En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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jueves, 6 de octubre de 2022

Noticias sobre vibradores asesinos

 



El mes pasado Amazon me preguntó si estaba dispuesto a que La terrible historia de los vibradores asesinos formara parte de sus ofertas del mes de octubre. Respondí que sí.

Así que durante todo este mes puede comprarse en ebook con una rebaja del 50%. O sea, casi regalada.

Ojalá se animen un buen puñado de lectores a divertirse con esta parodia de la novela negra escrita con un lenguaje que trata de sostener el humor tanto como la trama.


lunes, 7 de diciembre de 2020

El precio de los libros: papel vs ebook



             El ebook sigue, despacito, encontrando su hueco entre los lectores. En estos tiempos en que tanto se habla (y con tan poco rigor) de la suerte de las librerías, he sentido curiosidad por husmear sobre uno de los muchísimos factores -ninguno por sí solo determinante, aunque en conjunto lo sean- que les afectan: el ebook y, en concreto, la diferencia de precio entre el papel y el ebook. He seleccionado unos cuantos libros en tapa blanda (en general, novedades) y otros tantos en edición de bolsillo. Los datos son del 4 de diciembre, obtenidos en Amazon. En total, veinte libros. Alguien que hubiera comprado todos habría ahorrado, de haberlos adquirido en ebook a haberlo hecho en papel, un 47,68% (141,09 euros), aunque el ahorro es proporcionalmente mayor en los libros de "no bolsillo" (55,41%, 111,05 euros) que en los de bolsillo (31,46%, 30,04 euros). ¿Mucho o poco? Desde el punto de vista del lector, depende de cada cual; desde el punto de vista del mercado, y echando un vistazo a los últimos años, es obvio que estas diferencias de precio no han producido un vuelco, pero probablemente sí influyen en el sostenimiento de una lenta tendencia. 

          También podréis notar que, por término medio, el libro de bolsillo cuesta 9,55 euros frente a los 20,04 del resto. Un 52,43% menos. 

          Espero que me disculpéis la pequeña coquetería de haber incluido uno de mis títulos (lo cual, dicho sea de paso, me ha sido útil para situarme). 

 

jueves, 5 de diciembre de 2019

La terrible historia de los vibradores asesinos otra vez en Prime Reading





¡Por vuestra culpa el pobre Ajonio no puede descansar y cualquier día le va a dar un arrechucho!

Hace ahora un añito que Amazon tuvo a bien incluir La terrible historia de los vibradores asesinos en su promoción de Prime Reading. Durante seis meses cualquiera pudo leer gratis la novela en formato electrónico si estaba suscrito al servicio Prime.

Algún potencial vio Amazon en Ajonio, ya que la pequeña selección de Prime Reading se hace entre los más de dos millones de novelas disponibles, y además se trataba de la segunda tanda, por lo que casi inauguraba el servicio. Fue una excelente oportunidad para que nuevos lectores, muchos más de los que esperaba, conocieran a tan calamitoso personajete. 

Tan bien fue la cosa que Amazon me ha propuesto repetir la experiencia durante el próximo medio año. Ajonio también formará parte de la cuarta tanda.

Así que desde ahora La terrible historia de los vibradores asesinos vuelve a estar gratis para todos los suscriptores del servicio Prime, servicio que además permite recibir compras sin coste de envío, acceder a música gratuita, ver series y reportajes exclusivos como ese de la presentadora Pilar Rubio y Sergio Ramos (que es un tío que juega a la pelota)… En fin, esas cosillas.

¿Cómo puedes leer la novela si tienes Prime? Búscala en Amazon en ebook. Allí verás que el precio es cero. Basta ir al lado derecho de la pantalla y darle a «leer gratis».

             Fácil, ¿eh?

         Y si no tienes ese invento ni ganas de tenerlo, a seguir con el método tradicional: la novela sigue disponible en librerías (aunque a estas alturas hay que solicitarla) editada por Mira Editores, y en ebook en Amazon. En este formato también es gratis para los usuarios de Kindle Unlimited, tarifa plana de lectura que, por cierto, ahora es gratuita durante los tres meses que puedes utilizarla a prueba.

Ajonio protesta porque, como decía al principio, el hombre ya está un poco mareado de tanto ir de mano en mano de un lector a otro, pero yo estoy encantado de que lo mareéis así. Por mí, como si hacéis de él una peonza. ¡Gracias, lectores!



jueves, 4 de abril de 2019

El apocalipsis fue ayer




              Dicen que las grandes editoriales asfixian el mercado con prácticas oligopolísticas, impidiendo a las pequeñas editoriales distribuir en condiciones de igualdad; dicen que se fomenta la literatura-basura; que ciertas editoriales seleccionan autores más por sus seguidores en las redes sociales que por su talento para escribir; que el ebook sigue sustituyendo lento, pero sin pausa, al papel; que no hay mamarracho televisivo que no expulse a la literatura de los escaparates firmando un libro que ni siquiera ha escrito; que entre la falta de demanda y el cambio de hábitos de consumo las librerías independientes -refugio de las editoriales pequeñas, donde nace la biodiversidad literaria- van cerrando o reconvirtiéndose en negocios con menos espacio para el libro; que las bibliotecas tienen menos fondos para adquirir ejemplares; y que la piratería corroe lo que queda en pie después de todo lo anterior.

