En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 28 de marzo de 2013

Reflexiones sobre literatura y humor, 13



En un magnífico y profundo diálogo (de esos que tan poco abundan en los best sellers) uno de los personajes de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, defendía que el humor era cosa diabólica. 

"-Nuestro Señor no necesitó tantas necedades para indicarnos el recto camino. En sus parábolas nada hay que mueva a risa o provoque miedo."

lunes, 25 de marzo de 2013

Cándido o Un sueño siciliano – Leonardo Sciascia




          Inspirado en el Cándido de Voltaire, el Cándido de Sciascia nace en Sicilia, en pleno bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, hijo de un abogado local con relaciones peligrosas y de una madre que enseguida se encapricha de un oficial estadounidense. El matrimonio se deshace, y si la disputa habitual es quién se queda con los hijos, en esta ocasión es la opuesta: nadie quiere al niño, que acaba permaneciendo con su padre hasta que, indirecta e inconscientemente, Cándido hace algo que marcará para siempre su vida.
          Queda luego al cuidado de su abuelo -un fascista reconvertido a la democracia, que le hace el caso justo- y de una criada que se ocupa de las cuestiones de intendencia. Por ambos es tenido como una especie de diablo. La formación acaba en manos del Arcipreste.
          Cándido es cándido, por si alguien lo dudaba. Y a lo largo de la novela vemos cómo evolucionan sus inquietudes, cómo cambia su vida y cómo, desde la ingenuidad, consigue meter en problemas a todo el mundo. Sciacia consigue mantener un clarísimo hilo conductor, que da unidad a la novela, pese a que cada capítulo aborda cuestiones completamente diferentes, todas concretas; cuestiones que se van planteando a medida que pasan los años. Un libro para pensar, para reflexionar sobre la forma en que la verdad dificulta las cosas, para comprender que las relaciones sociales se basan en grandes patrañas, que vivimos en un mundo en que los intereses fuerzan una “realidad ficticia”.


jueves, 21 de marzo de 2013

Reflexiones sobre literatura y humor, 12




"Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla."


Miguel de Cervantes. Quijote.



lunes, 18 de marzo de 2013

Balkan Blues - Petros Márkaris



     Balkan Blues es un conjunto de relatos cuyo reclamo fundamental es el comisario Kostas Jaritos, que protagoniza el primero. Aunque, en honor a la verdad, la “estrategia de investigación” en ese relato es tan obvia que la tardanza de los personajes en pensar en ella produce la impresión de estar ante un relato fallido. Llegados a ese punto puede el lector olvidarse de Jaritos, que solo vuelve a aparecer, al final, haciendo un ínfimo “cameo”
     Pero aunque el gancho sea el primer relato, lo mejor de este volumen son los siguientes. También son los más duros. Todos reflejan, y de ahí el título, la crueldad, la violencia y las vejaciones a que se enfrentan los emigrantes, los que llegan a un país, en este caso Grecia, porque nada tienen, y donde son tratados como parias, especialmente los albaneses. A pesar de la situación actual, Grecia vivió cierto periodo de prosperidad en los años de la “burbuja”, animada allí la construcción por la celebración de los Juegos Olímpicos; a eso cabe unir la situación fronteriza con los Balcanes, una zona asolada por la guerra y la miseria. Desde las violentas disputas por un trozo de pan hasta la prostitución forzosa, todo tiene cabida en Balkan Blues. Un recuerdo más de lo que provoca el egoísmo de todos y cada uno de los miembros de una sociedad, y de la forma en que las sociedades ricas miran hacia otro lado para seguir manteniendo la conciencia tranquila.

lunes, 11 de marzo de 2013

Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo – Mario Levrero



     Escrita en 1973, más que una novela de humor, “Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo” parece un cómic novelizado, o al menos una de esas películas de superhéroes medio locos que se desenvuelven entre la fantasía y la acción.

