En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 16 de marzo de 2026

Bartleby y compañía - Enrique Vila-Matas

 


Bartleby, el extraño y célebre personaje de Herman Melville, dejó pasar los días de su vida encerrado en una oficina, respondiendo «preferiría no hacerlo» a cualquier petición o sugerencia de que meneara el culo.

Su viaje desde su desesperante no dar un palo al agua a la celebridad inspiró a Enrique Vila-Matas este otro libro que se abre con la siguiente cita de Jean de La Bruyère: «La gloria o el mérito de ciertos hombres consiste en escribir bien; el de otros consiste en no escribir».

Y no, al abrir así Vila-Matas no está pensando en el tiempo (en la vida, que decía José Luis Sampedro) que todos ganaríamos si a los escritores petardos les diera por dedicarse al apasionante mundo de las canicas, sino al silencio de los grandes y a si se puede ser grande desde el silencio.

La colección de ochenta y tantas «notas a un texto inexistente» que contiene este libro es un magnífico repaso a quienes alcanzaron la celebridad literaria sin hacer apenas nada  o a quienes, habiéndolo hecho, en algún momento decidieron callar para siempre. Alguno hay, incluso, que no escribió nada en absoluto y fueron sus relaciones las que lo encumbraron como artista sin obra. Porque, ¿quién duda que los artistas sin obra existen? 

Y así, revoloteando con humor alrededor de los motivos que unos pudieron tener para dejar de escribir y de las rarezas que otros confirmaron, lo que comienza siendo un viaje pintoresco termina llegando a lo que creo que de verdad le interesa  a Vila-Matas: lo que lleva a renunciar a la escritura está muy relacionado con la reflexión sobre lo que estimula a escribir y sobre la propia capacidad para hacerlo. Y, en concreto, con la conciencia que antes o después todo escritor alcanza de que sus objetivos son de imposible cumplimiento.

Hablo del escritor con espíritu artístico o inquietudes intelectuales o espirituales, claro, no del industrial, al que ni siquiera se menciona y al que estas cosas no le importan ni un rábano.

Si Enrique Vila-Matas llega a alguna conclusión no lo dice abiertamente, pero entre líneas se adivina que todo el que se siente llamado a escribir cree tener algo importante que decir, pero nadie, ni él, sabe qué. Todos sienten, creo yo, la llamada a explicar la vida, la existencia, o alguna otra cosa tan profunda que ni atisban a verla aunque sepan que está ahí, pero a ver quién es el guapo que lo consigue con las pocas neuronas que tenemos. Unos, los más inteligentes y sensatos, pronto se dan cuenta de lo baldío del empeño y ni lo emprenden. Son artistas conscientes de la inutilidad de serlo. Otros lo intentan hasta que, a fuerza de fracasos, incluso de brillantes fracasos, asumen su incapacidad. Y quedan los inasequibles al desaliento, entre los cuales unos porfían porque de algo hay que comer y el resto se dividen entre quienes encuentran consuelo en la lisonja y los que siguen escribiendo porque asumir que has estado toda la vida correteando como un memo tras una quimera tiene que ser un papelón. Estos últimos también son Bartleby, pero a la inversa; si Bartleby no hacía nada como si todo careciera de sentido (o porque todo carece de sentido), estos prefieren hacer todo antes de enfrentarse a la nada.

Todo esto nos lo cuenta Vila-Matas escribiendo sin escribir (por si acaso), porque ¿qué son unas notas a pie de página sin página? Este juego (trilero) inicial para hacer cómplice al lector crea una corriente de humor inteligente basado en la común conciencia de estar haciendo un ejercicio intelectual divertido, lúcido, pero que se agota en sí mismo porque… Lo ya dicho: igual que los trapecistas son admirables pero por más que lo intenten no pueden volar, las neuronas con más donaire tampoco alcanzan a escapar de sí mismas. 

Y como en ese viaje intelectual el autor se codea, junto al lector, con una caterva de celebridades y un grupillo que mereció serlo, todos los cuales actúan como guías más o menos desorientados de un mundo mental que, al menos en teoría, conocen como nadie, ¿quién dirá que el viaje no fue interesante?

    Una gran obra por el fondo y también por la maestría con que está escrita.


jueves, 12 de enero de 2017

La asesina ilustrada – Enrique Vila-Matas



          ¿Imaginan ustedes un libro cuya lectura causara la muerte? La idea fue de Unamuno, y Enrique Vila-Matas trató de desarrollarla, aunque, como los lectores procuramos sobrevivir a lo que leemos, debió circunscribir las muertes a lo acontecido en las páginas. Páginas que me han permitido conocer a a su autor, de quien, mea culpa, no había leído nada hasta ahora.

          Publicada en 1977, cuando Vila-Matas tenía 29 años, muestra un dominio de la situación apabullante y la inteligencia despierta y retorcida se nota a cada línea. Por fortuna para los despistados la novela es corta, porque de otro modo seguirla resultaría complicado debido a sus idas y venidas, que hacen que, por ejemplo, un personaje del presente rememore un momento en el que tuvo un sueño donde tras ocurrir esto y lo otro soñó que soñaba no sé qué otra cosa… Y luego despierta del sueño que soñaba, del otro, se acaba el recuerdo y el lector se queda con la sensación de acabar de bajar de una montaña rusa.

Enrique Vila-Matas
Barcelona. 1948
          La novela, compuesta por una serie de fragmentos independientes pero que forman una unidad, comienza con el hallazgo de un cadáver, el de un escritor que tiene a su lado la novela «La asesina ilustrada». Pero el buen hombre tenía mucho que ocultar, y otro escritor que durante años lo investigó hasta descubrir y hacerle confesar, teme a la muerte de un modo perturbador, como si supiera que la muerte le ha de avisar de su llegada. De contar la historia de este segundo escritor se ocupan las notas de Ana Cañizal, mujer joven que lo conoce con ocasión de tener que escribir un prólogo a la autobiografía del autor, y que de paso conoce también a la joven y misteriosa esposa, autora de «La asesina ilustrada», brevísima novela que aparece y desaparece provocando efectos inquietantes acerca de si no provocará su lectura lo que ideó Unamuno,  además de hacer dudar de hasta qué punto la autora está al tanto del poder de su obra y hasta qué punto lo utiliza. ¿Y qué es lo magnético? ¿La novela? ¿Su autora, capaz incluso se seducir a la Ana? ¿La muerte?

          Un acierto, también dar a la novela el mismo título que a la «novela de la que trata la novela», para aumentar así la tensión y confusión del lector.

          En resumen: un lío considerable que se sigue bien si se lee con atención y que provoca lo que es de suponer que el autor pretendía: un clima de misterio y asfixia donde el lector siempre duda de dónde se encuentra y a cada momento se siente muerto, si no de lectura, sí de curiosidad e inquietud.

          Tras varias ediciones en diversas editoriales, la novela puede comprarse ahora dentro del volumen En un lugar solitario, que recoge los primeros escritos del autor.