              Dicen, pues, que está llegando el apocalipsis de la literatura.

              Y, sin embargo, la literatura floreció a partir del siglo XVI y sobre todo del XVII, cuando las tasas de alfabetización eran ínfimas (aquí podéis ver untrabajito sobre siglo XVIII y, en el encabezado de la entrada, un corto vídeo sobre el asunto). Una época de sociedades rurales donde las librerías estaban en capitales solo accesibles tras caminar a pie o en borrico decenas de kilómetros. De todas formas, ¿para qué iba a haber librerías en los pueblos, si en una economía de subsistencia casi nadie podía permitirse el lujo de comprar un libro? Así estuvimos hasta comienzos del siglo XX. Y, sin embargo, ahí están Cervantes, Dickens, Víctor Hugo, Tolstoi, Shakespeare, Quevedo, Dumas, Andersen, Poe, Gogol, Dostoievsky,…

              Ahora la alfabetización está en máximos históricos; hasta en el pueblo más recóndito se puede tener un libro casi ipso facto comprándolo en las muchas librerías que venden a través Internet; y, además, los niveles de renta hacen frecuentísimos los dispendios de valor equivalente o superior al de un libro, así que, ¿por qué no dilapidar leyendo?


             

              

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El IVA de los libros electrónicos



                Aunque sin fecha, ayer se anunció la bajada del IVA en los libros electrónicos. Del 21% al 4%. Noticia bien recibida por todos los que se pronunciaron, pero no olvidemos que siempre que algo cambia hay quienes se sienten beneficiados y perjudicados.

                En la teoría de la Hacienda Pública el IVA grava la capacidad económica puesta de manifiesto a través del acto de consumir. Y como es lógico que a mismo consumo, misma tributación, cuando lo que se compra es una narración la tributación debe ser la misma con independencia del formato, salvo que éste ponga de manifiesto una capacidad económica superior. No es el caso de las narraciones en formato electrónico, sistemáticamente más baratas que en papel. Más allá de esta teoría, la diferencia de tipos a un mismo consumo en función de su formato es una forma más o menos disimulada de proteccionismo hacia unos sectores de actividad en detrimento de otros, lo cual, como toda opción política, tiene defensores y detractores.

                Cuando la rebaja de tipos anunciada sea una realidad, el resultado efectivo estará en algún punto intermedio entre estos dos extremos:

                -Primero: que no varíen los precios de venta al público de los libros electrónicos, en cuyo caso los únicos beneficiados de la rebaja serán los participantes en el proceso de creación y comercialización del ebook: editores, plataformas y los paupérrimos autores verán aumentado su trozo de pastel en un 16,34%. El formato será más rentable y habrá más personas interesadas en potenciarlo.

                -Segundo: que toda la bajada se traslade al precio. Cada ebook costará al público un 14,05% menos. Los lectores serán los más beneficiados. Pero también beneficiará a los autores y editores de ebooks y a las plataformas, pues a menor precio venderán más unidades pese a que no habrán rebajado lo que ellos cobran por cada una. Perjudicados: los productos sustitutivos. Es decir, los libros en papel y con ellos las editoriales que no compiten en el mundo del ebook por falta de interés o capacidad y, sobre todo, los libreros.

                Conclusión: un notable impulso al formato electrónico.

Una rebaja lógica desde el punto de vista de la teoría, motivada, dice la noticia, por el deseo de la UE de impulsar el comercio electrónico por considerar que debe impulsarse lo que apunta hacia el futuro. Y el futuro del libro, como el de casi todo, pasa por lo electrónico. Ya se sabía que el cambio de formato que a la música o al cine le costó una complicada década al libro le iba costar una generación o dos. El camino es muy lento, pero sin pausa. La música y el cine han sabido adaptarse, siguen ahí y ya no se habla de la crisis de las discográficas; han sobrevivido modificando radicalmente sus medios de distribución. Cómo evolucionará la distribución del libro y si eso favorecerá o no una concentración empobrecedora de la literatura, es una buena pregunta.



sábado, 5 de noviembre de 2016

Cumpleaños variados



   Pese a sus numerosos antecedentes penales es un buen tipo Ajonio Trepileto. El 5 de noviembre de 2015 las ventas de su primera novela experimentaron un pequeño repunte. Una acumulación nunca antes producida. Y también hace ahora dos años que puede leerse en ebook, tras haber sido publicada en papel en 2011 por Mira Editores.

     Aquel alza de hace un año llegó tras dos meses, octubre y septiembre, ligeramente mejores que los diez precedentes, lo cual me había permitido superar no demasiado holgadamente el objetivo de ventas que me había fijado para ese primer año. El repunte parecía anecdótico, pero en los días siguientes comenzó a repetirse y cada vez con más frecuencia. Enseguida se consolidó y creció. La terrible historia de los vibradores asesinos tomó fuerza en Amazon. 

