En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 17 de octubre de 2022

Gravedad cero - Woody Allen

 


       

        Los relatos que a lo largo de los años he leído de Woody Allen han sido bastante irregulares. No es el caso de este libro, donde el tono y el nivel se mantienen de principio a fin con la excepción del último relato, el más largo, casi una minúscula novela que, a diferencia de los relatos anteriores, poco o nada tiene que ver con el humor.

        ¿Qué puede esperarse de esta lectura?

        Humor. el humor de Woody Allen, lleno de referencias culturales, hipérboles y comparaciones extravagantes que, según en qué día pillan al lector, pueden acabar siendo un poco cargantes. Menos mal que esta vez para mí no ha sido el caso. Los escenarios son en general urbanos, neoyorkinos y, como también es marca de la casa, con frecuencia muestran a perdedores pululando en torno a embaucadores igual de pobres diablos y a mercachifles poderosos satisfechos de sí mismos aunque la prosperidad les haya caído del cielo o de sus pocos escrúpulos. Hay planteamientos originales, como los que ceden el protagonismo a objetos que cuentan su historia, pero, en esencia y como he dicho ya, el tono, el nivel literario y el humorístico se mantienen en un buen nivel. Un nivel medio, para mí, mejor que el de otros libros de relatos de este mismo autor, aunque sin que haya alguno verdaderamente brillante.

        Como he dicho, mención aparte merece el relato final, el más extenso, que cuenta la historia -con algunos tintes autobiográficos- de un joven judío que aspira a ser un dramaturgo  que viva en Manhattan en un ático de la Quinta Avenida con vistas a Central Park (que, por cierto, es donde vive Woody Allen). El jovenzuelo -un desarrapado- se casa pronto, pero pronto también conoce a una joven que encarna toda la perfección posible. Y la perfección comienza a estar al alcance de la mano para el protagonista. El desenlace es verdaderamente original, con una fuerza enorme; el desenlace más fuerte que cabe imaginar para una historia de celos larvados.

        Una última cuestión: ojalá en traductor hubiera tenido a bien incluir todas las notas a pie de página (y alguna más) que ha querido ahorrar al lector poniendo al final del libro un par de páginas con notas sobre cuatro o cinco relatos, una página de diccionario yiddish y otras tres de traducción de nombres, porque Allen juegan a construir nombres y apellidos significativos unas veces y rocambolescos otras, como también usa otros asépticos. El ir y venir a esas pocas páginas es constante y, las más de la veces, acabas buscando por si acaso se te ha pasado algo por alto sin que haya nada que buscar. Las notas a pie de página interrumpen mucho menos la lectura, y más en este caso cuando casi todas hubieran sido telegráficas.




jueves, 24 de enero de 2019

Cerrado por melancolía – Isidoro Blaisten



              «Cerrado por melancolía», decía el cartel con el que Isidoro Blaisten anunció a sus clientes el cierre de la librería que regentaba. «Cerrado por melancolía» es también el título de uno de los relatos que componen este libro.

              Todos son fenomenales, ricos, en gran medida floridos hasta cuando descienden a lo cotidiano, pero también complicados de leer y un tanto confusos pues lo que aparece ante el lector más que un relato es una secuencia de pensamientos más o menos, menos o más, hilados entre sí, siempre engrasados con gotas de humor que aparecen por los intersticios de las ideas.

              Si a veces se plantea el debate sobre escribir o no como se habla, Blaisten lo tiene claro: y escribe como se piensa. Caóticamente. Sin embargo, hay una notable concesión al idioma, tan versátil, tan cuidado, tan mimado diría yo, que hasta cuando cuesta entender lo que se dice se disfruta haciendo el esfuerzo de leer. Especialmente confuso y brillante es el último de los relatos, que ocupa alrededor de la quinta parte del libro, un divertido delirio. 




lunes, 26 de enero de 2015

Museo de la soledad - Carlos Castán




Museo de la soledad no lo puede leer cualquiera ni en cualquier momento. Es demasiado peligroso. Para valorar su dolorosa belleza es preciso tener el ánimo al menos un poco dolido, un poco solitario, haber alcanzado a golpe de sufrimiento un punto de insensibilidad en el que las cuchilladas más hieran que duelan y uno pueda contemplar tranquilamente, antes de sucumbir, cómo entra la hoja. Quizá por eso sea un libro de lectura peligrosa, porque las heridas se suceden y si se lee demasiado acaba uno sintiéndose parte del vacío al que precipitan todos los relatos.

