En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 25 de junio de 2026

¡Voto a bríos! - Terry Pratchett

 


1997, el año en que Terry Pratchett publicó «¡Voto a bríos!», no fue particularmente movido en materia de conflictos bélicos, aunque el recuerdo de la guerra de los Balcanes era recientísimo. Tampoco lo fue en asuntos de racismo y xenofobia. Sin embargo, como son temas no superados, este libro está más de actualidad en 2026 que cuando se publicó casi treinta años atrás. Pésima noticia. No aprendemos. Nuevos genocidios y casi todo el mundo se desentiende de ellos. Seguramente dentro de unos años fingirán horrorizarse. 

    Así que bien están todos los alegatos antibelicistas, como este libro lo es. También es un alegato contra casi todo lo que ha provocado guerras: el interés económico, los nacionalismos, el racismo y la xenofobia, estos tres últimos asuntos muy relacionados entre sí.

En medio del mar, donde no había sino peces y pescadores, surge una isla en la que hay unos cuantos restos arqueológicos.

El problema, claro, no son los restos, sino que la isla no es de nadie y eso, ejem, no puede tolerarse. 

Dos países la reivindican. Por una parte, la potente, sucia y cochambrosa ciudad-estado de Ankh-Morpork, que protagoniza casi todas las novelas de la saga, crisol de, ejem, culturas. La ciudad que simboliza occidente. Y, del otro lado, Klatch, un continente, o más bien un imperio, que toma todo prestado del Magreb y del mundo árabe. También en esto Terry Pratchett fue por delante, pues en 1997 los conflictos entre ambos mundos eran evidentes pero no habían alcanzado la dimensión actual.

La novela está contada desde la óptica de los primeros, los occidentales, porque los protagonistas provienen de Ankh-Morpork, pero las dos ópticas son simétricas. El enemigo es malo por definición y lo prueba, ejem, el hecho de que es distinto. Pero la realidad es que a menudo basta ser distinto para ser considerado enemigo. Así que todo conduce a la desconfianza entre quienes son diferentes y de ella a la guerra y a todo tipo de tropelías.

La guerra se organiza al estilo medieval, del que tantas cosas toma el Mundodisco: unos cuantos prebostes de Ankh-Morpork deciden que hay que invadir Klatch por el tema de la isla y, de paso, para evitar se invadidos. Y comer para no ser comidos ha sido, históricamente, causa principal de un sinfín de guerras. En Klatch opinan parecido. ¿Y qué sucede también en las guerras? Que el orden interno se pone patas arriba, por lo cual no hay arribista que no vea con buenos ojos una contienda. Otros, en cambio, intentan prevenirlas. Hay división dentro de cada bando, y suele imponertes el más bruto. En esta novela el patricio de Ankh-Morpork, lord Vetinari, que andaba pidiendo explicaciones sobre sus inventos a un chapucero remedo de Leonardo da Vinci, desaparece del mapa y los «nobles» del innoble lugar se apresuran a llenar el vacío de poder. En el caos interno debe tomar partido la guardia, lo que otorga el protagonismo, una novela más, al profesional, heroico y quijotesco comandante Vimes, casado con una noble criadora de dragones y apoyado siempre por el exasperante pero eficacísimo capitán Zanahoria, descendiente de enanos, que todo se lo toma literalmente; por su pareja, la mujer lobo Angua; con el gigantesco y pétreo troll Detritus; y por una pareja que da mucho juego: el más o menos normal sargento Colon y el lamentable cabo Nobbs.

Que la guerra es un enfrentamiento entre dos bandos es una ingenuidad generalmente aceptada en la que Terry Pratchett no cae. En esta guerra, como en todas, hay bandos dentro de los bandos. Dentro de cada uno hay quien va a la guerra para hacerla y vencer como camino más directo a un objetivo, pero también quien intenta detenerla con otra estrategia guerrera y quienes, tratando de evitar la violencia, intentan retornar a la sensatez o alcanzar el objetivo por la vía de la diplomacia o de la intriga. Pratchett, además, denuncia lo absurdo de todas las guerras a través de un objeto en disputa estrafalario: una isla que no existía y que a saber el tiempo que va a seguir existiendo. Y es que no hay guerra que no resulte absurda si se mira con la perspectiva del ser humano sin adjetivos: las guerras aniquilan la vida humana cuando es la vida humana, y solo ella, la que produce los conceptos sobre los que se vertebran las guerras. Es trágicamente ridículo.

Como ya he apuntado, al enemigo se le desprecia también porque es distinto, lo cual hace que esta obra sea también un alegato contra el racismo, la xenofobia y todo tipo de nacionalismos que tanto manipulan la historia para justificarse, cosa que también aquí se parodia. En el colmo de la modernidad, uno de los personajes recurrentes de la saga encuentra consuelo a sus desdichas en una confortable transexualidad. Nadie podrá decir que Pratchett no fue un adelantado a la actualidad.

Por lo demás, «¡Voto a bríos!» es una buena novela dentro de la saga de Mundodisco y, en particular, de la subsaga de los guardias. Está mejor estructurada que otras, lo cual permite seguirla mejor, y el humor, siempre presente, tiene una continuidad más lineal quizá porque se ha sustituido el recurso a las sorpresas por una mayor abundancia de comparaciones ingeniosas e integradas en el estilo.

    Me lo he pasado muy bien.


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