En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 12 de enero de 2026

Facha – Jason Stanley

 


Mayúsculo error «traducir» el título original, «How Fascism Works: the Politics of Us and Them», por «Facha». Primero, porque este término solo se utiliza en España, lo cual va en contra del carácter general de esta obra (que, para colmo, ni menciona a España) y tiene unas claras connotaciones peyorativas que no caben en una obra científica, por divulgativa que sea, ¡y que no cabe atribuir al autor! Segundo, porque esa «traducción» es un engendro mercantiloide destinado a buscar un público previamente adepto a la causa (no hace falta más que ver la faja, que da vergüenza ajena), cuando la utilidad de una obra como esta es que la lea todo el mundo, especialmente aquellos que, sin darse cuenta, más cerca están de dejarse seducir por lo que esta obra llama «fascismo». El título y la faja espantan a cualquiera que, buscando rigor, no se moleste en informarse sobre el autor y su obra. Pésimo favor le han hecho Jason Stanley y a su indudable compromiso con sus ideas.

    Jason Stanley es profesor de filosofía en la Universidad de Yale, siempre entre las diez primeras del mundo. Esta obra ha sido traducida a más de veinte idiomas. En 2025 anunció que, debido al ambiente político en Estados Unidos, se trasladaba a Canadá, a la Universidad de Toronto. En una entrevista publicada La Vanguardia el pasado 30 de abril Stanley afirmó: «Tomé la decisión de irme porque no quería vivir con ese miedo constante a ser perseguido, algo que comparto con muchos de mis colegas. ¿Por qué vivir con ese miedo si no es necesario? También me voy porque no quiero que mis hijos crezcan bajo el fascismo. Y para enviar un mensaje: que el combate debe ser internacional. Puede que esté perdido en EE.UU., pero la lucha contra el fascismo y el autoritarismo es global. Es por la democracia, no importa dónde estés. En Berlín, mi familia vivió el terror absoluto. Aquí, no hemos llegado todavía a ese punto, pero no sabemos qué pasará. Creo que estamos en el equivalente a 1933. Actualmente, los no ciudadanos ya no tienen derechos en EE.UU. Para ellos, esto ya es la Alemania de 1939».

Dicho todo esto, añado que, como en algún lugar de las páginas del libro se señala, el significado de las palabras cambia con el tiempo, y en esta obra hay que entender «extrema derecha» cuando dice «fascismo». No usa la expresión con connotaciones despectivas o desdeñosas, sino como el nombre de un peligro que se cierne sobre las democracias liberales actuando a través de los mecanismos que el libro describe. 

La extrema izquierda solo crece en países pobres con diferencias socioeconómicas tan generalizadas y enormes que solo permiten la existencia de una pírrica clase media, porque la desigualdad es el caldo de cultivo del igualitarismo. Por este mismo motivo apenas existe más que testimonialmente en las sociedades occidentales (por más que en el muy polarizado debate político se califique de extrema izquierda a quienes no lo son). En las sociedades desarrolladas, con amplias clases medias, el extremismo que prospera es el de derechas. Es un extremismo de corte nacionalista que explota el miedo de la amplísima clase media, el temor a perder la posición privilegiada, los niveles de bienestar históricamente elevados que han alcanzado estas sociedades. Son clases medias dominadas por el hombre blanco, pues no es ningún secreto que hasta el presente es quien ha detentado las posiciones de poder y se ha tratado a sí mismo mejor que a las mujeres blancas y, no digamos ya, que al resto de colectivos. 

El autor analiza políticas de extrema derecha de forma metódica a través de diez capítulos que abordan el pasado mítico (los mitos fundacionales, los supuestos héroes del pasado que encarnan la pureza de ideal al que hay que regresar y que, por tanto, se enfrenta a todo lo «nuevo»); el papel de la propaganda, que no de la información; el ataque al intelectualismo y al rigor científico, por lo que de clarificador tiene acerca de la historia, la igualdad o los miles de complejos aspectos de la situación sociológica; la creación de irrealidad (necesaria para alumbrar el miedo y usarlo para pastorear el rebaño); el papel de la jerarquía, básica en una mentalidad que persigue, en última instancia, adueñarse del poder a través del culto al líder que, a su vez, encarna a esa clase privilegiada (y convencida de serlo incluso en los casos en que no lo es); la explotación del victimismo (hasta el punto de crear víctimas donde no las hay); la manipulación del concepto de «orden público» (lo que está mal es lo que hacen los otros); el papel de lo que llama «ansiedad sexual» (las razones por las que el feminismo y los colectivos «sexualmente distintos» son a un tiempo despreciados y culpabilizados); la manipulación de las diferencias entre el medio rural (insólito guardián de las esencias patrias) y el urbano propiciadas por los avances en la productividad; y, por último, el esfuerzo por desprestigiar y anular a los sindicatos, principalmente, y a otras asociaciones similares con el fin de eliminar cualquier organización capaz de defender intereses comunes a personas de diferentes nacionalidades, etnias o religiones: no hay que consentir nada que difumine las diferencias entre «ellos» y «nosotros».

Todas esas «políticas» de división, de creación de un «nosotros» y un «ellos», implican diversas manipulaciones que buscan crear sensación de aislamiento, de soledad, de estar «solo ante el peligro» para que el individuo busque la protección del líder salvador. Que estas repugnantes políticas consiguen lo que buscan lo demuestra la historia de Estados Unidos y la europea, principal aunque no únicamente, y, lo que es peor, también su presente.

La obra, divulgativa, aúna complejidad, profundidad, rigor y claridad expositiva. Los datos, las declaraciones de unos y otros, son incontestables y clarificadoras.

Jason Stanley es riguroso. Es decir, fiable, como corresponde a un científico. Lo que no es, porque es imposible, es neutral. Toma partido por las democracias liberales, el único modo de gobierno que, aunque inevitablemente enfrentado a contradicciones, se basa en el respeto de la dignidad y de las libertades individuales y colectivas de todos los seres humanos. Un sistema minoritario en el mundo y tan reciente en la historia que es absurdo pensar que no esté en peligro, que no sea mucho más frágil de lo que pensamos. La historia, a fin de cuentas, es la de la lucha por el poder y el mantenimiento u obtención de privilegios. La democracia es lo contrario: la convivencia entre personas e intereses enfrentados.


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