Primer Nº 1 en Italia
     Digo que Ajonio es un buen tipo porque trepar tan alto para tenerme contento fue su manera de consolarme. Seguro que me había visto pocho. Es buen tipo, sí. No es mala hierba. Por eso, en un mundillo donde hasta la mayoría de los libros «estrella» no superan los seis meses sin estrellarse, a saber cuánto tiempo le queda por estos andurriales. Sea bastante, poco o nada, por el camino ha hecho sonreír a millares de personas. Con lo achuchada que es a veces la vida no os imagináis lo orgulloso que me siento de algo así, ni lo que me apena recordar entonces que las sonrisas son siempre fugaces. ¿Sabéis? A veces, cuando me pregunto si tanto trabajo y esfuerzo merecen la pena, intento imaginarme todas esas sonrisas juntas.
     El resultado: más de un año entre los primeros libros del top 100 de humor en España, donde llegó a estar quinto; número uno de humor en español en cinco países: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Brasil; número tres en Estados Unidos; e incluso número uno de novela negra en español en Italia, género donde también ha logrado algunos otros «podios». Muchos lectores. Más de los que imaginé jamás. Una barbaridad para un libro sin publicidad que hoy lleva ya cinco años y medio a disposición de quien desee leerlo.


     Así que felicidades, Ajonio. Por tu segundo añito en ebook y por el primero de éxito ininterrumpido en este formato. Y gracias.

     Y sobre todo gracias a los lectores, y en particular a quienes habéis recomendado y seguís recomendando mis novelas. Me alegro de que alguien quiera a un perdedor como Ajonio. Gracias por haberme otorgado vuestra confianza y dedicado vuestro tiempo; y gracias por el peliagudo apostolado: sé qué cara pone el personal cuando se le habla de vibradores asesinos y delincuentes chiflados y redichos. Pero os hacen caso. Confían en vosotros. A la vista está. Muchas, muchas gracias.



lunes, 12 de septiembre de 2016

Detalles del boca a boca




     Como no tengo otra explicación (ni presentaciones, ni entrevistas, ni participo en medios de comunicación), digo que los ya diez meses de boom de La terrible historia de los vibradores asesinos en ebook, iniciado más de cuatro años después de su publicación en papel en Mira Editores, se deben al boca a boca.

     Pequeños detalles lo corroboran. Por ejemplo, la creciente cantidad de lectores que, según veo en Amazon, la compran junto a La sota de bastos jugando al béisbol. Nadie compra de golpe dos novelas del mismo autor, por más baratas que sean, si no le han hablado bien de al menos una de ellas.

     Que sigan. Septiembre, vista la marcha, bien pudiera superar los registros previos.

     Gracias a todos los que contáis algo sobre Ajonio Trepileto.







miércoles, 4 de noviembre de 2015

Infortunios, tribulaciones y contentos de un escritor



Ayer se cumplió un año desde que La terrible historia de los vibradores asesinos salió a la venta en ebook. Antes, en mayo de 2011, había visto la luz en papel. A final de mes también cumplirá un añito la edición en papel de La sota de bastos jugando al béisbol, ambas en Mira Editores. A la sota dedicaré otro artículo, si tengo ocasión. Hoy –ayer no pudo ser- hablaré de la primera.

Es frecuente utilizar la expresión «hacer balance», pero un balance refleja lo que se tiene hasta el momento de hacerlo y de dónde ha salido, y me interesa más ver lo obtenido durante un periodo y cuánto ha costado. Es decir, no hacer balance sino cuenta de resultados.

Algunos dicen que quien escribe lo hace para ser leído. Se equivocan. Igual que no siempre se canta para ser escuchado. Pero se publica para ser leído, y la decisión de ver a Ajonio Trepileto en ebook es un intento de llegar a más lectores porque tras un año en las librerías cualquier libro en papel ha dejado de estar visible y apenas se vende ya, y este llevaba tres. En Internet el problema es el mismo: hacer visible el ebook, cuestión muy difícil para quien ni tiene ni busca otra notoriedad que la obtenida a través del propio libro, de su calidad. Un círculo vicioso que a veces rompe el boca a boca. Hice dos planes a un año: uno realista y otro más optimista que requería esfuerzos adicionales y sobre el que recabé alguna opinión que no llegó. He superado el realista. No he alcanzado el otro. Tampoco he tenido ocasión de poner los medios.

El motivo quizá sea que no ha sido un año fácil, lo cual me ha impedido disfrutar como hubiera deseado del trabajo hecho. El día a día ha interferido demasiado en la literatura, el agotamiento mina la ilusión y sin ella es más complicado sacar fuerzas para algo que requiere tanta constancia como dar a conocer un libro por métodos artesanales, a pesar de lo cual ha habido cosas buenas y malas. La cuenta de resultados.

            Entre lo positivo de esta edición en ebook sin presentaciones ni promoción alguna, está, obviamente, haber llegado a un buen número de lectores. Gracias a lo cual algunos han leído además La sota de bastos jugando al béisbol, y otros se han hecho con La terrible historia de los vibradores asesinos en papel para conservarla o regalarla. La confianza de un lector requiere todo agradecimiento porque su tiempo es limitado y te lo ha dedicado. Especial mención merecen quienes además han reseñado la novela en sus blogs o en Amazon, dando así un valor añadido a su lectura y ayudando a que otros lectores confíen en mis novelas. Y lo agradezco también porque sé –algún silente me lo ha confesado-, que la palabra «vibradores» ha retraído menciones y reseñas por miedo a quienes forman su opinión a partir de un «titular» o, en este caso, de un título. Todas las opiniones han sido libres y sinceras, porque al igual que he rechazado todos los ofrecimientos recibidos para reseñar libros en este blog –y el ejemplar que me regalaban-, a nadie le he pedido que escriba una sola línea sobre ninguna de mis novelas, y mira que me hubiera sido fácil regalar ebooks a mansalva.

