En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Papá Puerco – Terry Pratchett

 


¡Anda que no hace falta osadía para hacer de la Navidad una fiesta tan porcina como en esta novela! Ni quienes papeen cochinillo asado cada Nochebuena discutirán el atrevimiento, y eso que la Navidad, con su ingente carga de mitos, tópicos y «costumbres» alumbradas por el mercantilismo es terreno abonado para hacer brillar la prodigiosa capacidad de Pratchett para la sátira y la parodia. 

Es lo que sucede en «Papá Puerco», aunque, la verdad, esperaba otra cosa. Algo bastante distinto, más ceñido a la tradición. O, ejem, a destrozar la tradición, ejem. No es así y, por tanto, también tengo la sensación de que la novela ha dejado pasar una buena oportunidad, aunque esto, por derivar de una simple expectativa errada, lo mismo lo pienso que lo pongo en duda.

Papá Puerco es el trasunto, en el Mundodisco, de Papá Noel, como la Noche de la Vigilia de los Puercos lo es de la noche de Navidad. Papá Puerco pasa esa noche en un trineo tirado por cuatro jabalíes y se cuela por las chimeneas para dejar regalos a los niños, siempre que hayan dejado el calcetín para meterlos y hayan escrito la conveniente carta pidiendo sus juguetes. 

    O al menos así ha sido siempre hasta el comienzo de la novela, porque un eficaz miembro del Gremio de Asesinos parece haberse cargado al buen señor. Fuerte, ¿eh? Así que a los niños no les van a dar ni morcilla. O sí, pero solo figuradamente. El caso es que, para evitar tamaño desaguisado, no recuerdo muy bien por qué quien asume el papel de Papá Puerco en la noche de la Vigilia de los Puercos es nada menos que la Muerte. Probablemente el personaje más celebrado de Pratchett, y con razón, aunque en esta novela, y por exigencias del guion, se permite pensar y actuar de un modo algo distinto a lo que está acostumbrado el lector.

    Dicho así el planteamiento parece sencillo, pero no. La Muerte, que va acompañada de Albert, personaje ya conocido, involucra en la solución del follón a Susan, nieta de la Muerte, que apareció en la saga en Soul Music, si no me equivoco, y que pronto se ve en tratos con el dios (o, mejor dicho, el «oh, dios») de las resacas. Aunque parezca increíble, lo sucedido y la existencia de ese «oh, dios» son asuntos relacionados: la ausencia de Papá Puerco limita la creencia en él y esto genera un excedente de creencia que permite creer en otras cosas que, por ese simple hecho, pasan a existir. De ahí que los magos de la Universidad Invisible, capitaneados por su estrafalario pero inteligente archicanciller, anden a un tiempo pensando en las «navidades» y en averiguar qué diablos está pasando con la aparición de ciertos seres apenas se les nombra, todo ello con la desesperación de Ponder Stibbons, el más intelectual de los magos, que ha desarrollado una especie de ordenador, más bien una inteligencia artificial, que funciona con hormigas y otras cosillas así y que el archicanciller se empeña en usar para cosas digamos… absurdas. Además, Teatime, el asesino sin escrúpulos, se ha rodeado de una pintoresca banda de malhechores (uno de ellos, Dave, tiene el amenazador apodo, ejem, de «el Normal») y no está claro qué pretende. A todo esto, no se sabe qué ha pasado con el Hada de los Dientes, una especie de Ratoncito Pérez, ni qué hace o ha estado haciendo con la monumental cantidad de piños infantiles que debe de acumular. Por supuesto, el espacio tiempo es una cosa bastante flexible. 

    La sensación que a menudo tengo con Pratchett de que se me escapan los detalles que hilan una cosa con otra ha sido aquí más fuerte que otras veces, aunque, como siempre, al final también he tenido la impresión de que todo encaja. A esa primera sensación ayudan los innumerables cabos sueltos que el autor voluntariamente deja para ir atando según pasan las páginas, la abundancia de personajes cuyo papel nunca está claro debido a las, ejem, peculiaridades del Mundodisco, el constante salpicar la trama con escenas graciosísimas pero que no afectan al argumento y la propia complejidad de la historia.

