetería: la expresión «lectura de verano» se asocia desde hace años a libros banales que entretienen sin requerir esfuerzos de concentración, que ocupan el tiempo pero no la mente, libros insustanciales, que no inspiran una sola reflexión ni permiten hacerla aunque el lector lo intente, libros casi siempre deudores de pautas de escritura vinculadas a lo mercantil. Casi todos los lectores han apreciado el trabajo que hay detrás de mis novelas, y el respeto a él es la razón de ese pudor, de ese miedo a ser equiparado a esas otras. Suela pretencioso, pero no afirmo ser mejor que nadie; lo que aseguro es que no he escrito ni una sola línea pensando en vender, y sí todas intentando hacerlo lo mejor que sé, con historias divertidas, que para eso he escrito humor, e intentado que el lenguaje, el ingrediente básico de todos los platos literarios, dé todo su sabor al argumento; intentando, también, que la crítica llegue al lector sin que lo advierta cada vez que despliegue los labios para sonreír..

Y de ahí la rabia que me produce esa puñetera expresión, «lectura de verano». Es cierto que hay infinitos libros tan entretenidos como vacuos, pero las vacaciones, precisamente porque tenemos más tiempo y podemos olvidar los problemas del día a día, no es la época para anestesiar la cabeza con ellos, sino el momento más propicio para las aventuras literarias. Tenemos más tiempo y la mente fresca. Hagámosla disfrutar. En verano leí Madame Bovary, Humillados y ofendidos, Crimen y castigo, La conjura de los necios, Sexus, Nexus y Plexus,  El amante de Lady Chatterley, Bartleby, El amor en los tiempos del cólera, Cien años de soledad, Justina, Niebla, Demonios, Amor y pedagogía, Por el camino de Swann, Alicia en el País de las Maravillas, Conversaciones en la Catedral, La Regenta, La gata sobre el tejado de zinc caliente, Seis personajes en busca de autor, Ensayo sobre la ceguera, Suite francesa, Paraíso inhabitado, Don Juan, El Jarama, Las uvas de la ira, Amor se escribe sin hache, La leyenda del santo bebedor, La guerra del fin del mundo

          Y muchísimas más. Podría citarlas todas porque desde los veinte años apunto los libros que leo y en qué fechas y lugares lo hago, pero como ejemplo ya basta.

          El caso es que estamos en verano. Si tenéis unos días de tranquilidad, cuatro, cinco, diez, leed algo que merezca la pena. Hay libros maravillosos para todos los gustos y estados de ánimo, y además suelen ser los más baratos. Pero no todas las cabezas están todo el año para ellos. Ahora, sí. Aprovechad. Conoced a los más grandes.

          Ajonio no está entre ellos, pero sabrá esperar.

             

lunes, 1 de agosto de 2016

La última esperanza



            En el hermoso final de La vida es bella, la película de Roberto Benigni, cuando el protagonista pierde toda esperanza sobre sí mismo pero la aguanta en el futuro de su hijo, recurre al humor para que el niño también la mantenga. Si «es lo último que se pierde», la esperanza, antes de extinguirse y de arrastrarnos con ella, se viste de sonrisa para mirar a un futuro quizá mínimo. O quizá es que nuestra última esperanza es, siempre, llegar a sonreír por última vez.