            También me alegra haber encontrado personas que me buscan para alabar el resultado, aunque me desazona cuando se muestran sorprendidas porque no esperaban algo así de una novela de humor, dejando entrever el desprestigio (por contaminación con libros de humor que no son literatura) de un género que, sin ser en realidad tal porque el humor no es un tema sino un modo de enfocar las cosas, cuenta con novelas legendarias y en el que han buceado muchos de los mejores escritores. Por motivos similares también me desazona la pregunta de otros de si no voy a escribir «otra cosa», o sea, «algo serio», porque mis «payasadas» me han costado más esfuerzo y trabajo de lo que me hubiera llevado una novelita pongamos de intriga, negra o policial.

            Agradezco cómo algunas personas, pocas, siempre están ahí con el sencillo gesto de un clic de ratón para compartir las aventuras de Ajonio en las redes sociales, porque conocen el valor de difundir selectivamente y con constancia. Al apostar por mí asumen cierto riesgo, y solo puedo corresponder tratando escribir lo mejor que sé, de forma que ofrezcan a sus amigos, conocidos, admiradores o simples curiosos algo de calidad. Sin salir de las redes, también me impresiona ver cómo lo que he escrito transforma a desconocidos en conocidos, a veces en amigos, que con sus «me gusta» me dan ánimos a la vez que agradecen el buen rato de lectura; un enriquecimiento solo posible gracias a las redes sociales pero que, en algunos pocos casos, ha sido un brutal empobrecimiento cuando los «me gusta» o los «retuits» han sustituido a otras formas de expresión. Gracias a ese conocido común llamado Ajonio hay quienes han comenzado a apoyarme y ahí siguen, y quienes lo han hecho solo durante un tiempo. En ambos casos se lo agradezco desde aquí y no personalmente, porque entre los costes de la cuenta de resultados cabe incluir la sensación de que no suelo estar a la altura de estas personas, de que debería ser más agradecido, y si no lo soy es porque si les dijera algo quizá se sintieran obligadas a seguir haciendo lo que han hecho libremente, y es precisamente esa libertad lo que le da valor a su conducta.

            Computo como «ingreso» en esta «contabilidad» a las personas, algunas de las cuales conocí hace más de diez años por culpa de algún pinito literario, que regularmente me preguntan por cómo va la cosa. Si Ajonio va bien, si estoy escribiendo algo, qué, en qué estilo, por qué, cuándo terminaré... Personas que me desean y presagian un porvenir literario mucho más claro y halagüeño del que yo veo, y que me regañan cuando les respondo que apenas me muevo por editoriales, agentes y demás fauna. Reducen los «ingresos» personas de quienes podía esperar un interés similar y no han preguntado nada ni una sola vez; resta también el caso especial, que no sé definir, de una persona, excepcional lectora, que lleva cerca de una década animándome a escribir y echándome flores, diciéndome que soy un escritor formidable, y que ha acabado confesando, pasmaos, que no se ha leído ninguna de las dos novelas que he publicado. Para colmo de extravagancia, tras reconocerlo no ha cambiado su opinión sobre el talento que me atribuye. Qué cosas.

            Termino con las personas más cercanas, ajenas a lo que puede interesar a quien escribe, pero no ajenas a quien escribe. Precisamente por eso su apoyo es más meritorio y mucho más de agradecer. Todo un ejemplo. Muacks.

            Pues eso: Ajonio Trepileto lleva un año en ebook. Cada vez que alguien compra La terrible historia de los vibradores asesinos en Amazon Ajonio vuelve a salir de su destartalado sex shop y se lanza al mundo en busca de los tres vibradores que por un defecto de fabricación pueden explotar. Cada vez que alguien lee la novela Ajonio vuelve a prendarse de Zoé, vuelven a machacarlo sus amores con Claudita, y de nuevo el pobre hombre torna a enredarse y desenredarse en los intereses, amoríos y maniobras «non sanctas» que conducen la acción. Ahora que Ajonio no me oye, espero que Claudita siga aplastándolo con sus toneladas de amor, que siempre haya al menos un lector que lo permita, porque la literatura, como la música, se construye cada vez que alguien lee, aunque el autor esté en la tumba.

            Y dejo para el final algo que no sé si hago bien en citar, y que constituye el único «ingreso extraordinario» de esta «cuenta de resultados». Pero qué ingreso. No voy a dar detalles por respeto, y porque no los conozco con exactitud. Lo mejor que me ha pasado en lo literario, en este año complicado, ha sido saber que mis novelas hacen reír a una persona con una de esas enfermedades que obligan a sentarse a esperar lo que nunca se desea. En según qué circunstancias entretener a las personas es muy difícil, pero hacerlas reír es...  La noche en que me enteré no pude dormir. Así que termino dando las gracias a ese enfermo desconocido cuya risa me ha hecho sentir parte de un todo que no entiendo, porque yo no he hecho nada; la única persona con mérito es la que, queriendo cuidarlo, le dio a conocer a Ajonio. Pero qué queréis que os diga: a mí, me conmueve.