      Léase en pequeñas dosis, viene a avisar, con razón, la contraportada.

     La fugacidad de todo lo bueno que un día creímos que era para siempre y, en cambio, la permanencia de todo aquello que desearíamos desterrar caminan de la mano por las salas de este museo.

       Los  relatos, independientes y de una calidad extraordinaria, giran en torno a soledad, y el libro toma el título del contenido de uno de ellos. Un buen número, además de hacer sentir de forma magistral la soledad, tienen finales inesperados que los dotan de un sentido nuevo, a veces más profundo, a veces más amargo.

       La soledad nos ocurre en relación a otros. La soledad son los demás que no están o no como esperamos. Es también la esperanza vana, el miedo, el poder que a otros concedemos sobre nosotros, la conciencia de nuestra fragilidad, el no saber encontrar dentro de uno mismo el sentido de la vida seguramente porque por más que uno busque no ha de encontrar ninguna certeza y, al final, tratamos de buscarlo en los demás, a la desesperada.

       Y ese “los demás” se refiere siempre a una mujer, porque el protagonista de todos los relatos es un hombre. Un hombre que a veces cree haber encontrado la respuesta a su soledad amando a una mujer que termina abocándolo a más soledad, y en otras vemos a un hombre que se resguarda de la soledad en una mujer a la que no ama y a la que termina contagiando, de forma irreparable, su propia soledad.

     Cuando los protagonistas de los relatos comprenden, no sé si por abatimiento o por exceso de inteligencia, que cualquier sentido que encuentren por sí solos a la vida no es más que una especie de autoengaño, de consuelo con el que ir tirando, es cuando lo buscan en esas mujeres. Aunque no consigan sino alimentar el tormento, porque encuentran tantas esperanzas como mujeres se cruzan en su vida, y tantas frustraciones como esperanzas.

     Quizá la actitud ante la vida de los protagonistas de estos relatos se recoja en el maravilloso párrafo final, donde el tormento convive con la esperanza de nuevos refugios donde buscarse a uno mismo antes de volver a caer, y así ir de caída en caída hasta la nada final. 

         Es cierto que hay fotografías que no puedo mirar. Y cansancios que no se alivian con unas cuantas horas de sueño. Y también hay recuerdos que no quieren irse, dolores que regresan siempre, fantasmas carniceros. Digamos que eso es así, que no existe la manera de arrancarse el peso de ciertas derrotas. Pero, no sé, en los recodos de algunos caminos puede aguardar el Séptimo de Caballería, y tener ojos verdes, por ejemplo, y una mirada en la que poder ser otro. Quizá no sólo fieras acechan en la niebla.




jueves, 17 de abril de 2014

Se busca rey en buen estado - Álvaro de Laiglesia



          Publicada en 1968 con prólogo de Antonio Mingote, Se busca rey en buen estado es un conjunto de relatos -el primero de los cuales da título a la obra- con algo en común: sus finales son tan inesperados como vacíos, posiblemente porque el meollo de la cuestión es el cómo, el hacer reír o al menos sonreír, a medida que se va leyendo, y estas páginas de Álvaro de Laiglesia están a un nivel elevado en ese aspecto, pese a que innova poco y se limita a desarrollar su estilo entre lo grotesco, el absurdo y asalto a la solemnidad. Un libro divertido, pero de trámite y que se nota poco trabajado, como quien aprovecha lo que tiene a mano para publicar algo.

          El primero de los relatos, Se busca rey en buen estado, tiene por protagonista a un ministro y al embajador de la República del Guirigay, que se dirigen en búsqueda de un rey en el exilio, el de Capronia, con el fin de ofrecerle el trono del Guirigay, país tan rico y donde todo funciona tan bien, también donde hay tanta abundancia, que da igual cómo se gobierne. Por eso, el único aliciente que encuentran ya sus ciudadanos es el de instaurar una monarquía que organice fiestas y conceda títulos nobiliarios. Boris, el elegido, es heredero en el exilio del trono de Capronia, país pobrísimo que vive de unas singulares cabras, y aunque el estado físico y mental del monarca en el exilio es bueno, el de sus finanzas deja mucho que desear. El relato se dedica a ponderar argumentos y ventajas e inconvenientes de la propuesta alternando hipérbole y absurdo.

