A menudo me hago muchas preguntas, me temo que muy simplonas, que no sé responder debido a mi supina ignorancia. La pregunta de quiénes somos «nosotros» es recurrente. El nacionalismo español, tan contento con su «Reconquista», término del que se choteó Ortega y Gasset, incluye en «los otros» a judíos y musulmanes (metiendo en el mismo saco, por cierto, a árabes y bereberes), como si lo crucial fuera haberse instalado aquí hace 1600 años o más y no 1300. Como si, para colmo, no se hubieran mezclado los pueblos durante mucho más de un milenio.
También me pregunto cómo los omeyas fueron capaces de crear tan rápidamente un imperio tan extenso y qué papel jugó una religión tan en pañales que su fundador había muerto menos de tres décadas antes de que se iniciara la expansión. Además, durante todo ese vertiginoso proceso el Islam aún se parecía mucho a lo que había sustituido.
Y, por último, cómo fue la evolución social y económica y, también, el papel de la evolución política e institucional.
A las preguntas del primer y tercer párrafo encontré magníficas respuestas en «España diversa», de Eduardo Manzano Moreno, profesor de Investigación en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (que dirigió seis años) del CSIC, investigador invitado en la universidad de Oxford y profesor invitado en la de Chicago, además de uno de los grandes especialistas en al-Andalus.
Fue la buena experiencia con ese libro y la condición de especialista en al-Andalus del autor lo que me ha hecho leer este a la búsqueda de respuestas a las preguntas del segundo párrafo.
No solo las he encontrado, sino que, debido a la escasez de fuentes, he podido disfrutar del prolijo trabajo de investigación e interpretación del historiador, de sus dudas y de la necesidad de dejar espacios en blanco cuando nada puede rellenarlos sino la elucubración sin elocuente apoyo.
No voy a resumir el libro porque soy incapaz, pero sí quiero reseñar dos aspectos que me han interesado sobremanera. En primer lugar, la convivencia de dos modos de expansión, la conquista y el acuerdo, con consecuencias muy diferentes para las centralizadas élites de Córdoba y Damasco (en distinto sentido para cada una de ellas) y las diseminadas visigodas. Dos modos de expansión que implicaron importantes consecuencias sociales (comenzando de inmediato con la mezcla de élites) y políticas en las cada vez más complicadas relaciones Córdoba-Damasco. También me ha llamado la atención la autolimitación territorial de al-Andalus, conscientes los omeyas de la dificultad para mantener bajo control un territorio demasiado extenso, lo que limitó sus incursiones al norte de los Pirineos y de la península a operaciones de saqueo y aprovisionamiento, pero no de conquista. También, para el profano, resultan llamativas las somerísimas alusiones a las escaramuzas en los territorios fronterizos, más relacionadas con el saqueo y el aseguramiento de posiciones que con procesos de conquista o del inicio de una «reconquista» tan inexistente que ni se menciona a un mito fundacional del nacionalismo español como don Pelayo, que reinó entre 718 y 737. De hecho, tampoco se le menciona siquiera en el documento-fuente más importante de la época: la «Crónica del 754».
Lo segundo que me ha llamado la atención poderosamente, supongo que por mi formación, es el crucial papel de la organización económica pública. Dos son las patas que cimentaron la rápida expansión de al-Andalus y la consolidación a su frente de los omeyas. La primera, la fiscal: la rapidísima elaboración de un censo y la conversión de las tropas en garantes del cumplimiento fiscal benefició a las élites omeyas y a las visigodas, favoreciendo la expansión, la convivencia y la mezcla. La limitación del número de soldados, devenidos en controladores fiscales, fue importante para explicar la no expansión más al norte. Casi tres siglos después, el creciente abuso del sistema fiscal acabó siendo una de las principales vías de aguas en el barco omeya. La otra pata económica es la «política monetaria», término que uso por entendernos, pero de injustificado uso en esa época: la acuñación de moneda y los tipos de monedas, su composición y uso es de los aspectos mejor documentados y es revelador de tantos e importantes aspectos que una completa colección de monedas, sabiendo lo suficiente de cada una de ellas, sería, para un historiador, una especie de crónica de esos tres siglos.
Un libro interesantísimo, fantástico, aunque para los profanos como yo, que tenemos un interés real pero limitado, haya algunos pasajes que se hacen un pelín tediosos. ¡Que eso no desanimen a nadie!

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