Muchas veces me he referido a la variedad de registros de Eduardo Mendoza. Esta buena incursión en el teatro refuerza la idea.
«Gloria» alude a una de las protagonistas. Ella y su marido, Ricky, tienen una editorial que está a punto de quebrar debido a la separación del otro matrimonio con el que habían levantado el negocio, el formado por Silvia y Coponius. Este último es el que ponía la pasta y ha decidido dejar de hacerlo.
Por eso los tres primeros están reunidos en casa del matrimonio supérstite, esperando a un inversor al que pretenden convencer para que se implique en el negocio. Para agasajarlo han contratado a un mayordomo italiano que, vamos a decirlo así, no siempre ha sido quien dice ser, y que está llamado a repartir el juego que el resto protagoniza. La noche prometería ser más sencilla si Silvia no pimplara tanto y con tan fulminantes efectos.
La obra, divertida, es una farsa en la que nadie es quien dice ser, lo cual entronca con toda una tradición teatral. Los editores, porque buscar inversor para una ruina no es ofrecer una bicoca, sino un pozo donde tirar el dinero; el inversor, porque lo que realmente busca poco tiene que ver con la inversión y sí con el chanchullo; el mayordomo, porque… Bueno, ya lo he dicho. Y además casi nadie está al tanto del pasado emocional del resto. Todos ocultan algo al resto.
El resultado es una mezcla donde lo afectivo presente y pasado se entrecruza con lo económico, que a su vez es el polvorín sobre el que viven todos. El resultado es que cada cual queda desnudo ante el resto, enfrentado a su propia verdad. Eduardo Mendoza ofrece por medio de estos recursos una acción ágil, interesante, divertida y que permite, a través de los conflictos y dilemas de los personajes, plantearse ideas profundas acerca del modo en que nos relacionamos con los otros y con nosotros mismos.
Me ha recordado un caso real que conocí: tres amigas habían montado un salón de belleza. La amistad duró hasta que una actuación administrativa demostró que cada una engañaba a las otras dos. ¡Qué circo! ¡Qué colección de retratos!
Una lectura breve e intensa.

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