          En el segundo relato La dolce muerte, la muerte –que es una chica que ni fu ni fa- atiende en un mostrador, auxiliada por dos oficinistas, a quienes van llegando al más allá, verificando su inscripción en el registro de finados así como las causas del óbito. Al margen de las situaciones concretas, todas graciosas, una de las principales fuentes de humor es trivializar lo solemne, y pocas cosas lo son tanto como la muerte.

          En el tercero, Un turista excepcional, una familia de palurdos que quieren casar a la niña con el jornalero a su servicio –contra la voluntad de la niña, que ha adquirido cultura mirando y leyendo revistas del corazón-, se encuentran con que en medio de una mayúscula nevada aparece en su casa un turista perdido y medio congelado, cuyo coche se ha quedado atrapado. El turista se queda allí hasta que escampa, lo cual cuesta bastante. Claro que el hombre es en realidad un marciano que no deja de sorprenderse con lo atrasadísimo de nuestra civilización. Atraso al que, no obstante, acaba encontrando su encanto.

          El cuarto relato se titula Peces en la carretera, porque dos ligones madrileños se lanzan a la carretera a la pesca de la autoestopista nórdica, rubia y atractiva. Deudor de esa época donde el españolito inmerso en la censura y la moral tradicional se asombraba ante los bikinis de las primeras turistas, es posiblemente el relato más flojo del libro.

          La procesión va por dentro es el título del relato en el que un vasco se ha trasladado con toda su familia a Andalucía. Allí, la esposa teme que su marido se haya dado a la mala vida, cuando en realidad el hombre, que carece por completo de cualquier sentido musical, está acudiendo a clases para cantar una saeta en la procesión de Semana Santa, en cumplimiento de la promesa hecha si obtenía el traslado. Un relato entretenido, a cuenta de la idiosincrasia estereotipada de cada región.

          Logroño mon amour es el penúltimo relato y, de algún modo, recuerda a algunas comedias inocentonas de la época. En la costa, un hombre de mediana edad ha ligado con una francesa de buen ver. Ella es artista. Él es un fotógrafo de Logroño con mujer y tres hijos, pero a la francesa le ha contado la trola de que está soltero y es también artista. En concreto, pintor. Claro que llegado el momento de “unir sus vidas” el protagonista debe decidir si mandar al diablo a la familia o a la francesa, y opta, pronto lo sabemos, por volver a los orígenes librándose de su nuevo amor mediante una despedida a la francesa. Claro que la francesa es francesa, pero poco más hay de verdad en lo que dijo. Ya en el título se ve el complejo de provinciano al que tanto partido sacó el humor de la época, con obras como Ninette y un señor de Murcia, de Miguel Mihura, a quien Álvaro de Laiglesia consideraba su maestro.

          El último relato lleva por título Un trono para mi hijo. En él una viejecita norteamericana vive convencida de que su hijo Frank, que no para de regalarme chismes electrónicos, llegará algún día a ser rey de algún sitio. Y sí, llega a ocupar un trono. Pero quien quiera saber cuál, mejor que lea la historia. De alguna manera, con esta peculiar búsqueda más de trono que de rey, se cierra el libro Se busca rey en buen estado.

          Concluye el libro con una entrevista al autor mucho más interesante que algunos de los relatos, por lo directo que se contesta a las preguntas y por las opciones poco correctas políticamente pero rápidamente argumentadas de Álvaro de Laiglesia.

jueves, 20 de marzo de 2014

Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas – Oscar Sipán



A la mayoría de los hombres les gustaría tener la voz de Leonard Cohen hasta para pedir un pincho de tortilla de patata en el bar, pero Oscar Sipán es mucho más detallista y para cada situación busca la voz adecuada. Una vez será la de Leonard Cohen, otra la de Lee Marvin y, si el relato lo requiriese, hasta la del Orfeón Donostierra. El coro resultante no solo es armónico, sino que es la voz del autor; una voz con personalidad, porque si casi todos los relatos que componen Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas llaman la atención por su contenido, todos, sin faltar uno, lo hacen por el concepto de “imagen poderosa” que ya he visto infinidad de veces asociado a Oscar Sipán.

