En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 1 de julio de 2013

Locuras de Hollywood – P. G. Wodehouse




Una gran novela de humor que casi parece una obra de teatro, habida cuenta de lo limitado de su localización: básicamente, una de las salas de la mansión donde, en Hollywood, vive Adela Cork, una estrella del cine mudo que, a sus poco más de cuarenta años, ya está retirada y disfrutando de sus millones.
Con Adela con vive su cuñado, Smedley, un vividor en pleno sinvivir porque Adela se limita a darle techo y comida en  rácano cumplimiento del deseo protector de su difundo marido. Adela tiene una personalidad arrolladora y un genio de mil demonios; pero no menos personalidad tiene su hermana, Bill, que acaba de llegar a la mansión tras haber sido despedida de los estudios donde trabaja, y se ha puesto a trabajar de “negro”, redactando las aburridas memorias de su hermana.
Pero en la mansión Bill se encuentra con Phipps, un perfecto mayordomo inglés al que conoció en Nueva York... formando parte ella del jurado que estaba juzgando a Phipps por reventar cajas fuertes.
Otros tres personajes pululan: Kay, la sobrina de las dos mujeres, un joven, rico y calamitoso inglés, Lord Topham, al que han invitado a ver si “colocan” a la sobrina, y un desastroso muchacho que se muere de amor por la muchacha: Joe Davenport.
Adela y el lord son millonarios y el resto andan con una mano delante y otra detrás. Y ocurre que la mansión, recién adquirida, perteneció a una famosa actriz hispana súbitamente fallecida, de la que se cuenta que llevaba un escandaloso diario que sería la comidilla de Hollywood y que, por tanto, vale su peso en oro.
Pelham Grenville Wodehouse
1881-1975
En ese ambiente de selecta pobreza en medio de dos ricos que no están dispuestos a dar un centavo... ¿Quién se hará con el diario? ¿Quién conseguirá salir de la pobreza? ¿Quién delatará a quién, o será sorprendido o...? Estamos ante una novela de enredo perfectamente escrita, donde no falta nada y, sobre todo, no sobra nada. Todo va sin prisa pero sin pausa, muy bien organizado.
Y el humor, excelente. Todo un ejemplo de ironía. Sobre todo a partir del personaje central, Bill, cuyas palabras siempre oscilan entre la ironía y la socarronería.  Ella es la más inteligente, la única capaz de conocer las debilidades del resto. También es la más osada. Smedley, el cuñado vividor, es también un tipo simpático: ¡lo que sufre el pobre hombre, que ya se va haciendo mayor, en su afán de poder llevar una vida de juerga en juerga! Pero la culminación de la ironía es Phipps, amparado en su inalterable flema de mayordomo inglés, que además sirve de contraste al temperamento alocado de cuantos le rodean.
El discurrir de la trama, donde todos, de uno u otro modo están relacionados con la industria del cine o, cuando menos, del espectáculo, tiene un punto de ingenuidad, e incluso podría decirse que muchos razonamientos de los personajes se vendrían abajo sin más que teniendo en cuenta que Adela compró la casa con todo lo que había dentro, lo que elimina cualquier tipo de duda sobre la propiedad del diario. Sin embargo, esos “flecos sueltos” son lo de menos. Lo importante es el humor, y en esta novela lo hay, y mucho, muy sutil, constante y muy diferente al humor español.

lunes, 6 de agosto de 2012

Amor y gallinas – P.G. Wodehouse



            El primer libro que leí de este autor (Dejádselo a Psmith) me gustó mucho más que Amor y gallinas, al que, me temo, no sacó todo el partido humorístico que cabe de su planteamiento. Y es una pena, porque de él cabe extraer humor y poco más.
            El protagonista, un joven acomodado y soltero, escritor inglés de principios del siglo XX, se deja llevar al campo, donde busca inspiración, por un alocado amigo y su esposa. El amigo ha decidido montar una granja de gallinas para forrarse vendiendo huevos, noble arte donde los haya. El problema es que ni tiene idea del asunto ni está dispuesto a aprender: todo lo confía a su extravagante sentido común. Y además, por decirlo de algún modo, la afición de este caballero a contraer deudas es manifiestamente superior a su prisa por pagarlas.
            Junto a esto, el protagonista echa el ojo a una bella muchacha, a la que conoce en el tren, camino del “gallinero” y que luego resulta estar pasando una temporada en la finca vecina, junto a su padre y a un apuesto joven que seguramente es su prometido. El protagonista, lógicamente, echa los tejos a la beldad, aunque algo se interpone: el padre es un cascarrabias que no acaba de estar muy contento con el loco de las gallinas ni con cuantos le rodean, lo cual hace idear al protagonista un peculiar método de reconciliación.
            La suerte del enamorado y de las gallinas la sabrá quien lea esta historia, aunque como he dicho al principio, más allá de la elegante ironía que siempre hay en las palabras del protagonista-narrador,  no se ha sacado el partido suficiente al argumento. Las situaciones divertidas, ridículas o grotescas podían haber sido infinitas.
            Pese a todo, lo disparatado del planteamiento sin duda hará que el lector recuerde este libro.

martes, 15 de mayo de 2012

Literatura de humor y libros de humor


Quienes de vez en cuando escribimos literatura de humor nos topamos con un problemilla desconocido para el resto de los mortales:  las clasificaciones de las librerías no distinguen entre literatura de humor y libros de humor. Y así, como cualquiera puede comprobar en Amazon, FNAC o donde se le antoje, ocurre que bajo el epígrafe “humor” Cervantes o Quevedo, u otros más recientes como Sharpe, Wodehouse o Mendoza, por citar autores consagrados, conviven con creaciones humorísticas que nada tienen que ver con la literatura, por más que estén impresas o puedan llegar a ser muy divertidas. Una mezcla comprensible por razones de exposición, pero que en nada beneficia al humor como género literario.


martes, 10 de mayo de 2011

Dejádselo a Psmith - PG Wodehouse



          Magnífica novela, aunque difícil de clasificar. ¿Intriga? (intriga light, en todo caso) ¿O humor? Me inclino por lo segundo, advirtiendo que si el “humor inglés” tiene identidad propia, aquí puede encontrarse. De hecho, Wodehouse es uno de los más reputados escritores de novelas de humor. 

          El protagonista, un tipo que por dárselas de algo ha puesto una P muda ante su apellido (Smith), ha dejado el lucrativo negocio familiar de pescados en el que trabajaba y, sin dejar de dárselas de caballero inglés, ha comenzado a buscar trabajo. Lo que encuentra, sin embargo, es una chica que le hace tilín, y siguiéndola y aprovechando algunas circunstancias derivadas de su búsqueda de empleo se hace pasar por el poeta que iba a visitar el castillo de Blandings. Allí coincide con un tropel de gente que anda por el castillo con la sana intención de robar un famoso collar (cada uno con una finalidad diferente). Como digo, todo está muy relacionado, nada es independiente, y la trama, desde ese punto de vista, es muy buena. 

          Pero con ser todo tan enrevesado, no deja de ser una tramita inocentona, y es por eso por lo que toma protagonismo el humor. El humor con que el autor narra las cosas y, sobre todo, el existente en las pedantes peroratas, en la flema de Pmisth y en la caterva de personajes estrafalarios que desfilan a lo largo de la novela: desde el Lord dueño del castillo -obsesionado con la jardinería-, hasta el señorito tonto e inútil, pasando por el eficiente y desagradable gafotas que tienen al frente de la intendencia o por una peculiar pareja de ladrones, por no hablar del mismísimo Psmith. 

          Una novela divertida, entretenida y muy bien escrita.