En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 15 de octubre de 2026

El cadáver del señor García - Enrique Jardiel Poncela


Estrenada a comienzos de 1931, cuando Jardiel tenía 29 añitos, «El cadáver del señor García» no es una de sus grandes obras. Dice la introducción que el primer acto, que es el más interesante, lo escribió Jardiel en un periquete y que el resto, en cambio, se le atragantaron. Y son peores que el primero, en el que brilla el absurdo.

«El cadáver del señor García» debe ser encuadrado en su época y teniendo en cuenta el público al que iba dirigido: una clase media naciente en la que las apariencias tenían un papel que ahora ha mermado como consecuencia de la amplitud de la clase media. De ahí el contraste entre algo tan solemne como un muerto y las mundanas preocupaciones de los personajes que pululan en torno él, contraste que juega con lo que los nuevos valores suponen para los viejos.

Hortensia y Abelardo, los novios que están celebrando su compromiso ven enturbiada la celebración con el inconveniente de un cadáver. Y es que los muertos son muy poco glamurosos, y eso que este aún no huele mal. El juez y el forense son lo contrario de lo que representan, porque en lugar de aportar soluciones su incompetencia los convierte en un problema adicional. Y el resto de personajes arman un elaborado contraste entre la simplona curiosidad de la «gente baja» y la afectada pedantería de los «selectos». En medio, el cadáver, siempre cosificado pero que no puede dejar indiferente al espectador porque un muerto no deja de ser un muerto, y el espectador asiste a toda la función con un cadáver sobre el escenario.

O sí lo deja indiferente. A saber. Pero eso lo comprobará quien vea la representación o lea la obra en esta edición de Algar. El primer acto, como ya he apuntado, es el mejor. Como no va a ningún sitio más que a exponer la situación, Jardiel se luce desarrollando un cuadro en el que todos los personajes, todos a su modo grotescos, se retratan. La obra cambia de nivel después, cuando debe tomar un rumbo hacia un desenlace, cuando hay que comenzar a pensar en qué demonios hace allí el cadáver del señor García y qué puede hacerse con él. Resulta curioso que la inspiración que propició una rápida redacción del primer acto desapareciera propiciando un atasco creador que, a mi juicio, solo se explica por la voluntad de Jardiel de encontrar una resolución brillante que, finalmente, no alcanzó, pues la solución dada es sencilla y por completo blanca.

Absurdo, parodia, caricatura, sátira… Todo eso podemos encontrar en los personajes y sus diálogos, pero, como he dicho, en una cuesta abajo que no sienta bien a la impresión general de la obra. Aunque entretiene, que es para lo que se escribió 




 

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