En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de marzo de 2025

El primo Basilio - José María Eça de Queiroz

 



    «Integra, junto con Madame Bovary, Ana Karenina, La Regenta y Effi Briest, la brillante constelación de lo que podría llamarse “novelas de adulterio” del siglo XIX», dice la contraportada. Y tiene razón. Que no despiste que sea la única cuyo título no alude directamente a la protagonista.

Todas estas grandes novelas reflejan los cambios sociales de una misma época. Los personajes principales son mujeres que, de un modo u otro, quieren gobernar su vida al menos en lo emocional, concediéndose la libertad de amar y siendo capaces incluso de caer en la tentación. No son damas seducidas, reducidas a una condición doméstica y vencidas por los hombres, sino mujeres que se atreven a explorar el mundo y las emociones para dejarse caer vencidas por sí mismas, pues no hay otro modo de probar la libertad que experimentándola. Frente a ellas, claro, está una sociedad no preparada para tales desmanes y que a veces, cuando no hay razones para que la hipocresía haga su papel protector, hace pagar cara la osadía. Aparecen también, como reflejo de la época, personajes más o menos anticlericales que gozan de la protección del autor, lo que no es sino otra forma de expresar el anhelo de libertad del siglo.

Luisa está casada desde no hace mucho con Jorge, un ingeniero empleado en un ministerio. Forman un matrimonio enamorado, siempre mutuamente atentos y llevan una vida acomodada, pequeñoburguesa, envidiable para casi todos menos para los ricos, que los desprecian.

Luisa y Basilio, su primo, tuvieron sus escarceos en la adolescencia, pero luego él se largó a Brasil a hacer fortuna. Y la ha hecho. Y ha vuelto. Aunque se ha instalado en París, el colmo de lo chic, ha ido a pasar unos días a Lisboa llevado por los negocios. Cómo no, pasa a visitar a su prima. Allí transcurre la acción.

A partir de aquí Eça de Queiroz despliega una brillantísima exposición de la estrategia de seducción.  Durante un tiempo llega a caber la duda de la sinceridad de ambos, pero pronto queda disipada.

También es brillante la exposición de los motivos que puede alguien tener para caer en la tentación del adulterio.

En medio del berenjenal está Juliana, una criada amargada y resentida con la vida, una arpía de cuidado, pero a la vez peligrosamente sensata en lo que toca a la gestión de sus intereses.

La historia de El primo Basilio, como las que he citado al principio, es la de la seducción de la prima, que bien prima es, y la caída o no y renacimiento o no. Y es que una cosa es la caída en la tentación, que siempre es placentera, y otra la posterior caída personal y/o social, que no siempre se da pero que, de darse, más que una caída es un batacazo que no deja un hueso sano. En ese proceso de ver si llegan a existir caídas/porrazo tras la caída/placer aparecen personajes, buenos y malos, que ofrecen posibilidades de trompazo y de salvación, generando así una tensión que impulsa a leer. Así como Luisa, la protagonista, es dueña de su propia vida para decidir caer o no en la tentación, una vez lo decide deja de serlo para ir dando tumbos a merced de las circunstancias. Ya he mencionado a Juliana y sus trapacerías, pero puede unirse la cocinera y las amistades del matrimonio, en especial Sebastián. Si los finales son ejemplarizantes o no en las famosas novelas que he citado al principio depende de la interpretación. Hay quien los ve así, pero también quienes consideran que son una crítica a la brutalidad de la sociedad. El final de El primo Basilio puede interpretarse también de ambas formas. Habida cuenta del destino de Luisa, pero considerando también las palabras finales de Basilio, yo diría que el objetivo fundamental de su autor fue criticar unos valores podridos que tienen todo que ver con el machismo y, también, con la diferencia de clases sociales impuesta por el dinero.




martes, 20 de febrero de 2024

Bichos - Miguel Torga

 



Los libros de relatos son arriesgados, porque la independencia y las diferencias entre ellos con frecuencia afecta a la continuidad de la lectura. No ocurre esto con Bichos, una magnífica recopilación de catorce relatos del portugués Miguel Torga (1907-1995) que he leído sin darme cuenta, y que es muy diferente (más amena, con un registro completamente diferente pero también de gran calidad) a la otra obra suya que he reseñado aquí: Piedras labradas

          Publicado cuando Torga tenía solo 33 años, todos, o casi todos los relatos de Bichos tienen el común el protagonismo de algún «bicho». Alguno, como el sapo, está más cerca de la carga peyorativa del término que los animales domésticos o domesticados, pero es que quizá lo que haga de ellos más «bichos» que «animales» sea su humanización. Y es que el término «bicho» también tiene cierta carga cariñosa: los bichos, a diferencia de las alimañas, son inofensivos.