     Nick Carter es un famoso e infalible detective (más o menos) que tiene un gris ayudante llamado Tinker al que lleva oculto en una bolsa, y una secretaria ninfómana llamada Virginia. Nick, además de ser muy sagaz, es capaz de realizar proezas tales como subir los escalones de ocho en ocho, y otras igualmente terribles y maravillosas; además mantiene una tortuosa relación con su imagen en los espejos (que se dedica a hacer las cosas más extrañas y sórdidas) y, como todo buen héroe, también tiene sus “archienemigos”: Watson y Arácnida. En cuanto a lo de estar sujeto al imperio de la ley, digamos que para Nick Carter ni siquiera las leyes de la física están vigentes.

     La novela comienza... con su título, que es para enmarcar y anuncia el tono de lo que hay después, pero por ir a lo concreto, empieza cuando a manos de Nick llega un asunto importantísimo: un noble inglés, Lord Ponsonby,  teme que algo pueda pasar en su castillo; algo; nada más y nada menos que algo; no sabe qué, pero algo. Tan espeluznante asunto no impide al protagonista, que para eso es la cima del oficio detectivesco, seguir a su aire y desenmascarar al misterioso Watson (tan misterioso que incluso es complicado saber si ha hecho algo) y vérselas con Arácnida, épico enfrentamiento en el cual el lector (que previamente ha sido, si no asesinado, sí tratado como “anónimo gusano” de existencia engañosa) llega a conocer las razones del odio de Arácnida hacia Nick (también horripilantes, ciertamente).

     La historia, regida por una lógica onírica, va de acá para allá, siguiendo una secuencia más cronológica que lógica, y alternando la narración en primera persona con la tercera (pero como si Nick Carter se refiriera a sí mismo de esta forma).

     Parodia, exageración, esperpento, contrastes... Cualquier cosa que se diga es poco en una novela corta, entretenida, que parece no tener otra finalidad que divertir a su autor aunque en el prólogo haya una serie de elucubraciones sobre los fundamentos psicológicos del invento, que en mi opinión solo se traducen en guiños al subconsciente del lector para sacarlo de la realidad y meterlo en esa otra realidad en la que vive Nick Carter, que parece sacada de un sueño desordenado. Y mucho se tuvo que divertir Mario Levrero con Nick Carter. No es sencillo encontrar novelas así, pese a que al leerla se tiene la sensación de estar, y vuelvo al principio, ante la versión humorística de un cómic de superhéroes. Por eso el autor juega también con la concepción de la literatura; porque no siendo imágenes anormales en otros formatos, sí lo son en la escritura. El efecto es divertidísimo. Y además, es una novela muy bien escrita, con mucho oficio.



