Leo que la chilena Paulina Flores (1988) vive en Barcelona desde 2021, donde realizó un máster en creación literaria en la Universidad Pompeu Fabra, y eso me hace pensar que en muchos puntos de esta novela bien puede ser trasunto suyo Javiera, la joven chilena que la protagoniza, y que llega a Barcelona con una beca de posgrado en Literatura y más ganas de experimentar la vida que de bucear en libros.
El arribo a una de las ciudades más turísticas y cosmopolitas de Europa le muestra a Javiera lujos sorprendentes y que ya la sinopsis apunta, como la abundancia de papel higiénico en los supermercados. Sin embargo, pronto se acaban todos, porque donde el lujo no alcanza es en la vivienda. Vivir en Barcelona es tan caro que de inmediato acaba compartiendo un piso en el Raval con Manuel y Tortuga. En este barrio pronto «disfruta» de lo mejor del racismo, la xenofobia y los ambientes vinculados a las zonas pobres: rateros, prostitutas… Llega a establecer una extraña relación con un tipo que parece liderar una banda de landrozuelos, lo que le hace atribuirle una escasez de principios y valores que más adelante… Bueno, mejor no lo desvelo. Manuel es un peruano guapetón que tiene una relación abierta con Tortuga y Armonía. Pronto la tiene también con Javiera, al menos en el plano sexual, y cuando Tortuga se entera…
Pasa lo que pasa. La relación era abierta, pero sin barra libre. Ahí quedan Manuel y Javiera. Y por otra parte Armonía. Y luego aparece Laura. Y Javiera tiene Tinder y ganas de sexo. O de vengarse. O de buscar otro camino. O de…
Una tragedia se cruza en el follón de relaciones donde el sexo es más nexo de unión entre personas que entre afectos. Debería ser traumática para el resto, pero no lo es. O no tanto como debería. O quizá la falta de sensibilidad sea consecuencia de la «apertura».
La historia es la de la ubicación de Javiera en la nueva ciudad, en la que todo es bello, hermoso, lioso e impulsa a salir adelante incluso cuando es lo contrario. Y lo es también de su ubicación en esa relación extraña en la que nunca sabe si Manuel va o viene ni qué puede esperar de él, ni de las demás, ni de ella misma.
Surgen así dudas, celos, incertidumbres y, con ellas, pensamientos con un pie en la realidad y otros en la fantasía que justifican el título de la novela. Su desarrollo me ha parecido fantástico, porque se produce sin que se dé cuenta el lector, mezclado con todo lo demás en un proceso de voladura con varias causas y efectos. Javiera tiene un estallar que parece el vuelo de una mariposa.
Quien lea esta novela sabrá a qué me refiero, pero tan importante como lo contado es el tono. Es humorístico, desenfadado, pero no por lo que cuenta, sino por el modo en que la narradora se ríe de sí misma. Esto hace la lectura muy agradable durante una buena parte del libro, hasta que, en un giro imperceptible pero magistral, genera inquietud: ¿tanta ligereza al contar las tribulaciones de una joven chilena en Barcelona no tendrá que ver con neuronas grilladas? A ver si con tanto ir y venir, a ver si con tantos líos emocionales… Porque hay que ver qué cosas se le ocurren a la dama. No muy sanas. Y es que, ¿las piensa en serio o solo son ideas liberadoras por lo hiperbólicas?
La solución, leyendo «La próxima vez que te vea, te mato».
Una novela engañosamente sencilla por el modo en que está escrita, pero que, si uno se fija, revela un buen dominio del lenguaje, el ritmo y el tono.

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