En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 5 de febrero de 2026

Don Clorato de Potasa - Edgar Neville

 



Edgar Neville nació el día de los inocentes de 1899 y murió el día del libro de 1967, fechas bastante lógicas para un escritor de humor, aunque tocó también muchos otros palos, especialmente el cinematográfico.

    No había leído nada suyo, aunque siempre lo he visto codeándose con grandes como Enrique Jardiel Poncela o Miguel Mihura, si bien al menos un escalón por debajo.

    El escalón, si cometo la injusticia de juzgar a Neville por esta obra, es muy alto, pero leeré alguna más con la esperanza de que este primer juicio sea equivocado.

    Y es que «Don Clorato de Potasa» (ridículo nombre de guerra elegido por el achispado protagonista para sus correrías) es una obra que merece un «psé» y solo uno. Fue publicada en 1929, así que tiene la excusa de la bisoñez.

    En realidad, no es ni una historia, sino más bien una secuencia de escenas y ocurrencias inconexas que, según avanzan las páginas, va abandonando personajes en la cuneta; solo permanece el protagonista. No hay argumento ni nada que se le parezca, sino una exposición de gracias. Esto permite chispazos de diversión, algunos pocos momentos brillantes y, sobre todo, una intensa sensación de pérdida de tiempo. A la hora de ponerme a escribir esta reseña he tenido que hacer un notable esfuerzo de memoria, porque nada hay en estas páginas que merezca la pena ser recordado, lo cual no es incompatible con leerlas para escapar un ratito del valle de lágrimas. 

    La sinopsis accesible a todo el mundo por internet dice que esta obra «se inscribe en las coordenadas de confluencia del vanguardismo y la narración humorística y está dominada por el antitradicionalismo y el antirrealismo propios de la primera etapa literaria de Neville. Sus personajes son seres inconformistas e inadaptados, caracterizados por lo absurdo e inverosímil de su comportamiento». ¡Madre mía! Pues ya está: cuando para atraer a un lector hay que decir «vanguardismo», «antitradicionalismo», «antirrealismo» y «etapa literaria» es que no es posible hacer una promesa jugosa sin mentir como un bellaco. Además, lo personajes ni son inconformistas ni inadaptados. Son personajes del absurdo, que ejercen el gamberrismo con suma seriedad y educación, pero nada más por culpa de la falta de trabazón, y esto es insuficiente para crear un mundo absurdo, que es el gran mérito de los mejores escritores de humor de esta época. Por cierto, un personaje del absurdo no puede ser un inadaptado, porque la gracia está en lo bien que se adapta a un mundo ilógico. 

    Y pensar que compré este libro en un mercadillo sin dudar, entusiasmado, porque nunca me había topado antes con un libro de Neville… Como dijo el poeta, «¡Cagüen!»


lunes, 2 de febrero de 2026

Los 38 asesinatos y medio en el Castillo de Hull y otras Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes – Enrique Jardiel Poncela

 


    En 1936 Enrique Jardiel Poncela publicó «Los 38 asesinatos y medio en el Castillo de Hull». Las «Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes», siete relatos aún más breves, fueron publicadas en 1939.

    Ni que decir tiene que, para entonces, Sherlock Holmes, el personaje que Arthur Conan Doyle (1859-1930) había alumbrado en 1887, era ya celebérrimo. La parodia suele hacerse sobre lo conocido y, además, en este caso, lectores eran quienes conocían de primera mano a Sherlock Holmes y lectores iban a ser quienes leyeran la parodia, lo cual no dejó de ser una osadía por parte de Jardiel porque, evidentemente, los destinatarios de la obra no podían ser otros que los previamente cautivados por Sherlock Holmes. ¿Cómo se lo tomarían? Cuánto menos arriesgado es parodiar a un personaje histórico, a un actor, a un pintor, a un músico o a un político.

    Aunque la osadía de Jardiel fue relativa, claro, porque cualquier parecido entre los dos Sherlocks es caricaturesco. Si el genuino maravilla a los lectores con su prodigiosa capacidad de deducción, el de Jardiel lo hace con lo «razonablemente absurdo» de sus a veces brillantes deducciones. Este es el gran mérito de esta obra, el modo en que se hila lo en extremo racional con lo irracional provocando la sonrisa. Por supuesto, ayuda el tono grandilocuente, caricaturesco, que impide tomarse nada en serio. Todo está contado por un entusiasta narrador que no es el doctor Watson, pero que hace su papel.

    Buena y breve lectura que satisfará a los asiduos al autor, porque es mejor que algunas birrias que publicó para pasar por caja, aunque este libro está a años luz de sus mejores obras.

    La edición que he leído, de Reino de Cordelia, es fenomenal, y contiene las dos obras señaladas al principio, decisión acertada porque entre ellas hay unidad de personajes, de tono y de recursos. De hecho, la primera tiene un calco en un relato la segunda a modo de broma, aunque también porque una se inspiró en la otra. Los dibujos de la cubierta y la sobrecubierta son de 1912 y 1914, obra de Gus Mager (1878-1956), autor estadounidense de ascendencia alemana. Mager se hizo famoso por las tiras cómicas que publicó en la prensa con, entre otros, el personaje de Sherlocko the Monk, luego Hawkshaw the Detective, inspirado, en Sherlock Holmes. El evidente carácter caricaturesco de esta serie de viñetas y de la obra de Jardiel, los lugares de publicación de ambas y las fechas de unas y otra dan idea de lo rápida y ampliamente que se había extendido la fama de Sherlock Holmes en un mundo donde sus andanzas solo podían circular en papel.