                Feliz cumpleaños, Ajonio.



                       

  



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miércoles, 23 de octubre de 2013

El futuro del libro



En uno de los artículos más leídos de este blog (Vargas Llosa, el ebook y la literatura banal), decía hace año y medio: “a medida que el ebook vaya creciendo irán cayendo las librerías tradicionales. En consecuencia, la difusión masiva quedará reservada a las obras que decidan las empresas propietarias de los pocos escaparates virtuales relevantes.”
Viene esto a cuenta de que en España, según leo en un artículo, Amazon y Apple venden el 70% de los libros digitales, y en Estados Unidos esas dos empresas copan el 90% del mercado. El futuro, en esas condiciones, es desalentador. Las empresas no hacen cultura, sino negocio (no es una crítica, es la realidad); el negocio está vinculado a las grandes cantidades, y las grandes cifras de ventas solo se pueden conseguir, salvo excepciones, a través de obras con mensajes livianos, porque para ser asequibles al ciudadano medio (solo vendiéndole a él es posible un elevado volumen de ventas) no deben rebasar su nivel, que es un nivel medio por definición.
No defiendo con eso el elitismo de la cultura, pero sí digo que esas obras meritorias y complejas, las que no pueden entenderse sin aunar lectura y reflexión, esas obras que por su exigencia leen pocos pero cuya influencia antes o después llega a todos, cada vez van tener menos lectores, y, por tanto, cada vez va a ser menor la influencia de lo mejor.


jueves, 21 de junio de 2012

Ebook vs papel 2


Es curioso: tanto como se habla ahora de si los lectores van a leer en papel o en formato electrónico, y hace ya mucho que la otra parte de la ecuación, los escritores, abandonaron el papel. De hecho los manuscritos son ya una reliquia. Y aunque el escritor gana en comodidad, algo se pierde: con el fin de los manuscritos desaparecen documentos fundamentales para comprender el modo de escribir de los grandes autores.




viernes, 11 de mayo de 2012

Vargas Llosa, el ebook, y la literatura banal



          Mario Vargas Llosa ha expresado su temor de que el ebook conduzca a la banalización de la literatura. Entre las reacciones he visto la mesurada de algún escritor que afirma, y con razón, que lo importante es el contenido y no el formato (aunque sin entrar a analizar si están relacionados), y otras, como la de algún otro escritor que se autodefine más por el formato y los procedimientos de venta que por sus contenidos y que ha aprovechado la ocasión para mofarse de uno de los más importantes intelectuales vivos, revelando, de paso, su propia estatura intelectual.

          Al hilo de esto escribo este artículo, porque sin negar al formato electrónico su incuestionable futuro, Vargas Llosa no habla por hablar: la historia ha demostrado que el formato influye en lo que se publica. Y mucho.

          La idea es simple, y se basa en dos premisas: el formato no es una cuestión literaria, sino tecnológica y, por tanto, afecta a los usos empresariales. La segunda: cada nuevo formato ha supuesto un abaratamiento en los procesos de producción.

          Cada nuevo adelanto (y abaratamiento) en el formato ha permitido sacar a la luz cosas en ese momento consideradas “menores” (por eso no se habían publicado), aunque algunas de ellas hayan acabado luego consagradas (lo cual espero que consuele a Vargas Llosa). Veamos un par de ejemplos.

          Uno de los efectos de las nuevas técnicas de encuadernación fue la aparición de libros de bolsillo, que permitieron literatura como la de Marcial Lafuente Estefanía o Corín Tellado. Da la razón a Vargas Llosa que esta literatura generalmente haya sido calificada de “menor” y sus autores hayan sido excluidos de la literatura “oficial”; aunque cuando Corín Tellado falleció, Vargas Llosa le dedicó un elogioso artículo, considerando injusto el tratamiento que se le había dispensado.

          El siguiente ejemplo es verificable en la web del INE: cuando los costes de impresión eran elevados (pensemos, por ejemplo, cuando había que componer el texto letra a letra) una edición requería un mínimo de ejemplares para ser rentable, o precios muy elevados. Con las nuevas técnicas ese mínimo se redujo. Por eso las tiradas medias no han dejado de descender en los últimos años, hasta situarse en poco más del millar de ejemplares en España. ¿Pero entonces se han vendido menos libros? No, porque por aquello de los usos empresariales que citaba, se ha ampliado hasta el infinito el número de títulos publicados, ya que resulta más fácil vender los primeros cien ejemplares de cualquier obra que el segundo centenar. A los datos me remito: hemos dejado atrás años con 24.000 novelas publicadas. ¡24.000! Casi 66 al día, casi 3 a la hora día y noche día tras día. Y 80.000 títulos en 12 meses, si tenemos en cuenta todas las publicaciones. Es razonable pensar que el listón para seleccionar 24.000 novelas está más bajo que cuando se publicaban 6.000. Luego la calidad media, seguramente, ha menguado, dando de nuevo la razón a Vargas Llosa.

