En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 3 de julio de 2023

Contando atardeceres – La Vecina Rubia

 




No sé si existe la «literatura para mujeres»; ni siquiera sé si es políticamente correcto mencionar esta posibilidad, pero lo hago porque la autora siempre habla en femenino cuando se dirige a su público. Es relevante, porque cuando algo se destina a una determinada idiosincrasia es lógico que, por término medio, quienes no la tengan algo se pierdan en el camino.

Y como es probable que sea mi caso, me disculpo de antemano. Es probable que se me hayan escapado mil cosas.

          Sea como sea, el segundo libro de la Vecina Rubia me ha parecido, en muchos puntos, mejor que el primero, el cual, por cierto, conviene haber leído previamente para familiarizarse con los personajes y por las continuas referencias que se hacen a él. Contando atardeceres es, como La cuenta atrás para el verano, un libro injustamente tratado por la «crítica», si puede llamarse así a quienes ignoran dos de los libros más vendidos, porque ignorar lo que se vende es ignorar a los lectores.

Si definí La cuenta atrás para el verano como una especie de biografía emocional de juventud, Contando atardeceres, que es su continuación aborda un periodo mucho más corto: un par de años en la vida de la protagonista, casi recién llegada a la treintena. Al ser más breve el lapso temporal, ocurren menos cosas, pero como el libro es igualmente extenso, se narran con más detalle.

Por no reventar el argumento me limito a señalar que, como es lógico, lo narrado tiene mucho que ver con lo que le sucede a cualquier persona de la edad de la protagonista: cuitas amorosas influidas por lo laboral y la distancia, relaciones de amistad y problemas de variable gravedad. Seguramente la Vecina Rubia conecta tan bien con el lector porque lo «enfrenta a un espejo», como suele decirse, pero acompañando el reflejo con conclusiones, reflexiones y admoniciones de su cosecha que dan masticadito casi todo cuanto se puede sacar de la lectura. En cuanto a los hilos argumentales, hay dos y son sucesivos: el primero, el amoroso, es dueño aproximadamente de la primera mitad del libro, hasta que se diluye en otro en la segunda mitad (ese nuevo hilo argumental lo sabrá quien lea el libro) para reaparecer el final.

El uso del lenguaje es algo más eficaz, aunque sigue habiendo acotaciones innecesarias por evidentes que restan agilidad; el humor es algo más sutil y discontinuo; y hay menos guiños lingüísticos al personaje de las redes que firma el libro. Este último factor hace este libro más independiente de la coyuntura de la popularidad que el primero, con el que comparte, no obstante, la afición a los consejos y sentencias para ahorrarse disgustos y sofocos. Por último, la autora juega magistralmente con el misterio que la rodea, sorteando con toda naturalidad cuanto dato alguien pudiera vincular, con razón o no, a la autora-personaje, creando una divertida relación de tira y afloja con el lector.

En un blog como este tengo que detenerme un poquito en el humor, no tan presente como en el primer libro: ya he dicho que es algo más sutil y discontinuo, salvo en las conversaciones entre las protagonistas, en las que un punto del humor está en el ingenio y dos en el grosor de los «piropos» que se dedican. Hay, también, una intencionada tendencia (un poco a lo Woody Allen) a coronar los ejemplos serios con otros banales, aunque el efecto no es el mismo cuando antecede una situación más o menos grotesca que cuando no. Creo que la autora algo ha temido al respecto, porque en uno de estos casos, ya hacia el final del libro, justifica las superficialidades. Ya me gustaría saber lo que pasó por su cabeza al explicarse.

La segunda parte de Contando atardeceres me ha resultado más interesante que la primera, en la que, me temo, hay un trecho en el que el tedio ibicenco que afecta a la protagonista ha sido desarrollado con tal éxito que se traslada al lector. Fuera de eso y del abuso de términos como «perfecto», «por supuesto» y «naturalmente» para indicar el favorable juicio de la narradora sobre la predisposición de los personajes ante diversas situaciones, la novela se lee bien, es interesante, aporta una visión enriquecedora del enfrentamiento a según qué problemas y, eso sí, cada cual, en función de su experiencia, tendrá su opinión sobre si alguna de las situaciones o reacciones resulta o no excesiva o si algunas relaciones resultan demasiado ideales. Lo que deja cierto poso de algo que no sé definir ni valorar, es que en este libro no hay ni un ápice de algo tan frecuente en la realidad que su ausencia en estas páginas se nota: la maldad. No hay nadie ni siquiera un poquito malo. Lo más parecido es un personaje algo cobardica y comodón. Otros autores que han elegido esta carencia la han compensado con críticas agudas o mordaces (a personajes, situaciones o realidades sociales), que no son maldad, pero que ponen el punto de enfrentamiento que provoca dinámicas entre personajes o directamente con el lector.

Y termino con el final. La promesa implícita en su última página aventura una tercera parte bastante distinta, por su temática e interés, lo cual siempre se agradece. A fin de cuentas, tan atractivo como el personaje de las redes (o más, al menos para mí) resulta saber cómo una persona lidia desde el anonimato con un éxito apabullante y cómo se relaciona con su propio personaje. Parece que hacia ese rumbo apunta esta «biografía de una famosa desconocida».





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