En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 26 de enero de 2015

Museo de la soledad - Carlos Castán




Museo de la soledad no lo puede leer cualquiera ni en cualquier momento. Es demasiado peligroso. Para valorar su dolorosa belleza es preciso tener el ánimo al menos un poco dolido, un poco solitario, haber alcanzado a golpe de sufrimiento un punto de insensibilidad en el que las cuchilladas más hieran que duelan y uno pueda contemplar tranquilamente, antes de sucumbir, cómo entra la hoja. Quizá por eso sea un libro de lectura peligrosa, porque las heridas se suceden y si se lee demasiado acaba uno sintiéndose parte del vacío al que precipitan todos los relatos.

      Léase en pequeñas dosis, viene a avisar, con razón, la contraportada.

     La fugacidad de todo lo bueno que un día creímos que era para siempre y, en cambio, la permanencia de todo aquello que desearíamos desterrar caminan de la mano por las salas de este museo.

       Los  relatos, independientes y de una calidad extraordinaria, giran en torno a soledad, y el libro toma el título del contenido de uno de ellos. Un buen número, además de hacer sentir de forma magistral la soledad, tienen finales inesperados que los dotan de un sentido nuevo, a veces más profundo, a veces más amargo.

       La soledad nos ocurre en relación a otros. La soledad son los demás que no están o no como esperamos. Es también la esperanza vana, el miedo, el poder que a otros concedemos sobre nosotros, la conciencia de nuestra fragilidad, el no saber encontrar dentro de uno mismo el sentido de la vida seguramente porque por más que uno busque no ha de encontrar ninguna certeza y, al final, tratamos de buscarlo en los demás, a la desesperada.

       Y ese “los demás” se refiere siempre a una mujer, porque el protagonista de todos los relatos es un hombre. Un hombre que a veces cree haber encontrado la respuesta a su soledad amando a una mujer que termina abocándolo a más soledad, y en otras vemos a un hombre que se resguarda de la soledad en una mujer a la que no ama y a la que termina contagiando, de forma irreparable, su propia soledad.

     Cuando los protagonistas de los relatos comprenden, no sé si por abatimiento o por exceso de inteligencia, que cualquier sentido que encuentren por sí solos a la vida no es más que una especie de autoengaño, de consuelo con el que ir tirando, es cuando lo buscan en esas mujeres. Aunque no consigan sino alimentar el tormento, porque encuentran tantas esperanzas como mujeres se cruzan en su vida, y tantas frustraciones como esperanzas.

     Quizá la actitud ante la vida de los protagonistas de estos relatos se recoja en el maravilloso párrafo final, donde el tormento convive con la esperanza de nuevos refugios donde buscarse a uno mismo antes de volver a caer, y así ir de caía en caída hasta la nada final. 

         Es cierto que hay fotografías que no puedo mirar. Y cansancios que no se alivian con unas cuantas horas de sueño. Y también hay recuerdos que no quieren irse, dolores que regresan siempre, fantasmas carniceros. Digamos que eso es así, que no existe la manera de arrancarse el peso de ciertas derrotas. Pero, no sé, en los recodos de algunos caminos puede aguardar el Séptimo de Caballería, y tener ojos verdes, por ejemplo, y una mirada en la que poder ser otro. Quizá no sólo fieras acechan en la niebla.



1 comentario:

  1. Hubiera sido un error por tu parte tratar de analizar relato a relato un libro de relatos que es, en realidad, un TODO.
    Así que magnífica reseña, magnífica de verdad, porque capta de forma magnífica toda la belleza y el dolor que habita en las páginas de este libro magnífico.

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