          En consecuencia, ¿por qué el formato ebook no va a acentuar el proceso, dado que sus costes de producción son todavía más reducidos? Apenas hay costes variables porque el papel, la impresión, el almacenaje, el transporte y hasta buena parte de la distribución minorista desparecen. Solo quedan costes fijos, que son muy pocos: corrección (y no siempre), una mínima maquetación y alojo. Lo lógico, por tanto, es que se agudice el proceso: que se publiquen todavía más títulos (aunque va a ser mucho más complicado hacer las estadísticas, debido a la floreciente autoedición digital), que de cada uno se vendan cantidades irrisorias, y que el nivel medio de la literatura publicada caiga todavía más.

          Por último, a medida que el ebook vaya creciendo irán cayendo las librerías tradicionales. En consecuencia, la difusión masiva quedará reservada a las obras que decidan las empresas propietarias de los pocos escaparates virtuales relevantes. Las empresas, y no es criticable, se guían por criterios empresariales, entre los que imitar el éxito es el más eficaz, aunque eso estrangule la creatividad del escritor y silencie al que no se pliega a las modas. Esto ya ocurre, pero se va a acentuar. Un motivo más para dar la razón a Vargas Llosa.

          Ya sé que el tema levanta pasiones y muchas reacciones de todo blanco o negro. Sin embargo la realidad siempre combina distintos tonos de gris: por supuesto, seguirán existiendo obras maestras, por supuesto seguirán existiendo grandes autores, y, por supuesto, el ebook dará voz a magníficos escritores que de otra manera no la hubieran tenido. Vargas Llosa reconoce esta idea en su crítica a la cultura actual, e incluso da nombres (aunque sus más críticos lo omitan). Sin embargo, en general será más complicado localizar y difundir la calidad en el maremagnum que se avecina. En definitiva, Vargas Llosa, me temo, tiene razones para decir lo que dice.



miércoles, 18 de abril de 2012

Las guerras de Elena - Marta Querol


 
          Cuando en la primera página una madre tirada en mitad de la calle abraza a su hija junto al cuerpo, abatido de un balazo, del hombre al que amó, y cuando en la segunda página, a finales de los años 60, esa misma mujer, acompañada de un detective con una cámara de fotos, irrumpe en el dormitorio conyugal sorprendiendo a su esposo con otra mujer, una novela promete emociones fuertes. Y Las guerras de Elena, segunda novela de Marta Querol (B de Books), que sale hoy a la venta, cumple esa promesa.

          Tengo la suerte de ser amigo de la autora, lo cual me ha permitido conocer la novela antes de su publicación y hacer hoy esta “reseña primicia” (¡la primera primicia de este blog!). La hago tras haber leído la novela dos veces, que no es lo más frecuente, pero eso me permite comentarla de forma más profunda y fundamentada. Y me alegra poder hacerlo, tras haber seguido desde el primer instante las peripecias de El final del Ave Fénix, novela, dicho sea de paso, que pese al título no conoce final, pues tras superar dos ediciones moribundas desde el principio a causa de dos editoriales no mucho más pimpantes, ha alcanzado el número 1 de ventas en Amazon, en el mejor estilo del auténtico Ave Fénix. Por algo será.

          Decía en el primer párrafo que la novela ofrece emociones fuertes, y así es. Pero lo hace entrecruzando dos líneas: una  va suavemente de más a menos y la otra en sentido inverso, de forma que el interés se mantiene en todo lo alto, evolucionando de un motivo a otro, hasta alcanzar un final adictivo y vertiginoso.

          La primera línea se basa en la tensión emocional, en los descalabros personales y familiares producidos por una separación traumática en lo personal, traumática en lo social (a finales de los 60 apenas había parejas separadas) y con una hija de por medio. La hostilidad entre los cónyuges y entre las dos mujeres es brutal, pero no pueden enviarse al diablo y olvidarse mutuamente por culpa de Lucía, la niña, convertida en pelele de todos: Elena, una madre autoritaria, a veces despectiva, volcada en su trabajo y a la vez obsesionada con que “la querida” no robe a Lucía lo que algún día “debe” heredar; Carlos, el padre, un tipo campechano, trabajador, pero también ingenuo, manipulable y en ocasiones algo calzonazos; y Verónica, “la otra”, una putilla de tres al cuarto que buscó a Carlos para salir de la pobreza y que ve en la niña la rival en la disputa del patrimonio del hombre.

          Y algo más cruza los caminos de Carlos y Elena: sus trabajos al frente de sendas fábricas del mismo sector.

Portada de
la primera edición digital
          Con estos antecedentes, “las guerras” son constantes, aunque debemos situarnos en la época para comprender batallas y actitudes: la nueva pareja apenas puede mostrarse en público porque no están casados, Elena no quiere que su hija tenga el más mínimo contacto con “esa mujer”, Carlos quiere integrar a su hija en su “normalidad” tan anormal en los 60 y primeros 70, Verónica quiere ganarse al padre a través de una niña a la que aspira a desplumar, la niña es un bicho raro entre los demás niños, y crece entre la angustia y la soledad, no encontrando refugio más que en sí misma. Cada visita, cada coincidencia, es una ocasión para la disputa, y no digamos ya eventos como la primera comunión de la pobre Lucía.