«Papá Puerco» es una novela muy divertida, en la que los saltos entre las andanzas de cada grupo de personajes ofrecen un contraste permanente y fluido en el que participan no poco dos clásicos de la saga ya mencionados: la Muerte y los magos.

Una buena novela con el problema, que he apuntado antes, de que los excesos de la Navidad (la nuestra) son tan evidentes que el lector llega a esta novela con la expectativa de que van a ser felizmente parodiados por hipérbole, cuando luego no es así y la cosa deriva por caminos más truculentos. 

«Papá Puerco» es, más que una sátira de la Navidad, una defensa de la imaginación (Pratchett vuelve a la idea de que existe aquello en lo que se cree y deja de existir aquello en lo que se deja de creer) y de la inocencia infantil (a la que tantos personajes retornan en estas páginas).

No son malas ideas para recordar a los adultos.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Amado monstruo - Javier Tomeo

 


«Amado monstruo» es una novela breve, formato en el que Javier Tomeo fue un grande (porque lo pequeño puede ser grande), que bien podría ser una obra de teatro de sencilla escenificación (de hecho se adaptó), porque consiste en un diálogo en un despacho.

Juan, uno de los dos protagonistas, aunque parece el principal, es un hombre de 30 años que ha vivido sometido a su madre sin apenas salir de las cuatro paredes del piso en el que viven: ella ha sido su madre, su profesora, su amiga y su protectora. Menos su amante, todo. Y aún de esto podría dudarse desde el punto de vista espiritual. Para todo lo cual no les ha hecho falta salir de casa, y como ninguno de los dos necesita trabajar porque ella tiene rentas escasas pero suficientes, poco mundo conoce Juan más allá de unos pocos cientos de metros alrededor de su vivienda. Pero el caso es que el «niño» se ha rebelado y, arriesgando su vida, ejem, por calles desconocidas, ha acudido a una entrevista de trabajo con el fin de obtener un empleo como guardia de seguridad en un banco. 

Le entrevista Krugger, un hombre absolutamente leal a su empresa y tan bien integrado, ejem, en la estructura jerárquica que de él para abajo es todo rigor y firmeza y, hacia arriba, mieles y servilismo.

Krugger entrevista a Juan con la finalidad de saber qué tipo de persona es y hasta qué punto el banco puede confiar en él, lo cual permite varias cosas. La primera, da la excusa para que Juan se dé a conocer, para que explique su extraña vida y el lector pueda ver hasta qué punto la extravagancia ha influido y cómo en la formación de su carácter. La segunda, permite originar un brillante juego psicológico entre ambos personajes: cada uno cree saber la razón de las palabras del otro y calcula sus respuestas y réplicas en función de la interpretación probable de cada término. No solo vemos el lenguaje, sino el cálculo del lenguaje. Una delicia. Tercero, los puntos en común entre la vida de uno y otro permiten romper la distancia propiciada por sus roles de modo que la conversación se enriquece y la situación se complica. A este respecto, siempre está presente en la mente de Juan y del lector que el desenlace puede ser el éxito de la entrevista (la contratación) o el fracaso (la no contratación); en la mente de Krugger también esto está presente, aunque para él el éxito es contratar a la persona adecuada y el fracaso contratar a la indebida. Es aquí donde, para acabar de retratar a Krugger aparece indirectamente, sin hacer acto de presencia, un cuarto personaje, su jefazo, Y, último punto, la evolución del diálogo acaba creando una nueva historia: la «independencia» de Juan respecto a su madre, los tiras y aflojas, las infantiles triquiñuelas de su madre, la guerra entre ambos a cuenta de la decisión de acudir a esa entrevista de trabajo, todo un acto de rebeldía. Una proclamación de independencia.

