En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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jueves, 10 de septiembre de 2026

Dos amigos - Iván Turguénev

 



Borís Andréich Viazovnín es un hombre joven, culto, guapetón y refinado, tan bien dotado para el dolce far niente como negado para la gestión de su patrimonio. Por eso, tras fundirse la mayor parte de su dinero en una vida no se dice si disoluta pero sí muy lejana al sacrificio, retorna al mundo rural, a su propiedad en el campo, para vivir allí como buenamente pueda, que tampoco es del todo mal.

Lo primero que sorprende es que el caballero no lleva nada mal la situación. De hecho, la lleva tan bien que ni siquiera llega a decir «que me quiten lo bailao». A ello ayuda la amistad que pronto hace con Piotr Vasílich Krupitsyn, un vecino con unos pocos años más y también con más kilos y gustos más vulgares, aunque no zafios. Además, es una persona noble.

Ambos están solteros.

Un buen día Piotr Vasílich, convertido en celestino, le dice a Borís Andréich que un tipo tan joven y cosmopolita debería conocer alguna mujer para casarse y no aburrirse. Dicho y hecho, emprenden una serie de visitas por los contornos, siempre bajo la guía del primero, que es quien conoce al vecindario. Así es como aparecen en la novela una viuda joven y desenvuelta y el par de hijas de un terrateniente local, en lo que es el peor momento de este magnífico relato, pues por momentos amenaza con convertirse en un recorrido por una especie de museo de mujeres casaderas. Finalmente, llega la tercera, Vera Barsukova, Vérochka, que es también la que parece tener menos mundo, la más sumisa, alguien en quien no parece lógico que repare un joven con la experiencia de Borís Andréich, pero…

Pero, zas.

    Dicen que el amor es ciego porque impulsa decisiones irracionales, como las de los tontos.

Y el amor, o lo que quiera que surgiera entre ambos, desemboca en lo que verá quien lea este breve relato, tras lo cual llega la cruda realidad y cada cual la afronta como puede, y quien más puede es Borís Andréich. Luego sucede lo que sucede, y Piotr Vasílich acaba en disposición de… Bueno, leedla.

Son varios los temas para la reflexión.

El fundamental, que sugiere el título, es la amistad. Piotr Vasílich acoge al recién llegado, comparte con él sus días y, creyendo que su amigo merece otra vida mejor de la que su compañía le procura, se empeña en casarlo aun a sabiendas de que cualquier enlace irá en menoscabo de las ocasiones en que la amistad pueda manifestarse. La amistad (que tiene mucho que ver con el respeto) vuelve a mostrarse con fuerza al final de la novela, cuando vemos el comportamiento de Piotr Vasílich ante la ausencia de su amigo. Posteriormente adivinamos lo meritorio de ese punto, porque Piotr Vasílich también tenía su corazoncito.

Otros temas para la reflexión lo sugiere el carácter de los diversos personajes. Comenzamos por la aparente indolencia de Borís Andréich, causa de todos sus problemas, pues dejarse llevar es más sencillo que pensar y, aunque la verdad es que el tipo cae bien, es un vago. Seguiremos con Piotr Vasílich, un hombre mucho más realista, sensato y, por lo tanto, cercano a saber lo que de verdad quiere. Y terminamos por las diferentes mujeres, desde la resuelta viuda que con la afirmación de su independencia pone un contrapunto a las convenciones sociales que para muchos, entre ellos Borís Andréich, puede resultar desagradable o agresivo, a las cándidas hermanitas, una que no respira por no molestar y la otra, vacía pero satisfecha de sí misma, que vive de cara a la galería encantadísima de haberse conocido. Por último, la esforzada Vérochka, cuyas virtudes ocultan sus limitaciones, su falta de ambición y una vergüenza paralizante fruto de una idea acomplejada de sí misma.

En resumen, bien está tener buenos amigos. Para disfrutar, como aquí ocurre. Para que te echen una mano, como también vemos y, por encima de todo, cosa que no siempre ocurre, para que alguien te cante las cuarenta cuando lo necesitas.