jueves, 7 de marzo de 2013

La novela de Pepe Ansúrez - Gonzalo Torrente Ballester




De todas las novelas que he leído de Gonzalo Torrente Ballester, esta es la que menos destaca, la más “normal”, a pesar de lo cual tiene un interés notable, pero más por lo que apunta para la reflexión que por lo que cuenta.
Pepe Ansúrez es un empleadete de banca en una pequeña ciudad. Pasa por poeta, por el mejor poeta de la ciudad, lo cual no quiere decir que lo sea bueno. Y Ansúrez anuncia, en un acto anual para conmemorar no recuerdo qué, que va a escribir su primera novela.
El aviso pone de los nervios al compañero de trabajo y pretendido escritor en prosa con quien se lleva a matar, y con el que cruza invectivas diarias a través de papelitos. Hasta ese momento, sin embargo, la guerra había sido más de egos que de letras, pues las especializaciones respectivas habían impedido la rivalidad directa, la comparación. El “compañero” no confía en las dotes narrativas de Ansúrez, pero en el fondo teme su éxito. Torrente Ballester plantea así el tema de hasta qué punto las personas fundamentan su propia autoestima no en sí mismas, sino en cuanto los demás creen de ellas, y cómo, para sobresalir, hay quienes son incapaces de reafirmar su propio yo si no es a costa de rebajar al vecino (sea a través de la maledicendia o del enfrentamiento abierto). En esta obra la cuestión adopta la forma de rivalidad entre escritores, cuestión que por cada vez que produce un episodio digno de recordar en la historia de la literatura, produce millones que engrosan lo más anónimo de la historia del ridículo.
El resto de la población de la innominada ciudad, da por hecho que una novela escrita allí no puede tratar sino de lo que allí acontece, y eso levanta temores, suspicacias y aspiraciones. Unos temen que Ansúrez airee secretos, y llegan a la conclusión de que se dedica al cotilleo al por mayor; otros temen verse menospreciados, aunque algunos de ellos también se ofenderían si no fueran tratados de ninguna manera, porque casi todos se sienten con derecho a figurar en la novela, a ser inmortalizados en sus páginas, están convencidos de merecerlo. Queda planteado así el tema de la vanidad y de sus efectos, que van desde la adulación hasta el enfrentamiento.
Pero de todos los interesados en la novela, el más activo es el director del banco. El hombre actúa como dueño de sus empleados, y estos lo tratan como tal, con la deferencia y el peloteo correspondiente, que linda el vasallaje. La primera medida del director es comprometer al banco en la publicación, arrogándose de paso la capacidad de interferir en su argumento. He aquí el asunto de la relación entre el escritor y quienes le dan de comer: ¿hasta qué punto el escritor es libre? ¿Y a quién se debe? ¿A su editor, al público, a sí mismo?
La influencia que pretende ejercer el director plantea otra cuestión vinculada a una forma particular de la vanidad. El director quiere que la novela incluya una ficción: que entre él y la bella novia de Ansúrez (también empleada del banco) existe un romance. El problema es que el flirteo es real. Y esto, a la vez que sitúa a Ansúrez en una posición delicada, hace reflexionar sobre todas esas personas que necesitan ofrecer una  excelente imagen de sí mismas; personas, incluso, para las que una buena realidad sirve de poco si no llega a oídos ajenos.
La novia, por su parte, está muy enamorada de Ansúrez, pero su comportamiento, como ha quedado dicho, es equívoco. ¿Por qué? Para conseguir sus propósitos... o los de su prometido. No está claro qué sabe Ansúrez y qué no, y a la confusión ayuda lo peculiar de la pareja: si el resto de personajes tienen un corte tradicional, conservador y chapado a la antigua, con Ansúrez y su novia eso no ocurre siempre.
La novela invita también a reflexionar sobre los motivos y dilemas del escritor. Partiendo de la base de que quien escribe siempre se basa en su experiencia directa o indirecta, ¿qué puede hacer, por ejemplo, con los “enemigos”, con las personas que le caen mal o que, simplemente, considera indignas? ¿Someterlas al castigo de la crítica a costa de inmortalizarlas en el papel? ¿O castigarlas al olvido a costa de la novela? Lo más curioso, en el planteamiento que hace Torrente Ballester, es que todas estas cuestiones no parten de Ansúrez, el autor, sino de los eventuales afectados.
Y esta idea me lleva a una última: la burla que Torrente Ballester hace de todos aquellos mindundis, que son legión, lo bastante creídos, lo bastante vanidosos, lo bastante soberbios y mentecatos como para creer que les basta el contacto más o menos casual con un escritor para convertirse en personajes literarios, como si el escritor, al conocerlos, hubiera de quedar inevitablemente impresionado. Es decir, plantea Torrente Ballester que la relación del escritor con su entorno no es inocente.
Todas las ideas anteriores hacen de "La novela de Pepe Ansúrez" una obra breve en la que todos los aficionados a la escritura encontrarán material abundante para reflexionar sobre por qué escriben lo que escriben.



lunes, 4 de marzo de 2013

Con anuncio – Rosa Ribas




           Comento la segunda novela que protagoniza la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, antes, lo confieso, de haber leído la primera, Entre dos aguas.