Llegados a ese punto la visión de la entrevista cambia. Lo que al principio ha sido solo una circunstancia (la propia entrevista) que parecía correr hacia un desenlace natural, pasa a ser decisivo por cómo ese desenlace afectará a otra cuestión mucho más relevante. Porque, aunque la presencia de Juan en el despacho de Krugger demuestra que dio el paso a la independencia, conseguirla implica algo más. Hacer la revolución no significa ganarla. Proclamar la independencia, si no la alcanzas, te sitúa en algún punto entre el fracaso heroico y el ridículo. Si la entrevista es la revolución, ¿cómo va a terminar? ¿Con victoria o con derrota? ¿Y el papelón de las victorias pírricas? ¿Y si no se produce la contratación será la revolución un fracaso absoluto o podrá leerse como una victoria moral? ¿Épica o ridículo? ¿Liberación o cadena perpetua?

Cada personaje (Krugger, Juan y su madre) empuja a otro al borde del precipicio. Aunque el mayor monstruo y el más amado es sin duda la madre, todos son monstruos para alguien. Pero también todos se necesitan y se buscan de un modo u otro. También todos son amados.

Ambos hombres se retratan. Y la madre es retratada a través del hijo. Como los tres son, a su modo, personajes límite, también el lector tiene la ocasión de retratarse ante sí mismo a través de sus impresiones.

Así que cuidado con ellas. Es difícil tomar partido claro sin tener un punto de chifladura. No vaya a ser que sea otro amado monstruo quien esté sosteniendo el libro.


lunes, 15 de diciembre de 2025

La pensión Eva - Andrea Camilleri

 


Eva inició a Adán en el pecado, y con él al ser humano. Probablemente por eso dé nombre a la pensión que a su vez da título y marco a esta bella historia de Andrea Camilleri. La pensión Eva, en realidad un prostíbulo, inicia en el pecado (al menos de pensamiento) a los principales protagonistas de la novela: Nené y sus amigos Ciccio y Jacolino. La acción transcurre en Vigàta (Porto Empedocle) desde comienzos de los años treinta hasta el verano de 1943, cuando el ejército aliado tomó Sicilia.

La novela termina no por casualidad el día en que el protagonista, Nené, cumple la mayoría de edad. Así que nació en 1925, como Camilleri, que nació el 6 de septiembre de ese año. Don Andrea era llamado «Nené» por los suyos y la historia se basa en sus recuerdos de infancia. Esto no permite colegir, como el propio Camilleri advierte, que «La pensión Eva» sea autobiográfica, pero sí que corresponde al modo en que él vio el mundo durante su infancia y adolescencia.

Es la segunda vez que leo esta novela. La primera fue anterior a la existencia de este blog y por eso la reseño ahora. Probablemente me ha apetecido volver a leerla porque «La pensión Eva» es una de las más camillerescas novelas de Camilleri. Todos los personajes son pobres diablos, gente del pueblo, intercambiables para la Historia, que les pasa por encima, pero, lógicamente, angustiosamente únicos para sí mismos; personas arrastradas por las circunstancias, que tienen poco y aspiran a no mucho más, pero capaces de encontrar sentido a la vida a través de la pasión (el deseo o el amor) y de encontrar paz y refugio en el cariño.

Las pensiones juegan un papel similar al de hoteles y fondas, pero la pensión Eva llama la atención del niño Nené porque siempre tiene las persianas bajadas y, en los horarios en los que él pasa por delante, nunca ve entrar y salir a nadie. Esto le hace indagar y descubrir, entre los vagos eufemismos de los adultos y la inconsistente información de otros renacuajos, que en ella los hombres no se alojan, sino que pueden «alquilar mujeres» para hacer cosas que no tiene muy claras. Así descubre el sexo.