          Pero la novela es realista, no crea tensiones gratuitas ni forzadas, se limita a reflejar las inevitables en una situación así. Estas tensiones, como es lógico, van menguando con el paso de los años. De ahí que haya hablado de esa suave línea de más a menos, lo cual no significa que el interés decrezca, porque cuando las tensiones emocionales van menguando a medida también que Lucía va creciendo y teniendo criterio propio, toma el relevo la otra línea, la que evoluciona de menos a más, sosteniendo el interés de la novela; una línea vinculada al misterio y la acción: Elena acude a una feria comercial en el extranjero. Allí conoce a un misterioso hombre, Djamel: lo más parecido a un hombre perfecto que ha encontrado nunca. Y, para colmo de dicha y turbación, tan lejos de su país que poco puede temer del “qué dirán”.

          Así es como la novela entra en la fase en que Elena, de alguna manera, como todo el mundo haría en su pellejo, “rehace” su vida. Lo entrecomillo porque no cambia su vida cotidiana, sino sus prioridades. Lucía,  y Carlos y Verónica, que hasta ese momento eran su razón de ser y de odiar, ceden paso a Djamel y a todos los sueños y posibilidades que su sola existencia sugiere.

          El misterioso y atractivo Djamel tampoco es inmune a Elena, y es capaz de aparecer y desaparecer de su vida cuando y donde ella menos lo espera. Llegamos así de Valencia, donde se desarrolla la novela, a Beirut, donde Elena acude a una feria, MOFITEX, en el hotel Holiday Inn, en busca de la clientela precisa para salvar las inversiones hechas en su empresa.

          Los sucesos de Beirut, que coinciden con el fin de la “Suiza de Oriente Medio,” marcan un punto y aparte en la conducta de la protagonista hacia Djamel: desaparecen medias tintas, dudas y recelos. Y por lo que a la trama respecta, abren definitivamente la puerta al misterio. Ojo ahora, porque llegados a este punto es complicado no querer acabar la novela de un tirón.

          Qué pasa después, lo sabrá quien la lea. Me permito decir solamente que en los personajes, como con las personas, las apariencias engañan. Y no digo más, porque el lector averiguará todo en el intenso y frenético final.

          Pero aunque no desvele el desenlace, sí voy a hablar sobre él, porque la línea de la tensión emocional se alza de súbito a causa de ciertos hechos, y la expectación, de pronto, sube hasta el infinito al dispararse a la par la línea de acción y misterio: tramas e intrigas se suceden a ritmo vertiginoso, mezcladas con el misterio, y solo seguidas por la posibilidad de ser descubiertas y hacer saltar todo en pedazos.

          Quienes gustan de finales en los que es imposible dejar de leer, no olvidarán fácilmente Las guerras de Elena.

          Y termino haciendo alusión a otras cuatro cuestiones relevantes:

          La primera, los personajes: resulta sencillísimo calarlos, de bien caracterizados. Merece la pena fijarse en los secundarios: Lorenzo, Dolores, Gerard, Juani, Gonzalo, Boro... Retratados en dos pinceladas como si los conociéramos de toda la vida. Algunos, como Dolores, son antológicos: la mezcla de ironía y mala leche que destila en sus frases son para enmarcar. Varios los conocemos ya de El final del Ave Fénix, aunque no es preciso haber leído una novela antes de leer la otra.

          La segunda, el personaje de Lucía. Es fundamental pese a su pasividad. Como niña que es, nada puede hacer para influir en unos adultos desquiciados y dominantes, pero, a la vez, el mundo de esos adultos gira en torno a ella, lo que la transforma en el armazón de toda la novela: nada de lo que se cuenta tendría sentido si ella no existiera.

          La tercera, el ambiente: Valencia, el mundillo de pequeños empresarios que saben lo que llevan entre manos y trabajan de sol a sol, un mundillo con problemas económicos en las empresas, pero sin penurias personales, donde florecen los “pequeños placeres burgueses” como tener un apartamento en la playa, un buen coche, un buen piso o asistenta en casa en una época donde cualquiera de esas cosas otorgaba cierto estatus social; gente, en definitiva, capaz de conseguir, sudando la gota gorda, aquello a lo que tantos españolitos aspiraban.

          Y la cuarta y última, el contexto: la sociedad mojigata, los meapilas, la tentación oculta,  la indefensión de la mujer, la forma en que el decoro cede ante la conveniencia, la apertura, la homosexualidad escondida, los sucesos políticos nacionales e internacionales... En definitiva, la forma en que el ser humano se adapta a cada tiempo concreto, aunque él mismo los va creando sin llegar a cambiar nunca su propia esencia.

          Una gran lectura que no dudo acabará llegando a miles de lectores.




 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Bibliotecas

     

      Hablamos de los autores, de las editoriales, de las librerías... Pero ¿qué será de las bibliotecas a medida que vaya creciendo el ebook? ¿Desaparecerán? ¿O junto a las clásicas aparecerán las bibliotecas virtuales donde uno, desde su lector, pueda alquilar un libro a tanto la hora?


sábado, 7 de enero de 2012

Ya es gordo


Ya es gordo que en algo tan vinculado al idioma como la literatura, se esté imponiendo un término, el de "ebook", que tan poco tiene que ver con el idioma en que se expresa, y se construye, esa literatura.

lunes, 10 de octubre de 2011

Ebook vs papel 1


Desde que la memoria alcanza, es muy difícil que un buen lector pueda perder toda su biblioteca. Puede olvidar un libro en un bar, dos o veinte, pero para perder todos debe sufrir un incendio o algo similar. En cambio, cuando se generalice el ebook será posible que un despiste se lleve por delante toda nuestra biblioteca, o una parte significativa. Los miles de páginas que viajan en una tarjeta de memoria pueden evaporarse por un descuido, por una mala manipulación, por quedar en el coche aparcado al sol o por accidentes que ahora nos parecen nimios: en una copa derramada pueden naufragar las lecturas de toda nuestra vida. ¿Se imagina alguien lo que puede significar que toda su biblioteca vuele de un plumazo?