           Cornelia es una policía de Frankfurt que ronda los cuarenta, hija de padre alemán y madre inmigrante española, gallega, ambos de escasa cualificación y obreros de la industria alemana. Lo señalo porque todo es importante: Cornelia está en esa edad donde ya se tiene la experiencia suficiente para saber que pocos sueños se cumplen aunque, a la vez, todavía tiene tiempo por delante para rectificar algunos errores si está dispuesta a asumir el coste de la rectificación, que suele pasar por zanjar ciertos desaguisados familiares -que en este caso parecen traer causa en la novela anterior, aunque no hace falta haberla leído-; las costumbres inculcadas por su madre hacen de ella, además, un personaje simpático para el lector español, por reconocerse en algunas de ellas y porque hacen de la comisaria un bicho ligeramente raro en Frankfurt, lo cual provoca cierta solidaridad (aunque, por otra parte, en una ciudad con abundante población extranjera la “rareza” es la norma). Y, por último, los orígenes laborales de los padres le dan por una parte el orgullo de haber prosperado y, por otra, la sensatez que adquiere quien todo se lo ha ganado trabajando. Estos son los factores que determinan su personalidad. Todo ello nos conduce a una persona abierta, algo cabezota, trabajadora y más segura de sí misma que de los demás; con sus miedos, sus cabezonadas y su orgullo tendiéndole zancadillas con más frecuencia de la que desearía.

            Aunque su responsabilidad son los homicidios, mientras están investigando el supuesto asesinato de una prostituta del este Cornelia recibe un encargo de su jefe: husmear qué está ocurriendo en una agencia de publicidad que ha recibido varios anónimos antes de culminar la fiesta con una bomba falsa. El trabajito parece más relajado que complicado, y, por momentos, la presencia de Cornelia en la agencia parece un despliegue desproporcionado; como si le hubieran dado ese trabajo para que se entretuviera en algo. Esta forma de actuar permite a la autora ir presentando a los distintos personajes, e informar de que la agencia estaba a punto de conseguir el contrato de su vida, por el que hay serias disputas. En esto y en el asunto de la prostituta, que parece un “tema menor”, se va casi la cuarta parte de la novela, y reconozco que este trecho se me ha hecho un poco largo, aunque no demasiado, porque la acción parece estancada.

            Todo cambia, sin embargo, cuando aparece asesinado uno de los principales responsables de la agencia. A partir de aquí la novela da un vuelco, la información previa comienza a tener utilidad, y la historia coge un ritmo que acelera poco a poco hasta el final.

            La novela es de intriga, no de acción. Por tanto hay cierta introspección y frecuentes elucubraciones que ayudan, sin resultar reiterativas, a que el lector tenga presente en todo momento los datos relevantes. Pero solo con personajes dándole vueltas a la cabeza es complicado hacer una novela de estas dimensiones, y por eso el jefe tiene la idea de crear un equipo bicéfalo, con Cornelia, un tal Junker y los chicos de una y otro. Huelga decir que ambos no pueden verse. Es un recurso frecuente en la literatura y en el cine: hacer convivir a quienes se aborrecen siempre da juego. Cómo terminan ambos, de entre todos los finales posibles, lo sabrá quien lea la novela. A la vez, como cada uno es de su padre y de su madre y cada uno está en una etapa profesional completamente diferente, la relación de cada cual con cada uno de sus colaboradores es muy distinta.

          Y esas relaciones debemos verlas a la luz de una de las cosas que más consistencia da al conjunto: Cornelia no es un robot, sino una persona incapaz de hablar con alguien, de interrogarlo o de preguntarse por su vida sin sentir una corriente de simpatía, antipatía, temor, desprecio o lo que sea, por más que se fuerce a sí misma a ser imparcial. Las relaciones entre las personas se basan en esas primeras impresiones, en la inconsciente tendencia a completar, y en la forma en que el posterior conocimiento nos obliga a rectificar y a afrontar los errores, y eso sustenta la novela de forma mucho más sólida de lo que la trama por sí sola permitiría.

            Una obra entretenida en lo que de intriga tiene (no se sabe el desenlace hasta el final, por más que haya ideas que desde el principio el lector tiene muy claras, de la misma forma que hay algunas otras que despistan), y que, por lo que de humano tiene Cornelia, resulta hasta divertida.

             En resumen: pienso leer las otras novelas de la serie.