Como a esas edades el instinto crea el deseo y no hay deseo más fuerte que el insatisfecho, la pensión Eva se convierte en un mito para el niño y luego adolescente Nené. Cuando tenga dieciocho años y sea mayor de edad podrá entrar tranquilamente en ella y disfrutar con cualquiera de las seis chicas que cambian cada quincena. Seis chicas no menos infelices e ingenuas que él, pero para quienes, a diferencia de Nené, no es sencillo mirar el futuro con optimismo, y por eso sobrevaloran cuanto el presente les depara de bueno. Si ellos creen que para alcanzar un razonable porvenir les bastará aprovechar las oportunidades que les surgirán con solo dejarse llevar, ellas saben que no podrán alcanzar nada prometedor sin asumir riesgos tan grandes que resultan desincentivadores. 

Sin embargo, algo va a abrir a los amigos las puertas del burdel antes de lo que esperan. El padre de uno de ellos es el contable del local y esto les permite acudir allí los lunes por la tarde, cuando la pensión Eva está cerrada al público. Podéis pensar tan mal como los jóvenes amigos en su primera visita, aunque hasta que leáis la obra no sabréis lo que sucede. Sí os anticipo que estas visitas acaban siendo, a pesar de las ansias de los adolescentes, de una gran ternura. Las muchachas son, para los chicos, lo más parecido a diosas. No las usan. Las veneran. Las desean con una reverencia y un respeto que se confunde con el cariño. Y ellas, aún con su propia adolescencia tan reciente, encuentran en los chavales los amigos con quienes bromear y ser las muchachas que la vida les ha impedido ser.

Pese al aparente protagonismo de Nené la novela es coral, fórmula que tan bien se le da a Camilleri. Las historias de los amigos, las de las chicas, las de la madame, los recuerdos sobre algunos clientes y las andanzas de otros establecen paréntesis en la línea cronológica y la enriquecen a la vez con el sexo y todo lo que ocurre a su alrededor siempre presente. Así surge una extraordinaria legión de secundarios y figurantes: desde la peculiar madame a clientes respetables, maridos amantísimos, individuos extravagantes, perdidos, solos, caprichosos, vivales, nobles... Unos que buscan hacer, otros que pasan, y otros buscando ser.

Qué delicia la pensión Eva, pero no por el sexo tantas veces ilusionado y tantas hipócrita y culpable que cobija, ni por las penurias y miserias que oculta, sino por todo lo bueno que a menudo lo malo impide ver. Sé que alguna vez volveré a visitarla.

Y el final, coincidiendo con la mayoría de edad de Nené… Buenísimo por lo significativo. La mayoría de edad más que abrirle las puertas de la pensión Eva las cierra a sus espaldas para que se enfrente al mundo sin todo lo digno que ha encontrado entre sus paredes. Porque los problemas y el mal no están en los prostíbulos, último refugio de tantas desgraciadas y de no pocos infelices, sino puertas afuera, en el mundo que los hace existir.


jueves, 11 de diciembre de 2025

La enemiga – Irene Némirovsky

 


Creo haber comprado todo lo que se ha publicado en España de Irène Némirovsky, porque escribe fantásticamente. Sin embargo, aún no he leído ni la mitad. La razón probablemente sea que, salvo «Suite francesa», soberbio novelón, el resto (todas novelas cortas) comparten idéntica amargura sin fisuras. La de personas con existencias mediocres sometidas, a través de métodos y circunstancias variables y también mediocres, a la tiranía de personas aún más mediocres pero en posición de dominio. Una amargura constante e íntima que, a diferencia de lo que ocurre en «Suite francesa», ni siquiera tiene la grandeza de los entornos trascendentes que hacen de los personajes peones de la historia. Ni una sola palabra he leído a Némirovsky que pueda calificarse de humorística, triste récord que algunas personas achacan a su desdichada vida, pero al que ni remotamente se aproximan otros escritores también de aciaga de existencia.