Esas imágenes, a modo de continuos fogonazos que salpican el texto provocando unas veces impresiones y otras reflexiones, son las que hacen que la lectura de cualquiera de los breves relatos (y unos cuantos microrrelatos) se transforme en una excursión por los motivos expresos y ocultos de los personajes, por sus ansias y sus miedos, por todo lo que son a causa de lo que han sido o esperan ser en un mundo moldeado por otros que también tuvieron aspiraciones, temores, complejos y obsesiones.

Más diferencias hay, en cambio, entre los argumentos de cada texto. No hay, o al menos no he encontrado, demasiados elementos en común –salvo al principio, donde varios personajes famosos como Exupéry o Patricia Highsmith protagonizan algunas historias-, lo cual supongo que se debe a que son relatos escritos en diferentes momentos del tiempo. Hay historias que desembocan en el misterio, otras en la sorpresa que en algún caso linda con el humor, o en el drama, por poner algunos ejemplos. En alguna incluso es fácil reconocer la fuente de inspiración en hechos que en su día salieron en la prensa, hechos que solo merecieron los pequeños titulares reservados a las “tragedias anecdóticas”, aunque hayan cambiado por completo la vida de sus protagonistas .

Como siempre, me resulta complicado decir mucho más de un libro de relatos, porque dedicar un espacio a cada uno haría este texto demasiado largo, pero sí digo que es un libro que merece la pena leer, que se lee rápido y bien, que utiliza una prosa evocadora con características muy singulares que identifican a su autor, un libro que nadie se arrepentirá de leer. Y quien necesite algún argumento adicional para comprar el libro, que piense en los catorce premios que han merecido los relatos incluidos en Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas


jueves, 23 de enero de 2014

La venganza es mía S.A. – Roald Dahl



Este libro toma su título del primero de los ocho relatos que lo componen.  Excepto el brillante cuento del hombre fracasado que encuentra su liberación fingiendo, a solas, ser un director de orquesta y el del mayordomo espabilado, todos los demás tienen algo de variación del cuento de la lechera; tanto el primero, donde dos caraduras idean el negocio de cobrar a los agraviados por periodistas a cambio de zurrarle a estos, como el conjunto de relatos que tienen por protagonistas a Claude y Gordon, dos muchachos que trabajan en una gasolinera rural; Claude es un loco de los galgos y anda obsesionado por diversas formas de pegar “pelotazos”, como si en la vida el objetivo fuera siempre lograr lo más con lo menos, haga uno lo que haga, hasta el punto de idear “efectivos” métodos para la caza furtiva del faisán. Gordon, por su parte, es más reflexivo, pero se deja llevar. Desde la caza "imaginativa" a la manipulación de las carreras de galgos, hacen a todo, siempre buscando éxitos fulminantes.

         Sería demasiado largo comentar todos los relatos, pero todos tienen algo en común: un humor más o menos negro, pues se funda, salvo excepciones, en la idea de salir el tiro por la culata, y también un humor más vinculado al argumento que a situaciones concretas, de forma que apenas hay lugar para el gag o los malos entendidos, por lo que el buen humor del lector es más un estado que un efecto, y a veces se hace esperar, porque a menudo es el final lo que da el toque de humor necesario para calificar el relato como humorístico, y aquello que marca también al lector haciéndole recordar la historia, dándose el caso de que otros finales hubieran acercado el relato a otros géneros. Claro que con Claude y Gordon a medida que se dejan atrás los relatos el lector ya no necesita llegar al final para reírse de esa pareja de incautos, porque ya sabe que lo son. Y por si eso no bastara, el último relato, el de los faisanes, siendo muy divertido de principio a fin tiene un final genial donde converge lo inesperado con la ingenuidad y lo grotesco. Curiosamente, para mi gusto el menos gracioso es el primero, La venganza es mía SA, el que da título al libro, quizá porque los personajes acaban recreándose en la idea de propinar una paliza a alguien -lo cual no es muy gracioso-, porque son demasiado egoístas, bestias e irreflexivos, y porque lo que están haciendo es demasiado evidente como para que su ingenuidad pueda hacer olvidar nada.
Y además es un libro tan breve que no hay excusa para no leerlo.


