¿A quién se puede leer en Francia mejor que a la última premio Nobel francesa de literatura? En un ratito de una mañana de septiembre y en otro de esa misma tarde me ventilé «El acontecimiento», aunque, eso sí, no lo leí muy cerca de Ruán, donde transcurre esta historia que, como es habitual en Ernaux, es autobiográfica.
1963. Annie tiene poco más de veinte años, está fuera de su casa, en Ruán, como estudiante de filología. Se ha quedado embarazada involuntariamente y quiere abortar. Pero el aborto es ilegal y no es nada sencillo para una mujer joven y sola intentar conseguirlo.
La ilegalidad aboca a poder sufrir múltiples engaños, algunos que buscan evitar el aborto y otros rentabilizarlo. Y, en el mejor de los casos y en última instancia, la ilegalidad siempre desemboca en la marginalidad.
Y la marginalidad trae consigo la soledad.
Soledad máxima en momentos de intensa vulnerabilidad y alto riesgo.
La autora no plantea un debate en torno al aborto. Como da por hecho que cada persona es dueña de lo que sucede en el interior de su cuerpo, lo que muestra con esta novela son las consecuencias de que la sociedad no lo admita, situando a la mujer ante el dilema de estar en contra de la sociedad o del propio cuerpo.
Son varios los momentos importantes.
El primero: ¿quiere ella tener algo que ver con el hombre con el que tuvo relaciones sin pensar, ninguno de los dos, que pudieran acabar así? Y de ser afirmativa la respuesta, ¿qué hará él? Una decisión propia y una decisión ajena cuyas consecuencias, según sean las decisiones, son muy distintas.
El segundo: el silencio posterior. La decisión de abortar aboca a un miedo físico intenso que no puede ser paliado a través de la comprensión de alguien en quien se pueda confiar porque ese alguien no existe: hay que callar, dado que se va a hacer algo perseguido penalmente y muy mal visto por la mayoría de las personas.
El tercero, la desinformación a que aboca la clandestinidad, y con ella los peligros de las malas praxis y de los abusos. Temores intensos y graves riesgos que acentúan aún más la soledad y que tampoco se pueden compartir con nadie.
El cuarto, llegado el momento, entregándote a manos extrañas, clandestinas, que no sabes con qué ánimo actúan, y que pueden devolverte a la situación que deseas, si son competentes y tienen medios para hacerlo, o matarte si no los tienen suficientes o les falta pericia.
Y, por último, asumir lo que se decidió hacer y lo que haya ocurrido al final.
Ya lo he dejado caer, la novela es corta. Muy corta. Los hechos son narrados telegráficamente, pero no por ello pierden vigor. Al contrario: al centrarse en las pocas decisiones y detalles relevantes la fuerza es inmensa. Es un relato lineal, cronológico, en el que la Annie Ernaux escritora busca reencontrarse con la mujer que fue cuarenta años antes para intentar comprender a aquella chica como modo para comprenderse a sí misma en el presente.
Esta obra fue publicada 2000 (en 2009 en España) cuando los tiempos que relata parecen ya olvidados, pero que obliga a reflexionar, sobre todo porque más que «El acontecimiento» podría titularse «Soledad». Mayúscula soledad.

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