«La enemiga» es una de las primeras obras de Némirovsky. La publicó a los 25 años, en 1928, en la revista «Les Oeuvres Libres». Tiene un fuerte componente autobiográfico, señala la sinopsis, y yo añado que aunque es una historia buena y bien escrita se nota la bisoñez de la autora en cierta falta de fuerza que, probablemente, tenga que ver con la necesidad de pulir algunos momentos para darles más nitidez e intensidad, para encontrar la palabra adecuada, que es lo que da brillantez a la concisión.

La novela cuenta la historia de una niña de once años, Gabri, que cuida a su hermana, Michette, porque su padre está en el quinto pino y la madre, Francine, es una irresponsable que se dedica a vivir su vida como si sus hijas no existieran.

Las perspectivas de Gabri son nefastas. Y aún más tras cierto acontecimiento catastrófico que no desvelo para no chafar nada, aunque, aviso, la sinopsis sí lo hace. Es el primer gran giro de la novela, un hecho que se proyecta en la vida de la protagonista en forma de trauma.

El segundo giro, poco explícito pero fundamental para que la historia pueda avanzar, es el cambio en la suerte de los negocios del padre. Esto modifica también la vida y relaciones de la familia, lo cual es tanto como cambiar el rumbo de la narración para conducirla fuera del callejón sin salida que en ese punto se ha alcanzado.

Y, por último, como Gabri ha ido creciendo y Francine envejeciendo, llega un momento en que dejan de ser niña y mujer para ser dos mujeres. Una joven y bonita y la otra acomplejada por las primeras arrugas. Y entonces… Y entonces sucede lo que sabrá quien llegue al final de esta novela.

El desenlace, que tampoco revelo, admite muchas lecturas acerca de qué lo motiva. ¿Traumas? ¿Valores? ¿Amor? ¿Arrepentimiento? ¿Temor? ¿Pero temor a qué o a quién? ¿Quién es la enemiga? ¿Y de quién? ¿O hay más de una?

Si os respondéis a todas estas preguntas sacaréis el jugo que se puede sacar a esta obra, que es digna pero no la mejor de las que he leído de esta autora.


lunes, 8 de diciembre de 2025

Apostillas a «El nombre de la rosa» - Umberto Eco

 


No está de más leer las poco más de treinta páginas de este opúsculo después de leer, o releer, como ha sido mi caso, «El nombre de la rosa».

Umberto Eco no desvela aquí ningún «secreto» de los que se ha dicho que la novela está plagada, aunque sí el arduo trabajo realizado para diseñar el «laberinto» y alguna otra cosilla. Con estas apostillas no pretende aclarar nada sobre la novela pues, como él mismo dijo en múltiples ocasiones, mal libro es aquel cuya interpretación precisa de la intervención a posteriori del autor.

Por eso este librillo es un refrito de aspectos interesantes sobre todo para quienes, además de tener la pasión de leer, tienen el vicio de escribir.

Digo esto porque Eco aborda desde su motivación para escribir la novela y alguna anécdota en relación al diseño, hasta su concepción de la literatura, pasando por el análisis de algunos géneros literarios, como la novela histórica y la negra y de otros múltiples temas, como, por ejemplo, el desmentido de que los personajes tengan vida propia. También se permite reflexiones artísticas o sobre el concepto y papel del postmodernismo. O sobre el humor y la ironía. Y todo salpicado por imágenes de relieves y pinturas medievales que inspiraron algunos fragmentos de la novela.

«Apostillas» dice el título. Y apostillas son. Siempre con una pátina de humor, con extraordinaria brillantez y con la abrumadora erudición del autor.


jueves, 4 de diciembre de 2025

Turbación - Cristina Peri Rossi

 


«Turbación, turbación y más turbación», como decía un personaje de no recuerdo qué obra. Lo digo porque son tres las historias de este breve volumen, porque todas implican para alguno de sus personajes un punto de turbación y porque no sería de extrañar que él indujera más turbación a alguno de los personajes, quién sabe si como vía de escape o como punto de llegada.

