En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 21 de septiembre de 2026

La muerte se desnuda en La Habana - Hernán Rivera Letelier

 


    «La muerte se desnuda en La Habana», dice el título, pero, sinceramente, no es lo único que se desnuda en La Habana en esta obra protagonizada por el Tira Gutiérrez (Recaredo Gutiérrez) y Tegualda, la joven monja que le acompaña. Él es un detective privado chileno que se sacó el título por correspondencia y ella una monja que llegó a él por las razones que sabrá quien lea «La muerte es una vieja historia», también reseñada en este blog.

    La saga está formada, hasta ahora, por cuatro novelas. La que acabo de aludir es la primera; la que ahora reseño, la tercera. Una pena no haber leído antes la segunda («La muerte tiene olor a pachulí»), aunque lo remediaré pronto, porque el final de esta pone de manifiesto una notoria evolución en la relación entre los dos protagonistas.

    Pero vamos al argumento de esta novela.

    El hijo de un rico empresario de Antofagasta ha desaparecido en Cuba. La confianza del padre en la eficacia de la policía cubana es, vamos a decirlo así, limitada. Por eso contrata al Tira, para que vaya a La Habana y localice al churumbel. 

    Huelga decir que al chiquitín o algo le ha pasado o algo ha hecho. Esto es lo primero a dilucidar. Lo segundo es cómo hacer frente al tomate en que se haya visto envuelto o haya montado la criatura. En el primer caso será una víctima y, si aparece, todo será más sencillo; pero en el segundo…

    La acción transcurre con una investigación sin brillantez, al estilo de los investigadores, pero eficaz: preguntando aquí y allá en cualquier sitio donde haya podido estar el mozalbete. Así es como acaban deambulando por los bajos fondos cubanos vinculados a la prostitución, para alegría visual del Tira y perplejidad de la monja Tegualda, cuya principal arma es una ironía y un sarcasmo tan incisivos que son lo mejor de la novela.

    Pero, claro, con tanto sexo en el ambiente a ver quién es el guapo que no piensa a todas horas en él, porque el Tira Gutiérrez nunca ha sido de piedra y menos en un marco así, y aunque Tegualda lo disimula tiene ojos y cerebro.

    Esta relación entre jefe y subordinada, entre rutina e inspiración, entre ver con buenos ojos la tentación y la posibilidad de caer en ella y verla de modo opuesto, a modo de conciencia, genera un conjunto de tensiones entretenidas y divertidas que sostienen la investigación por encima de la calidad del argumento. Y así hasta llegar al desenlace. Un desenlace que, en el punto final, es increíble por lo atrevido.

De esa monumental sorpresa que se adueña por completo de la historia hasta borrar el argumento de la mente del lector no puedo contar nada para no fastidiar nadie, pero me gustaría poder comentarla con otros lectores porque hace falta valor y osadía para que la historia culmine como lo hace. No creo que nadie nunca se haya atrevido a finalizar así una novela. O sí, pero bien poquitos. ¡Qué audacia la de Hernán Rivera Letelier!






viernes, 29 de diciembre de 2017

La muerte es una vieja historia - Hernán Rivera Letelier




                El Tira Gutiérrez es el único detective privado de Antofagasta, profesión a la que accedió tras hacer un curso por correspondencia. Lo suyo es espiar adúlteros, pero la novela se inicia con un encargo singular: descubrir al violador que actúa en el cementerio de la ciudad. Más singular es aún su ayudante, una monja interesada en el asunto porque una amiga suya fue víctima, dice, del violador.

                El detective es, como su ayudante, un mero aficionado. El caso les viene grande y actúan tarde y con ingenuidad, aunque con lógica; la hermana Tegualda es, además, una joven tan consciente de sus votos y creencias como tolerantemente irónica y ácida con las bromas de su jefe, además de voluntariosa y decidida. El Tira Gutiérrez es un hombre ya de cierta edad, comodón, un tanto torpe, sin otra aspiración que llegar a fin de mes y, como tantos, dado a la admiración de las mujeres bellas desde la posición de mero espectador consciente de sus limitaciones como don Juan. A lo sumo, se atreve a hacer alguna que otra observación que la hermana Tegualda contesta con una ironía y contundencia desalentadora, muy divertida.

                El conjunto de timidez, torpeza, buenas intenciones y pocas aspiraciones hace que el lector se encariñe de la pareja, por más que la hermana Tegualda responde tan poco al estereotipo de monja que a veces es demasiado personaje y demasiado poco persona. El tono ligero permite, además, que lo escabroso de ciertos hechos no se adueñe del paisaje. ¿Cómo no va el lector a sonreír cuando el principal sospechoso de violar en un cementerio empieza siendo un «muertito»?

   La novela, breve, divertida, con el humor sutil que rodea siempre el fracaso asumido con desenfado, contiene numerosos localismos que hacen colorido el lenguaje. Está escrita con maestría, con gran equilibrio en los tiempos y en el tono, y con una riqueza de vocabulario y un modo de expresión que demuestran que el chileno Hernán Rivera Letelier es un gran escritor. La muerte es una vieja historia aúna calidad y diversión.