          Unos relatos casi parecen humorísticos; otros, poéticos; algunos, realistas… todos con un tono de fábula que deriva de la humanización señalada. 

          Merece la pena rodearse de «Bichos», con comillas.


lunes, 24 de abril de 2023

Piedras labradas - Miguel Torga

 


              Pocos libros de relatos han conseguido captar tanto mi atención como Piedras labradas, del portugués Miguel Torga (1907-1995).

              ¿Por qué? No hay solo un motivo, pero al menos soy capaz de identificar los siguientes:

              Los relatos son muy breves.

              Son también intensos.

             Plantean situaciones realistas y hasta probables, pero complicadas, lo que fuerza el suspense.

              Le bastan muy pocas palabras para que la mente del lector cree el contexto.

              No juzga. Cuenta.

              La temática es siempre interesante y el lenguaje sobrio y elegante.

             El resultado es que los relatos de Piedras labradas se pueden administrar como pequeñas dosis de lectura con inmediato efecto vigorizante: puedes dejar de leer pronto, porque los relatos son cortos, pero sientes la apetencia de leer más.

              Es una pena que este libro esté ya descatalogado.


lunes, 22 de febrero de 2021

El crimen del padre Amaro – José María Eça de Queiroz

 


 

              La novela, un clásico de la literatura portuguesa del siglo XIX publicada en 1875, transcurre en un entorno (la vida del clero en una pequeña ciudad portuguesa en la época) que poco tiene que ver con la película mexicana que inspiró (que transcurre en el México actual con toda la corrupción el narcotráfico como telón de fondo).

              Amaro es un niño muerto de hambre, con una infancia repleta de soledad y sinsabores, al que la caridad de una familia noble conduce, sin pedirle opinión, al sacerdocio. Una vez ordenado y tras un primer destino angustiosamente solitario y apartado, los contactos de sus protectores lo convierten en el joven párroco de Leiría. Allí se encuentra con dos cosas: un clero aposentado en sus privilegios y solo preocupado por mantener el mínimo disimulo para ocultar la ruptura total de casi todos sus votos (en especial, el del celibato) y la joven hija de su casera: Amélia, que le hace tilín, tolón, ding-dong y ringgggggggggg.

              Aunque la obra está dividida en largos capítulos, se pueden agrupar en cuatro partes:

              La primera, breve, nos cuenta la vida de Amaro y cómo llega a ser párroco de Leiría.

              La segunda despierta la simpatía del lector por el amor imposible. Narra el proceso de enamoramiento, de acercamiento entre Amaro y Amélia, con las dudas de ambos, sus miedos y vacilaciones. Y además los separa un tercero, el joven que, con el beneplácito general, echa los tejos a Amélia, de quien se supone que pronto será esposo; un joven que pronto irrita al lector, porque parece el obstáculo que impide una bella historia de amor y porque -siendo este personaje el menos ciego de todos- acaba por ser víctima de los celos, lo que le hace adoptar alguna medida más que cuestionable.

              En la tercera parte ha triunfado un amor que solo puede vivirse en precario. Pero es precisamente esa precariedad la que acaba demostrando qué lleva de verdad cada uno dentro, porque es en las dificultades cuando se ve quién escapa como una miserable comadreja y quién asume los costes. Lo cual quiere decir que de la precariedad pasamos a los problemas que conducen a la novela a su desenlace.

              Y en la cuarta y última parte, brevísima, el autor ofrece al lector en muy pocas escenas una evidente conclusión acerca de cada uno de los personajes, de modo que no es hasta ese momento cuando acabamos a saber quién es cada uno y queda un poso de amargura e injusticia.

              El crimen del padre Amaro es una novela psicológicamente compleja. Amaro es primero un niño desamparado, que jamás llega a conocer el cariño, y luego es un hombre sometido a un destino que no ha elegido; pero como es también un adulto egoísta y manipulador que abusa de su posición de superioridad moral, cabe preguntarse hasta qué punto es así por simple egoísmo, o porque no le queda otro remedio al no haber conocido jamás el cariño ni la generosidad que lo acompaña, o por rebeldía ante el ineludible destino que le ha sido impuesto. La solución al dilema, a elección del lector.

              Hay otra segunda complicación psicológica: el amor. O lo que los personajes y el lector creen amor. ¿Es amor lo que siente Amaro por Amélia? ¿Lo es siempre o solo al principio? ¿O es solo mera atracción? Sea lo que sea, ¿no evoluciona a obsesión? ¿Y por qué termina como termina? Lo que comienza pareciendo un enamorado termina siendo, simplemente, un cazador necesitado de cobrarse constantemente su pieza para satisfacer su ego y escapar de la soledad. Amaro, que parece comenzar amando a Amélia, termina teniendo como objetivo, simplemente, su rendición.

              Amélia, el otro gran personaje de la novela, ofrece un perfil más puro y nítido. Es víctima de un amor fundado en la atracción y la admiración y, a diferencia de Amaro, tiene mucho que perder si se decide a vivirlo. Amaro puede temer el escándalo, pero las consecuencias serían mucho peores para Amélia. Él no piensa más que en sus miedos; ella, en cambio, elude pensar en los riesgos. Si algo puede criticarse a Amélia es su inconsciencia e imprudencia más que su generosidad, porque evitar pensar en lo que se está jugando. Sin embargo, y pese a que las peripecias de Amélia ocupan buena parte de la novela, esta versa sobre Amaro, al que desea reflejar. O desenmascarar.

              La acción transcurre entre la catedral, la casa de la madre de Amélia y un par de lugares más, entre reuniones de clérigos y señoras piadosas que conversan sobre los chismes del lugar y los enjuician moralmente con mayor rigidez ellas que ellos. En torno pululan algunos personajes ajenos a ese mundo, críticos con él pero, en el fondo, más opuestos que enfrentados.

              La novela siempre se ha tachado de anticlerical, porque, aunque muestra algún cura casi lindante con la santidad, es la excepción en un mundillo donde todos se comportan de modo distinto al que predican: están muy preocupados por su peculio, por comer y beber bien, por eludir problemas y responsabilidades y, quien más y quien menos, «conoce mujer». Un clero más epicúreo que sacrificado, más apegado al este mundo que al otro, que parece tener una confianza limitada en el más allá o que, cuando menos, considera que ese más allá va a ser tan indulgente con las debilidades humanas que resistirse a ellas solo puede conducir al sufrimiento inútil y a la ansiedad enloquecedora. Dicho todo esto, es normal que la novela recibiera el calificativo de «anticlerical», pero este término debe ser entendido en sentido estricto: se crítica a las personas, no a lo que representan.

              Sin embargo, El crimen del padre Amaro es, sobre todo, una novela sobre el egoísmo, sobre el modo en que unas personas manipulan a otras, sobre la inconsciencia e injusticia de perseguir pequeñas victorias personales a costa de imponer a otros gigantescos costes. Es una invitación a reflexionar sobre el modo en que satisfacer nuestros caprichos puede sembrar la desgracia a nuestro alrededor.

              Por último, El crimen del padre Amaro es también una novela adelantada a su tiempo por lo que tiene de reivindicación del papel de la mujer. Y eso que Amélia no es ninguna heroína, sino una mujer con los valores de su época que se deja arrastran a una pasión estimulada por quien puede manipularla y lo hace hasta el abuso. Visto desde el simplismo de creer que una novela es lo que escenifica, podría decirse que es una novela machista, lo cual no sería extraño en la época en la que se escribió. Pero no lo es porque, precisamente, el autor utiliza a una mujer, Amélia, para dejar claro quién es el padre Amaro. Dicho de otro modo, la censura al padre Amaro, lo que justifica el «crimen» que da título al libro, es la dignidad de Amélia. Si el autor hubiera considerado a la mujer un ser de segunda, ¿qué sentido tendría hablar de «crimen»? El crimen del padre Amaro es, en realidad, doble: sus actos lo envilecen por oponerse a lo que representa; pero si hubiera compartido con Amélia los costes de su aventura lo hubieran reconducido a su condición humana. Es el abuso, el trasladarle a ella los costes que él contribuye decisivamente a provocar, lo que constituye el verdadero crimen.