El primero de los relatos da título al libro. Es el más largo con diferencia, hasta el punto de que me sorprendió encontrar el segundo. Una mujer de alrededor de cincuenta años, chapada a la antigua y esposa en un matrimonio chapado a la muy antigua acude a la consulta de un psicólogo. Lo que el lector lee son las sesiones, los diálogos.

El psicólogo cumple su papel. Las anotaciones que realiza al hilo de frases o palabras de la mujer son brillantes e iluminan las entendederas del lector haciéndole profundizar en la mente de la paciente de un modo que ni las luces ni la prisa del lector medio suelen permitirlo. La mujer, susceptible a la enésima potencia, cuenta que, liberándose de las ataduras maritales, ha tenido la intrepidez de hacer una amiga, que ha resultado ser una escritora famosa. ¡Y menuda es, la dama! Más lista y más pita… Pero como regocijarse en la amistad probablemente tiene algo indebido, la paciente, dice, se hace la encontradiza para que nadie pueda decir que… Si esa relación es solo amistad o puede ser otra cosa, lo sabrá quien lea la obra. Y quizá lo sepa mejor que el personaje. ¿Será una de esas personas que va al psicólogo para que le confirme lo que se niega a saber?

La segunda historia, mucho más breve, es la de la buena señora que establece con el psicólogo una rivalidad que no va a ningún sitio. Y tal destino alcanza por lo que a ella respecta. A ver si se va usted a creer que tiene algo que decirme sobre mí misma, que he venido aquí a demostrar que no me hace falta estar aquí. En cuanto al psicólogo, aparte de para ganarse la vida esta cliente quizá le sirva para alcanzar el cielo o, al menos, merecer un monumento a la paciencia.

Y, por fin, y hablando de monumentos, el tercer relato nos presenta la conversación de un chaval con su psicóloga después de que el muchacho haya sido interceptado por la policía mientras intentaba tener sexo con una estatua. Sí, has leído bien, hay gente capaz de follarse un trozo de bronce o un piedrolo, siempre que un artista le haya dado la forma adecuada (si también hay quien se pone cariñosón con los simples peñascos, lo ignoro). «Agalmatofilia» se llama el festejo. No seré yo quien niegue que el arte puede estimular cualquier emoción y todo instinto, ni que la «Maja desnuda» siempre ha sido más celebrada que la vestida, y si no me creéis id al Museo del Prado a comprobar cuánta gente contempla cada uno de los dos cuadros, pero de ahí a… Bueno, ahora que lo pienso, de la literatura erótica siempre se ha dicho que es para leer con una sola mano, así que hay arte que provoca orgasmos. Literalmente. Eso sí, los provocados por la literatura erótica suelen darse en la intimidad del hogar y no, como en el caso de este Romeo Agalmatófilo, en mitad de una plaza llena de gente  y de repartidores de pizzas. En cualquier caso, su conversación con la psicóloga es de lo más interesante y reveladora de que hasta los tornillos más flojos pueden llegar a sujetar algo.

Una lectura breve, brillante, divertida y, aunque a veces no lo parece, profunda.


lunes, 1 de diciembre de 2025

La hora de la fuga – Graziella Moreno

 


Me ha gustado mucho esta novela, segunda que leo de Graziella Moreno. Dos son los motivos: un argumento bien tratado y una estructura narrativa que lo potencia gracias a un correcto control de los tiempos y a una no forzada dosificación de la información. Lograr ambas cosas de modo natural no es sencillo.

«La hora de la fuga» casi coquetea con la novela coral. Si en toda novela negra los «buenos» persiguen a los «malos», en esta dentro de cada uno de esos grupos también hay una especie de persecución. Cada uno de los personajes tira de la cuerda de la historia hacia un sitio, y es así, a través de estos movimientos un tanto espasmódicos y no lineales, como lo ocurrido va tomando forma ante los ojos del lector no tanto a través del descubrimiento sino de la progresiva ganancia de  nitidez.