Roald Dahl. 1916-1990





lunes, 19 de agosto de 2013

Tres vidas de santos – Eduardo Mendoza



               Los tres relatos que forman este libro tienen poco en común, si no es la maestría de su autor, la cual, por otra parte, solo puede apreciarse valorando su obra en conjunto, dada su variedad de registros.
                Y es esa variedad la que obliga a avisar de que los tres “santos” de esta obra son santos “serios”, aunque todos tienen un punto de extravagancia.
En primer relato se centra en 1952, en Barcelona. Con ocasión del “Congreso Eucarístico” una “familia bien” acoge en su hogar, con toda la pompa, a un obispo latinoamericano. Ni que decir tiene que la cosa sirve a la familia para darse fuste. Pero mientras dura el congreso hay un golpe de estado en el país del obispo. España se apresura a reconocer al nuevo gobierno y el prelado, sobre el que  de pronto recaen sospechas de izquierdoso, pasa a ser persona non grata en su propio país, en España e incluso ante la jerarquía eclesiástica. En consecuencia, para la familia de acogida se convierte en un problema, del cual se desembarazan para evitar que el tiro les salga por la culata. El resto del relato es la suerte del caballero y del narrador, sobrino pobre de la tía rica que alojó al obispo. Se trata de un relato que da mucho que pensar: que la importancia no la tiene “el importante”, sino que se la otorgan los demás, que el interés a menudo lleva a la crueldad, que el miedo paraliza demasiadas veces, que el egoísmo asume a menudo la forma de la generosidad, que la vida sigue adelante pase lo que pase y que al final cada palo debe aguantar su vela, aunque unos la aguantan mejor que otros.
En el segundo relato un hijo de padre desconocido y madre científica que no le ha dedicado apenas tiempo, se ha entregado a rascarse las narices durante toda su vida; pero en un momento dado sufre una crisis que lo pone al borde de la muerte y tras superarla decide irse a un lugar remoto, en África, donde recibe simultáneamente al noticia de la muerte de su madre y la de que le han dado (a ella) un importante premio científico. Y el hombre hace un viaje relámpago a Europa, a recoger el premio en nombre de su madre, arrastrando su propio historial de soledad, incomunicación y la certeza de una pronta muerte. Un relato para pensar qué hacemos en el mundo.
En la tercera y última historia, una filóloga comienza a dar clase de literatura en una prisión; a los presos les importa un pimiento, solo acuden para obtener antes beneficios penitenciarios. Pero uno de ellos se convierte en lector, aunque escribe fatal y muestra bastante desapego a todo el mundo. No hay química entre el preso y la profesora, pero ella, profesional, hace lo posible porque él lea, sin encontrar nunca a cambio ni una pizca de agradecimiento. Pasan los años. Ella ha llegado a ser profesora universitaria. Él, contra todo pronóstico, es un autor de best sellers de prestigio venerado por la industria editorial, por el público, etc. Ella está al cabo del secreto de que era un petardo como escritor, y él es consciente de que todo se lo debe a ella y a la casualidad. Él podría develar parte del misterio del que se ha rodeado, ella podría participar en el indudable éxito del escritor. ¿Qué ocurre al final? Que cada uno es lo que es, aunque nunca llega a saberlo con exactitud porque es tantas cosas como los demás creen que es. Quien para muchos es un escritor admirable, para otros es un preso con suerte, y para otros, un simple choricete. Para reflexionar sobre el agradecimiento, sobre qué somos, y para no confundir las circunstancias con la esencia.



