En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Cuando el mundo duerme - Francesca Albanese

 


No hace mucho, en una cuenta de Twitter que no recuerdo y que ya no he sido capaz de localizar para citarla ahora, leí, refiriéndose al genocidio de Gaza, algo así: «hay tanta información que nunca podrás decir que no sabías, sino que elegiste no mirar».

Desde el 1 de mayo de 2022 Francesca Albanese, jurista italiana que por razones profesionales ha vivido en Jerusalén y otros países de la zona y conoce razonablemente bien el territorio, es Relatora Especial de la Organización de Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados. Es decir, su trabajo consiste en informar a la ONU sobre cuanto sucede en ese ámbito, para lo cual lo mismo cabe recabar testimonios de testigos y expertos de todo el mundo que inspeccionar personalmente o realizar cualquiera otra actuación que le permita obtener información. Es reseñable que ha contado con expertos judíos de gran peso y su preocupación por dar voz a todos los puntos de vista, consciente de que en los masacrados encuentra más facilidades para obtener información que desde el lado dominado por los agresores, que se cuidan de acallar las numerosas voces discrepantes  en Israel y en todo el mundo judío.

Francesca Albanese es, por tanto, una persona que ha elegido mirar. Esa es su misión. Y si ves un genocidio no te puedes callar. De ahí su constante actividad internacional señalando lo que está ocurriendo; y de ahí, también, este libro. Cada uno de sus capítulos está dedicado a una persona que ha hecho ver a la autora un aspecto del genocidio o de sus orígenes.

Que lo que está en marcha es un genocidio no puede ser puesto en duda. Lo ha dicho la ONU, la Corte Internacional de Justicia, gobiernos de todo el mundo y, fuera del ámbito institucional, infinidad de organizaciones, incluida la Asociación Internacional de Académicos del Genocidio. Pero no hace falta confiar en ellos para dar el genocidio por sentado: cualquiera puede verlo en las redes a diario (no así en la mayoría de medios de comunicación, autocensurados). Las salvajadas y atrocidades que he llegado a ver y por desgracia sigo viendo no las olvidaré nunca.

Para quienes crecimos con la convicción de que el Holocausto había sido una brutalidad tan gigantesca que había hecho reaccionar al ser humano (o al menos a los países implicados) hasta el punto de poder confiar en un «nunca más», ver un nuevo genodicio con tantos gobiernos occidentales consintiéndolo tácitamente o apoyándolo de modo indirecto a través de la venta de armas y otros medios de colaboración, es desolador. 

«Cuando el mundo duerme» documenta el genocidio con numerosos ejemplos, pero también analiza las razones históricas que han conducido a él, denuncia los numerosos genocidios silenciosos distribuidos a lo largo del tiempo por todo el planeta a los que nadie ha hecho nunca caso y, volviendo a Oriente Medio, hace especial hincapié en las prácticas meticulosamente orquestadas coordinadas con los ataques y orientadas a aniquilar al pueblo palestino. También da una enorme importancia a «la batalla por el relato» emprendida por el gobierno israelí con la intención de equiparar sionismo y judaísmo para poder acusar de antisemita a quien, sin serlo, está en contra de la barbarie que se está produciendo. El poder del gobierno israelí en este ámbito es enorme gracias a su poderosa influencia en países como Estados Unidos o Alemania: cualquiera que se les oponga puede ser «cancelado» de mil formas. Hay sobrados ejemplos. Hasta los jueces y fiscales de la Corte Internacional de Justicia están personalmente afectados.

Albanese explica, con las definiciones que la ONU aprobó en 1948, inmediatamente después del Holocausto, que las prácticas genocidas van más allá del exterminio físico, e incluyen los desplazamientos forzosos o la aniquilación de la cultura de un pueblo, entre otras prácticas abominables. Se esfuerza también en dejar claro, y por idénticos motivos, lo inaceptable del antisemitismo, así como la diferencia que he apuntado antes entre sionismo y judaísmo. Condenando la violencia de todos, insiste en lo palmario: sin analizar el origen de cada violencia mal se van a poder evitar.

¿Qué puede hacerse?

Albanese, vista la dinámica de los gobiernos mediatizados por la influencia antedicha, resalta la importancia de los pequeños gestos, y recuerda la colosal bola de nieve que desencadenó en 1984 el pequeño gesto de una cajera de los supermercados Dunnes en Irlanda al negarse a facturar unos pomelos sudafricanos en tiempos del apartheid. El nombre de aquella cajera, que entonces tenía 21 años, Mary Manning, aún se recuerda. Nelson Mandela en 1990 y el arzobispo Desmond Tutu en 1984 cuando iba camino de recoger el Premio Nobel de la Paz, homenajearon en Irlanda a Mary Manning y a los 11 huelguistas que la apoyaron durante tres años hasta desencadenar el primer boicot comercial de un país al régimen sudafricano del apartheid. Por cierto, Albanese explica muy bien cómo lo que están sufriendo los palestinos es también un régimen de apartheid. Tiene razón al defender los pequeños gestos que están al alcance de todos nosotros. Pensemos que posturas aparentemente banales como no participar en el festival de Eurovisión, desligarse de mesas redondas o reclamar la dignidad humana en conciertos tienen un potencial comunicativo que ha contrarrestado, por primera vez, una política de imagen tan potente que había permitido ocultar prácticas genocidas. Si durante décadas se ha considerado imprescindible para preservar la dignidad humana y las democracias marginar a los negacionistas del Holocausto, ¿qué motivo puede haber para no hacer lo mismo con los defensores de cualquier otro genocidio? La opinión pública puede y debe presionar a sus propios gobiernos en pro de la paz para contrarrestar las influencias en pro del genocidio. No es cuestión de tendencias políticas, sino de dignidad humana, porque además, en una democracia que no camine hacia la dictadura a ningún partido, da igual su ideología, puede salirle gratis apoyar por acción u omisión la aniquilación de todo un pueblo. Todo lo que permita sostener un clima de opinión favorable a la paz y al entendimiento e intensamente opuesto al genocidio tiene una importancia descomunal. Todos tenemos algo que aportar.

No le ha salido gratis a Francesca Albanese clamar por una paz justa. Las campañas de desprestigio que ha soportado y soporta con inmenso sacrificio personal y familiar solo son equiparables a los boicots que sufre por influencia del gobierno israelí incluso en lugares donde hasta hace poco era recibida y tratada como lo que es: una experta en la materia que daba conferencias y entrevistas y participaba en encuentros por todo el mundo.

Leer «Cuando el mundo duerme» es una forma de mirar. Y si miras, no te puedes callar. Espero que escribir y leer esta reseña también sea una forma de mirar y hablar. No debería costar nada exigir que no se asesine, ni torture, ni se margine a inocentes. Y si te cuesta o ni se te pasa por la cabeza hacerlo, piensa en qué te has convertido y qué acabarás provocando con tu pasividad. Si la opinión pública puede presionar a nuestros gobiernos, como así es, todos somos responsables.


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