En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.






lunes, 26 de septiembre de 2016

Teniente Bravo - Juan Marsé



     Teniente Bravo es el último de los tres relatos que componen este pequeño gran libro.

     En el primero, Historia de detectives, unos chavales juegan en un descampado en la Barcelona de postguerra, usando un viejo Lincoln abandonado como cuartel general. Uno de ellos, el mayor, ejerce de jefe y envía a los otros a hacer seguimientos. Al regreso, el «jefe» interpreta las informaciones. Un día uno sigue a una mujer joven y otro informa de que siguió a un hombre que a su vez siguió al chaval que seguía a la mujer. La visión de los hechos desde la perspectiva del jefe ofrece una enternecedora forma de trasladar al lector una trágica historia de amor, miedo y supervivencia  por la vía de hacer de todas esas emociones, tan cruciales para quienes las viven, algo tan pequeño que puede ser observado desde fuera como con un microscopio. Una hermosa forma de recordarnos lo débiles y poca cosa que somos.

     El segundo, El fantasma del cine Roxy, es el relato más largo y complejo. Un escritor devenido en guionista crea ante los ojos del lector una película, en provocador debate con el director; entre ellos odio cordial, desprecio mutuo, pero ahí están trabajando juntos. Es la historia de esa creación, pero también conocemos la historia contenida la película, en la cual se trasluce parte del relato previo, así como también, como un fleco suelto que no acaba de encajar, la referencia a la oficina bancaria situada donde estaba el derribado cine Roxy, en la que una empleada se ve asediada por fantasmas que no encuentran acomodo en lo que director y escritor están tramando. Diálogos breves, escenas de la película en la que Marsé nos dice hasta en qué ángulo debemos mirar, perdedores por todas partes, una vida entregada a la nada, observaciones... Varias historias en una sola que crecen de forma armónica y trasladan al lector cómo se puede crear algo hermoso combinando imaginación y sensibilidad.


 
Juan Marsé.
Barcelona, 1933
    Y el tercer relato, Teniente Bravo, es también magistral, pero si el anterior lo es por lo elaborado y complejo –que no quiere decir difícil de leer-, este lo es por la contundencia de su simplicidad. Impresiona cómo de un hecho tan tonto Marsé es capaz de hacer un relato tan real y significativo. Es lo que diferencia a los grandes escritores. La acción transcurre en un campamento militar de Ceuta, poco después del amanecer. Ante la tropa de reclutas en formación bajo el mando de un sargento chusquero, aparece el teniente Bravo, un tipo que se las da de deportista más o menos selecto que ha comprado y hecho traer un viejo potro desvencijado para que los soldados se ejerciten. Y allá se presenta él, aún con sus botas de montar tras haberse ido de madrugada a montar a caballo. Un tipo amable, en apariencia, preocupado por formar a la tropa a su cargo. Avisa a los soldados de que no es sencillo saltar, de que lo van a pasar mal, y como casi ninguno de ellos ha visto jamás un artefacto similar decide demostrar cómo deben saltarlo realizando él el primer salto. Con su primer brinco, llega su primer tortazo. Cómo sigue, lo sabrá quien lea esta breve y fantástica historia de cómo el amor propio puede acabar volviéndose contra sí mismo y arrastrando al pozo hasta a la propia dignidad.



lunes, 19 de septiembre de 2016

La Roma de los Borgia - Guillaume Apollinaire



Acusado de blasfemo y pornográfico, La Roma de los Borgia narra de forma desapasionada, con fingido aire científico y frecuentes intercalaciones para explicar usos y costumbres, una serie de detallados episodios protagonizados por el Papa Alejandro VI y, sobre todo, por sus hijos César y Lucrecia. El nexo entre ellos no es la historia –apenas un leve hilo conductor- sino la sordidez.

El desapasionamiento es un buen recurso para provocar cuando se narran crímenes y torturas horrorosas, y todavía más cuando se aplica a hechos inaceptables en todas las culturas protagonizados, además, por las figuras eclesiásticas encargadas de velar por los valores opuestos. Figuras, también, que por su vida y circunstancias son en sí mismas una contradicción con lo que representan.

¿Y qué tendrá Lucrecia Borgia que, habiendo leído yo tan poca novela histórica, me la encuentro a cada momento? ¿Qué tendrán los Borgia? Lo que tienen, y es lo que explota Apollinaire, es que reúnen todas las condiciones y contradicciones para el escándalo, que en ellos convergen hechos y condiciones siempre polémicos y, si se dan juntos, incompatibles sin prescindir de todo atisbo de moral; y todo con el encanto, para el resto de los mortales, de producirse en la cúspide del poder y la religión. La encarnación de los principios unida a la máxima degeneración y bajeza. Agítese a ver cuándo y cómo explota. Pasen y vean.

Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky,
Guillaume Apollinaire;
Roma, 1880 - París, 1918
Basta la presencia de un Papa para que la religión se haga presente en la novela, aunque nunca se la cite. Y si quien en teoría encarna a Dios traiciona los más elementales valores cristianos, lo espectacular de la contradicción indigna a los incapaces de distinguir lo representado del representante, de ahí la catalogación de blasfema; en cierta medida justificada, claro, porque el autor no es un inocente testigo de nada, sino que se aprovecha de esa confusión para criticar y provocar. La falta de alusión expresa a la religión puede ser una forma de afirmar, con silencios, esa confusión entre lo representado y sus representantes, como si no fuera preciso hablar de dos cosas porque solo hay una. Un Papa asesino, con amantes, con hijos e incestuoso es una de esas ovejas negras y descarriadas que muchos católicos desean olvidar y que también los demás olviden, y que muchos antirreligiosos pretenden recordar y que todos recuerden; en ambos casos, por razones obvias.

Así, en La Roma de los Borgia vemos a un Alejandro VI que ha hecho de la acumulación de poder y riqueza la razón de su vida, junto a los placeres venéreos. Un Papa que no pestañea al ordenar asesinatos para acrecentar su patrimonio o evitar que alguien pueda contar alguna inconveniencia sobre él, por leve que sea; un criminal tan atroz que la gente huye de su lado al galope cuando se dispone a hacer alguna confesión, no sea que luego saberla le cueste la vida; un Papa capaz de dar por bueno el incesto con su propia hija propiciado por otro de sus hijos. También un criminal patrocinador de orgías. Vemos también con mucho protagonismo al celebérrimo César Borgia, un psicópata borracho de poder y egocentrismo, que se sirve de los demás sin escrúpulos y con toda la crueldad, hasta el punto de que no se sabe qué es peor, si acceder a sus deseos o rechazarlos; un criminal torturador que no duda en recurrir al fraticidio, a practicar el incesto con su hermana o a propiciar el de esta y el padre. Y vemos también, aunque con menos presencia, a Lucrecia, una mujer que por un lado se deja llevar y por otro tiene un carácter fuerte, una mujer contradictoria, en apariencia la única con aspiraciones de normalidad, pero que se desenvuelve en ese ambiente sórdido sin perder la compostura.

En conjunto, como ya he dicho al principio, un conglomerado de situaciones atípicas por lo brutales y lo aséptico de la narración, que debe conducir a algún tipo de reflexión acerca de la calaña del ser humano cuando nadie le pone freno.

Una última reflexión, no niego que inspirada en el origen valenciano de los Borgia y en el cenagal de corrupción que ha podrido esa comunidad en las últimas décadas: cuánto tienen los Borgia de nuevos ricos corruptos. En el hacer y en el caer sin que a nadie le importe ni haga nada por evitarlo, como cuando muere una mosca. Y sobre todo en el ser. La tecnología cambia. El ser humano, no. Entonces, como ahora, no hay grandeza en ningún miserable; y nada, ni puestos ni honores, elevan ni hacen mejor a quienes eligen la delincuencia y el crimen movidos por algo tan vil y ruín como la avaricia.



martes, 13 de septiembre de 2016

Próximos superventas - Reflexiones



Un artículo de Karina Sainz Borgo en Voz Pópuli sobre los próximos superventas y un breve cruce de opiniones están en el origen de este también breve comentario sobre los best sellers.

Por llegar a muchos lectores, son libros de fácil digestión, lo cual cuando el autor tiene talento no significa malo sino lo contrario. Otras, en cambio, un autor sin talento consigue dar con la simpleza y temática adecuadas para llegar al corazoncito de mucha gente que solo busca entretenerse, lo cual también tiene un mérito indudable, aunque no me atreva a calificarlo de literario. ¿Mérito psicológico? Lo cierto es que las fórmulas de éxito se repiten, y cada bombazo arrastra una plaga de secuelas.

También, por llegar a tantos lectores, los superventas son importantes, y mucho, para el fomento de la lectura. Es crucial que haya libros de los que mucha gente pueda hablar, que arrastren y generen afición a leer. También permiten fortalecer a las editoriales, lo cual es distinto que apostar por el oligopolio.

Por el modo en que surgen, casi nunca por el boca a boca y casi siempre como consecuencia del dominio del mercado por parte de dos grandes grupos, una pena: ved la lista que sigue y comprobaréis que,sin haber sido publicados aún, muchos títulos ya sabemos que van a estar entre los más vendidos. Son los que tienen la publicidad vía entrevistas en grandes medios y, sobre todo, los que van a parar a esos huecos que los expositores reservan a los libros que esas grandes editoriales digan.