Al hilo de esta idea, que apunté el otro día en una breve conversación de Facebook, me ha dado en pensar que las diferencias entre el libro y el ebook van mucho más allá del formato y el espacio que ocupan. Una tarjeta de memoria tiene el mismo aspecto vacía que con 20.000 libros en su interior. Pero una estantería no.

Los libros en una casa son algo más que papel: cuentan mucho de sus propietarios. Los libros, más allá de lo que dice su letra, son cotillas. Si, por ejemplo, los ordenáramos cronológicamente, en función de la fecha en que entraron en nuestra casa, tendríamos una idea bastante aproximada de nuestra vida. Podríamos comprobar cómo han variado nuestros intereses a lo largo de los años; nuestras inquietudes; nuestras aficiones (literarias o no, como demuestra aquel manual de tal o cual cosa); nuestras aspiraciones intelectuales (¿quién no ha comprado un libro “de culto” con la intención precisamente de, alguna vez, “rendirle culto”?); podríamos averiguar el concepto que hemos ido teniendo de nosotros mismos (hace falta tener buena opinión del propio intelecto para atreverse con según qué libros); nuestra situación económica (ediciones baratas de clásicos, cuando uno era estudiantillo, estaba en el paro o ganaba cuatro perras, y novedades y ediciones más caras cuando ha conseguido un buen trabajo); podríamos ver cómo en fechas significativas aparecen libros “extraños”, delatando los intereses y aficiones que nos suponían los familiares y amistades que nos los regalaron; e incluso podríamos bucear en el tiempo libre que hemos tenido o en cómo lo hemos ocupado (este año compré muchos libros porque tuve tiempo para leer cuando me rompí la pierna, y este otro apenas entraron en mi casa porque estuve muy ocupado por el trabajo, porque tuve trillizos o amoríos que no dejaron tiempo para más); incluso, si esa biblioteca andan los libros heredados, podríamos ver de dónde venimos, cuáles eran los intereses, gustos y ambiciones de nuestros padres, que en buena medida también explican cómo somos.

Todo esto y mucho más está en nuestras estanterías, estén los libros ordenados o en un completo caos. Y ni que decir tiene que la forma en que se presentan a nuestros ojos también dice mucho de nosotros.

Por eso cambiar papel por ebook implica, guste o no, renunciar a ver a cada momento qué fuimos, e incluso qué quisimos ser. Y uniformiza el "aspecto" entre lectores y no lectores. Y lo uniformiza, me temo, a la baja. En definitiva, los libros en papel, solo por estar ahí, nos ayudan a ser más conscientes de nosotros mismos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La importancia de empezar bien


Mi amiga Marta Querol acaba de poner a la venta en Amazon, en formato ebook, su estupenda novela El final del Ave Fénix (en papel, editada por Aladena), finalista del Premio Planeta hace unos años, a un precio muy competitivo comparado con los libros en papel.

Pese a lo mucho que se habla del tema, el ebook todavía está naciendo, y le falta bastante para poder hacer sombra al libro tradicional. El cambio llevará mucho más tiempo que, por ejemplo, el producido en la música, pero es inevitable. Todos, unos años antes o después, haremos el cambio. La forma y el plazo en que cada uno lo hará dependerá, en gran medida, de sus primeras experiencias. Y es que hacer las cosas bien desde el comienzo influye en la suerte de casi todo lo que hacemos. Si el primer ebook que uno lee es una patada al intelecto, sentirá las mismas ganas de leer ebooks que de comprarse tal o cual equipo de música si lo primero que le hacen escuchar en él es a Leonardo Dantés. En cambio, si se estrena con un buen libro, es fácil que se aficione al instante al ebook, como uno vuelve al restaurante donde la primera vez le pusieron un plato exquisito en lugar de un emplasto churruscado. Quizá el restaurante tenga platos buenos y malos, pero si la primera vez nos ha ido bien, volveremos.

Así que dos son las decisiones a tomar por quienes se inicien en la lectura de libros electrónicos: la primera, elegir el aparatito. La segunda, que sus primeras lecturas sean lo bastante buenas como para seguir deseando usarlo. Cuando me compre un artilugio de esos, una de las primeras cosas que haré será leer un buen libro. Un libro bueno de verdad. Por eso, para andar sobre seguro, es fácil que me dé por releer algo. Quizá sea El final del Ave Fénix, que me ha traído a la cabeza esta reflexión. O quizá “el honor” corresponda a otro. Da igual: la cuestión será elegir un buen libro no solo para disfrutar, sino para no acabar olvidando el e-reader en el primer cajón que encuentre a mano.