Primera obra que leo de Mary Beard, catedrática de Lenguas Clásicas en el Newnham College, de la Universidad de Cambridge, y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. No creo que sea la última.
El título no engaña: «El Partenón» cuenta la historia del Partenón, y nada más; uno de los edificios más antiguos, famosos y reconocibles del mundo. Fue construido como templo de la diosa Atenea, pero también acabó siendo catedral, mezquita, polvorín… hasta acabar convertido en un puzle repartido por medio mundo.
Pero no voy a resumir aquí su historia, pues para conocerla está el libro.
Lo importante de esta obra es el modo en que la autora cuenta y resume lo que se sabe, plantea las principales dudas sobre lo que hay información escasa o contradictoria, lamenta y cuenta lo que se ignora y, siempre con un punto de humor, evalúa las principales hipótesis para salvar dudas y lagunas, y las principales posturas (normalmente interesadas) que a lo largo de la historia han defendido unas u otras.
Las fuentes de información son a un tiempo abundantes y escasas. Lo primero, porque ningún otro edificio tan antiguo ha recibido tanta atención; lo segundo, porque las fuentes existentes son insuficientes para pintar un cuatro que sea algo más que aproximado. Mary Beard, guiada por lo que se sabe no se pierde en lo que se ignora, y así conduce de la mano al lector, con suma habilidad y un lenguaje cercano, por un ameno viaje por la historia de un edificio que le permite repasar, también, la historia de occidente.
Esta es la razón de ser del libro y lo que da respuesta a muchas de las polémicas que en la actualidad rodean al Partenón: su imagen y su simbología están tan arraigadas que no hace falta haber nacido en Grecia (si es que de los antiguos griegos queda algo en los actuales) para sentir que algo le debemos al Partenón y a la cultura (excesivamente idealizada) que lo alumbró. Esta idea es la que modula la mirada del lector y, también, la posición de quienquiera que desee posicionarse con rigor ante cualquier de las polémicas referidas.
Por otra parte, el Partenón es también un mito, una especie de mito fundacional, lo cual supone que recaen sobre sus espaldas –más bien sobre las de la cultura en la que se construyó- un sinfín de patrañas que el común de los mortales cree a pie juntillas. La idealización que antes he mencionado.
Una magnífica forma, profusamente documentada, de hacer turismo. Y, desde luego, mucho más enriquecedora y descansada que patear a pie el ahora despellejado monte de la Acrópolis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario