En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 1 de diciembre de 2025

La hora de la fuga – Graziella Moreno

 


Me ha gustado mucho esta novela, segunda que leo de Graziella Moreno. Dos son los motivos: un argumento bien tratado y una estructura narrativa que lo potencia gracias a un correcto control de los tiempos y a una no forzada dosificación de la información. Lograr ambas cosas de modo natural no es sencillo.

«La hora de la fuga» casi coquetea con la novela coral. Si en toda novela negra los «buenos» persiguen a los «malos», en esta dentro de cada uno de esos grupos también hay una especie de persecución. Cada uno de los personajes tira de la cuerda de la historia hacia un sitio, y es así, a través de estos movimientos un tanto espasmódicos y no lineales, como lo ocurrido va tomando forma ante los ojos del lector no tanto a través del descubrimiento sino de la progresiva ganancia de  nitidez.

La novela comienza con la muerte de una joven veinteañera recién casada, Noelia, tras caer por el balcón de una vivienda en la zona acomodada de Barcelona. ¡Vaya manera de terminar su noche de bodas! Puede ser un accidente. Pero también un suicidio. E incluso algo más. No está claro porque las primeras informaciones son confusas. La pista que la autora da en la primera página hace que el lector juegue con algo de ventaja respecto a los investigadores, pero no es definitiva y cumple el papel de generar cierta ansiedad: ¿Cuándo diablos se enterará la policía de lo que él ya sabe?

La policía es Tea Valverde. Una mujer demasiado joven para estar de salida y con demasiada experiencia como para ser una recién llegada. Su vida, como muchas veces sucede en este tipo de novelas, no es la juerga padre: el trabajo en el que se refugia de la soledad y de sí misma es, también, causa de esa misma soledad.

Esa necesidad de hacer algo, esa especie de profesionalidad forzada, es lo que hace huir a Tea del espíritu comodón de otros, enseguida dispuestos a dar por bueno el suicidio para seguir rascándose la panza y evitar problemillas e incordios. En ciertos ámbitos no hay como los carpetazos para vivir bien. Pero lo cierto es que en este caso hay cosas raricas, entre las que no es la menor la desaparición de Esther Sampietro, polémica escultora esposa de la fallecida. Y es que hay que admitir que si raro es morirte la noche de bodas, también lo es que la otra media naranja se esfume.

Esther, de la que vamos sabiendo cosillas de su pasado y de su salud mental, fue pareja de Mauro Rovira, exfiscal que malvive milagrosamente en Vallvidrera. Y es que vivir de la literatura, aunque sea mal, es milagroso. Es el único punto de la novela que linda con la fantasía, ejem. Dicha esta tontada, como Mauro no debe lo de «ex» a que su nulo renombre literario le haya permitido prescindir del despertador, infame artilugio, sino a las andanzas de su familia, Tea recela doblemente de él cuando el hombre husmea para saber qué ha sido de Esther: si no es aconsejable que alguien que puede tener información sobre una sospechosa ande metiendo la napia en la investigación, aún lo es menos si el caballero en cuestión tiene sombras en su pasado. Aunque, por otra parte, alguien que ha sido fiscal se supone que sabe por dónde anda, y como no fue él el problemático sino su parentela... Dilemas que a veces resuelven la prudencia y otras el pragmatismo.

    Mauro, en cualquier caso, juega un papel crucial en la novela, porque, aparte de su papel en la investigación, da mucho juego en lo emocional por su relación pasada con Esther, por los vínculos afectivos que aún permanecen y hasta por poder ser una tentación para Tea si al final resulta ser un tipo formalito y de fiar. Y, ya que menciono este tema, aprovecho para añadir que el sexo está latente en buena parte de la novela. Y en algunas páginas, algo más.

    Y con estos mimbres, acudiendo allí donde alguien pueda saber algo de alguien, va fluyendo la información, se van trenzando las relaciones, reconstruyendo pasados, apareciendo nuevos personajes, oscuros y turbios algunos,  se van complicando las cosas, se va avanzando escalón a escalón con capítulos no muy largos que alternan protagonistas iniciales y sobrevenidos y situaciones que el resto de personajes ignoran, haciendo del lector un diosecillo que lo ve casi todo y a casi todos desde arriba, hasta que, al final…

Buen final, que al principio sorprende, aunque en la última línea la autora lo reconduce a la lógica previsible, que no es cosa de cuestionar el principio de la navaja de Ockham sin ganancias de guion. Además, me ha gustado especialmente porque se produce en un lugar casi remoto comparado con Barcelona, y en un poco concurrido local como varios que yo acababa de visitar pocos días antes de leer «La hora de la fuga». En esos últimos párrafos me he sentido en uno de ellos de tal modo que no he tenido que imaginar nada, me ha bastado con recordar.


viernes, 27 de mayo de 2022

Los animales de ciudad no lloran - Graziella Moreno

 



        Solo recuerdo haber leído una novela de intriga jurídica. Esta ha sido la segunda. Una buena experiencia. 

        Los animales de ciudad no lloran relata, por una parte, el embrollo de un matrimonio adinerado cuando él es acusado de malos tratos por su joven y bella amante, y, por otra, la vida de la abogada de la amante y del abogado del supuesto agresor; ambos fueron compañeros de facultad. El matrimonio de la abogada con un cooperante obsesionado por su viejo trabajo -ya imposible tras ciertos problemillas judiciales- se está viniendo abajo; y el abogado, tras verse envuelto en cierto lío en Asturias, ha regresado a Barcelona con ciertas ganas de sentar la cabeza (a ser posible en el regazo de su antigua compañera) aunque como consecuencia del caso lo acaba fichando uno de esos despachos con ínfulas que prometen a sus empleados, a cambio de esclavitud, la posibilidad de acabar siendo el más rico del cementerio. 

        La historia se mueve en tres planos: el del lío de los supuestos abusos y sus causas y consecuencias (como puede suponer el lector, no tan diáfanas como a primera vista parecen), el del día a día del oficio de abogado (profesión en la que que a veces conviene no pensar demasiado en por qué está uno cobrando) y en el psicológico de los verdaderos protagonistas, que no son víctima y acusado sino sus respectivos abogados, que afrontan las ambiciones cotidianas de cualquier hijo de vecino (sentirse razonablemente bien y satisfecho con la vida) respondiendo a los embates del azar mientras se ejerce una profesión en la que no siempre es fácil tener la conciencia tranquila, salvo en el caso de que se carezca de ella. 

        Escrita con fluidez y claridad, lo mejor es el realismo de los dos últimos planos. El primero -el misterio a resolver- sirve de hilo conductor para mostrar todo lo demás y también tiene el valor presente de incluir un tema de actualidad (los malos tratos a mujeres y su tratamiento jurídico previo al juicio) que, como casi todo en el mundo jurídico, siempre hay quien retuerce y distorsiona. 

        Una lectura entretenida y amena. 



jueves, 5 de abril de 2018

Incendio – Tess Gerritsen




     Los libros escritos para ser best seller cumplen la idea, básica en publicidad, de que cuanto más numeroso sea el público a alcanzar, más básico debe ser el mensaje. Son historias claras, sin dificultades de comprensión porque no requieren interpretación ni tienen simbolismo alguno; tampoco tienen estructuras complejas, ni lenguaje elaborado y rara vez recurren a ciertas figuras; también dejan poco a la aportación del lector: se lo dan todo masticadito para que se entretenga, y buscan atrapar su interés con una sucesión de interrogantes, o con alguno bien grande. Pero esto no quiere decir que cualquiera pueda escribir un best seller: en su técnica, como en todo, también puede buscarse la excelencia. Por tanto, algo tendrán los autores –si quiera sea un extraordinario dominio de esta técnica- cuando, como Tess Gerritsen, pueden presumir de haber vendido más de treinta millones de ejemplares.

     Eso es lo que pensé cuando por casualidad cayó en mis manos Incendio, una novela que cuenta el misterio de una composición «maldita», que parece enloquecer a quienes la escuchan. Descubierta en una tienda de antigüedades en Roma por una violinista norteamericana, la pieza cambia el comportamiento de su pequeña hija de tres años, hasta el punto de que la protagonista cree enloquecer y decide investigar el origen de la pieza para intentar hacer luz sobre el asunto. No hace falta esperar a que Julia, que así se llama la violinista, lo consiga, porque la autora se preocupa de que vayamos conociendo la historia de Lorenzo, que da comienzo en los años treinta del siglo XX. Ambas historias discurren en paralelo hasta llegar a un final en el que el deseo de desenmarañar todo hace la lectura más rápida y fluida.

     Incendio es una más que entretenida novela de intriga y  en la que, además, muchos lectores acabarán sabiendo algo –qué clara es la nota al final del libro- sobre la suerte de los judíos en la Italia fascista, una historia trágica compartida con los judíos de otros países europeos, pero para muchas personas desconocida porque en Italia el exterminio no alcanzó cotas porcentualmente tan elevadas.

     Así como la historia de Julia limita su aliciente al planteamiento del misterio de la pieza musical, a que es ella la llamada a desentrañarlo y a saber si logrará conservar un mínimo equilibrio mental, la historia de Lorenzo –que en el fondo es una historia de amor- parece especialmente respetuosa con las circunstancias históricas que la rodean, aunque psicológicamente es de una superficialidad tan abrumadora como expeditivo es el final en algunos puntos. Un final bonito y propenso a la lágrima fácil.

     Una novela entretenida, buena para pasar unas pocas horas. Volviendo al principio, «técnica best seller»... correctamente aplicada.