La novela comienza con la muerte de una joven veinteañera recién casada, Noelia, tras caer por el balcón de una vivienda en la zona acomodada de Barcelona. ¡Vaya manera de terminar su noche de bodas! Puede ser un accidente. Pero también un suicidio. E incluso algo más. No está claro porque las primeras informaciones son confusas. La pista que la autora da en la primera página hace que el lector juegue con algo de ventaja respecto a los investigadores, pero no es definitiva y cumple el papel de generar cierta ansiedad: ¿Cuándo diablos se enterará la policía de lo que él ya sabe?

La policía es Tea Valverde. Una mujer demasiado joven para estar de salida y con demasiada experiencia como para ser una recién llegada. Su vida, como muchas veces sucede en este tipo de novelas, no es la juerga padre: el trabajo en el que se refugia de la soledad y de sí misma es, también, causa de esa misma soledad.

Esa necesidad de hacer algo, esa especie de profesionalidad forzada, es lo que hace huir a Tea del espíritu comodón de otros, enseguida dispuestos a dar por bueno el suicidio para seguir rascándose la panza y evitar problemillas e incordios. En ciertos ámbitos no hay como los carpetazos para vivir bien. Pero lo cierto es que en este caso hay cosas raricas, entre las que no es la menor la desaparición de Esther Sampietro, polémica escultora esposa de la fallecida. Y es que hay que admitir que si raro es morirte la noche de bodas, también lo es que la otra media naranja se esfume.

Esther, de la que vamos sabiendo cosillas de su pasado y de su salud mental, fue pareja de Mauro Rovira, exfiscal que malvive milagrosamente en Vallvidrera. Y es que vivir de la literatura, aunque sea mal, es milagroso. Es el único punto de la novela que linda con la fantasía, ejem. Dicha esta tontada, como Mauro no debe lo de «ex» a que su nulo renombre literario le haya permitido prescindir del despertador, infame artilugio, sino a las andanzas de su familia, Tea recela doblemente de él cuando el hombre husmea para saber qué ha sido de Esther: si no es aconsejable que alguien que puede tener información sobre una sospechosa ande metiendo la napia en la investigación, aún lo es menos si el caballero en cuestión tiene sombras en su pasado. Aunque, por otra parte, alguien que ha sido fiscal se supone que sabe por dónde anda, y como no fue él el problemático sino su parentela... Dilemas que a veces resuelven la prudencia y otras el pragmatismo.

    Mauro, en cualquier caso, juega un papel crucial en la novela, porque, aparte de su papel en la investigación, da mucho juego en lo emocional por su relación pasada con Esther, por los vínculos afectivos que aún permanecen y hasta por poder ser una tentación para Tea si al final resulta ser un tipo formalito y de fiar. Y, ya que menciono este tema, aprovecho para añadir que el sexo está latente en buena parte de la novela. Y en algunas páginas, algo más.

    Y con estos mimbres, acudiendo allí donde alguien pueda saber algo de alguien, va fluyendo la información, se van trenzando las relaciones, reconstruyendo pasados, apareciendo nuevos personajes, oscuros y turbios algunos,  se van complicando las cosas, se va avanzando escalón a escalón con capítulos no muy largos que alternan protagonistas iniciales y sobrevenidos y situaciones que el resto de personajes ignoran, haciendo del lector un diosecillo que lo ve casi todo y a casi todos desde arriba, hasta que, al final…

Buen final, que al principio sorprende, aunque en la última línea la autora lo reconduce a la lógica previsible, que no es cosa de cuestionar el principio de la navaja de Ockham sin ganancias de guion. Además, me ha gustado especialmente porque se produce en un lugar casi remoto comparado con Barcelona, y en un poco concurrido local como varios que yo acababa de visitar pocos días antes de leer «La hora de la fuga». En esos últimos párrafos me he sentido en uno de ellos de tal modo que no he tenido que imaginar nada, me ha bastado con recordar.