jueves, 1 de agosto de 2013

Teoría de todo – Paula Lapido



                 Siempre me resulta complicado comentar un libro de relatos, aunque solo sea porque siempre hay uno que me llama más la atención, y relega al resto.  También suele haber otro problema: a menudo cada relato es de su padre y de su madre. Sin embargo en este caso hay, por fortuna, unidad de estilo y cierto hilo conductor tanto en el tono como en la caterva de amables locos que protagonizan los relatos. Unos locos tan locos que no cuesta nada sumergirse en su mundo irreal como si fuera real, porque no hay nada más real que la locura. Así nos encontramos con el mundo que se forma en torno a un camión abandonado con toda naturalidad con una bomba nuclear, al superhéroe que manda al mundo a hacer puñetas porque su chica lo ha dejado y acaba convertido en un voyeur (sin duda, el relato más humorístico), al poblado al que roban todo menos su propio miedo, al niño atolondrado que no puede escuchar un sonido sin expresarlo en notas musicales (chifladura que contrasta con la dureza del final), al peculiar y sociable “Bartleby” que habita en los baños de una cafetería (tan patético como él y, por momentos, casi tan trágico), al niño-hombre-anuncio cuya vida se ha desarrollado al amparo de las “galletas Koleo” hasta el punto de no saberse quién parasita a quién, al matrimonio cuya estabilidad se basa en sueños pintorescos y en la inamovilidad de ciertas cosas y personas en realidad ajenos a ellos, a un singular hombre lobo, a una obsesión escocesa o la traca final con un estudiante amante de las setas venenosas que decide experimentar  a lo grande. 
                Ninguno de los relatos deja indiferente, están escritos con maestría, y todos derrochan imaginación e ingenio. Y tienen, también, cierta dosis de humor, que a veces es claramente intencionada y a veces surge en segundo plano, casi inadvertida, como consecuencia de la racional irracionalidad de los mundos que aparecen. La mejor prueba de lo que pienso del libro, es que me lo he leído casi de un tirón. En un solo día.


lunes, 18 de marzo de 2013

Balkan Blues - Petros Márkaris



     Balkan Blues es un conjunto de relatos cuyo reclamo fundamental es el comisario Kostas Jaritos, que protagoniza el primero. Aunque, en honor a la verdad, la “estrategia de investigación” en ese relato es tan obvia que la tardanza de los personajes en pensar en ella produce la impresión de estar ante un relato fallido. Llegados a ese punto puede el lector olvidarse de Jaritos, que solo vuelve a aparecer, al final, haciendo un ínfimo “cameo”
     Pero aunque el gancho sea el primer relato, lo mejor de este volumen son los siguientes. También son los más duros. Todos reflejan, y de ahí el título, la crueldad, la violencia y las vejaciones a que se enfrentan los emigrantes, los que llegan a un país, en este caso Grecia, porque nada tienen, y donde son tratados como parias, especialmente los albaneses. A pesar de la situación actual, Grecia vivió cierto periodo de prosperidad en los años de la “burbuja”, animada allí la construcción por la celebración de los Juegos Olímpicos; a eso cabe unir la situación fronteriza con los Balcanes, una zona asolada por la guerra y la miseria. Desde las violentas disputas por un trozo de pan hasta la prostitución forzosa, todo tiene cabida en Balkan Blues. Un recuerdo más de lo que provoca el egoísmo de todos y cada uno de los miembros de una sociedad, y de la forma en que las sociedades ricas miran hacia otro lado para seguir manteniendo la conciencia tranquila.

lunes, 30 de julio de 2012

Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí – Joost Vandecasteele


He aquí un libro llamado a dejar huella, compuesto por diferentes relatos unidos sutilmente a través de algunos personajes, situado en algún momento del futuro, y a medio camino entre el sueño y la pesadilla.
Desde el comienzo, con la fiesta anual en “honor” al pariente más rico de la familia (por los desinteresados motivos que es de suponer), se suceden una serie de relatos donde llaman la atención dos que tienen algo en común: la aparición de gigantescas estructuras (un centro comercial en un caso, y un edificio en otro) que se convierten en mundos autosuficientes, donde quienes los habitan se limitan bien a sobrevivir en ellos, bien a ser prisioneros (por no saber escapar, o por no atreverse a hacerlo).
Y con esa materia y otras que van en el mismo camino, llegamos al argumento del libro: la soledad implícita en el desarrollo, en las formas modernas de vida llevadas hasta el delirio; y junto a la soledad, la debilidad del ser humano, la impotencia para abrirse camino, la forma en que cada uno queda a merced de los acontecimientos arrastrado por otras personas que, en el fondo, son como él. Y de ahí, al miedo.
Tanto algunos comentarios como bastantes situaciones están bañadas de considerables dosis de humor, cierto es, pero no lo bastante como para quitar el libro su inquietante carácter.
Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí ha sido editado por Tropo Editores, y fue elegido en 2010 como  mejor obra novel escrita en lengua flamenca.