Entre los autores los hay de prestigio, otros con más prestigio mercantil que literario y también algunos cuasi desconocidos encomendados a la fama que su libro ha cosechado en otros países. Todas las obras son novedades, que así funciona el mercado, como si el pasado no existiera pese al gigantesco fondo acumulado, con la excepción de dos de Roberto Bolaño. Y aunque no se dice, no se prevé que algo ya publicado explote este otoño: el boca a boca tiene cada vez menos poder bien porque hay menos lectores, bien porque el número de títulos accesibles se ha diversificado más.

Es importante el tema de los libros más vendidos. Al hablar de literatura tan relevante es lo que se escribe como lo que se lee. Y de que se lea, y de que se lea mucho, y de que los libros satisfagan hoy, depende el futuro de los libros de mañana. Suerte a todos estos inminentes best sellers. Ojalá se vendan mucho, y ojalá merezcan ser leídos.




lunes, 12 de septiembre de 2016

Detalles del boca a boca




     Como no tengo otra explicación (ni presentaciones, ni entrevistas, ni participo en medios de comunicación), digo que los ya diez meses de boom de La terrible historia de los vibradores asesinos en ebook, iniciado más de cuatro años después de su publicación en papel en Mira Editores, se deben al boca a boca.

     Pequeños detalles lo corroboran. Por ejemplo, la creciente cantidad de lectores que, según veo en Amazon, la compran junto a La sota de bastos jugando al béisbol. Nadie compra de golpe dos novelas del mismo autor, por más baratas que sean, si no le han hablado bien de al menos una de ellas.

     Que sigan. Septiembre, vista la marcha, bien pudiera superar los registros previos.

     Gracias a todos los que contáis algo sobre Ajonio Trepileto.







jueves, 8 de septiembre de 2016

Escritores, pensiones y derechos de propiedad intelectual



     Las leyes deben ser iguales para todos, pero no hay una que no recoja excepciones en su aplicación cuando el interés público se ve beneficiado por la desigualdad. Como cuando todo tributa en el IVA al 21% pero los bienes y servicios básicos se excluyen de esa norma general y se les aplican tipos más reducidos o incluso, como ocurre con la sanidad o la educación, quedan exentos. ¿Privilegio para hospitales y colegios frente a fábricas y comercios? No: interés social. Buscad cualquier norma en cualquier ámbito y la igualdad tendrá sus excepciones en beneficio de todos. Solo cuando la excepción no busca el beneficio común puede hablarse de privilegio y carece de justificación.

     En materia de pensiones existe una norma que establece la incompatibilidad entre el cobro de una pensión y la percepción de derechos de propiedad intelectual por parte del autor cuando estos superan cierto límite.

     La consecuencia puede ser que personas eminentes dejen de publicar sus libros e investigaciones para no perder su pensión, pues rarísima vez los derechos de autor alcanzan importes que permitan el lujo de prescindir de otros ingresos.

     Creo que una sociedad debe fomentar la cultura porque es lo que somos y legamos, y también la investigación porque en ella está el futuro, la salud y el bienestar. Por este motivo creo razonable aspirar a que el cobro de pensiones sea compatible con el de derechos de propiedad intelectual, sea cual sea su importe, porque lo que un buen autor o un científico hacen repercute en beneficio de todos y no podemos esperar que los nuevos autores e investigadores sustituyan a los que se jubilan como si fueran obreros de una factoría. La creatividad de cada cual es única y, por tanto, de difícil o imposible sustitución. Nos perjudica que algunos, muchos o pocos, de los Juan Marsé o Mariano Barbacid que tenemos, por citar dos personas eminentes en sus campos y con más de 65 años, dejen de poner a nuestra disposición lo que hay en su cabeza. No pongamos trabas a la creación: en ello nos va un pedazo de nuestra cultura, de nuestra salud y de los medios a nuestro alcance para lograr cualquier meta.

   El lujo nos saldrá barato: poquísimas personas cobran derechos de propiedad intelectual superiores al salario mínimo interprofesional (creo que ese es el límite), y las pensiones que cobren nos las devolverán con creces.

     El debate que hace unos meses vi sobre este tema llegaba tarde, porque la norma no era reciente, pero que yo sepa aún no se ha cambiado por lo que es conveniente insistir en él en estos tiempos donde tantas cosas deben proponerse y negociarse. El debate, por desgracia, se apoyaba demasiado en el insulto y el desprecio. Tanto que según a quién leía no sabía cuál era su objetivo, si solucionar algo o señalar culpables y héroes. Un error, porque la realidad es tan compleja y casuística que igual que no hay norma sin excepciones tampoco la hay sin errores, omisiones y lagunas, y hay que ser constructivo para mejorarlas; un error, también, porque las peticiones y aspiraciones que conducen a mejorar una sociedad deben defenderse desde el respeto y el argumento. Para avanzar juntos hay que convencer, no vencer.

    Por eso espero haber sido capaz de convencer a alguien con estas líneas.