En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.






jueves, 30 de agosto de 2012

Las tribulaciones de Wilt –Tom Sharpe



Wilt, el célebre personaje de Sharpe, un profesor de algo parecido a "deformación profesional", se ha mudado a una casa con jardín, en un buen barrio, donde su santa esposa da rienda suelta a sus veleidades ecológicas. La buena mujer, además, ha alquilado unas habitaciones en el piso de arriba a una guapa alemana, que resulta ser una buscada terrorista, amén de una tentación para Wilt. El asedio a la casa para atraparla a ella y a sus compinches centra una novela donde Sharpe desarrolla su inaudita capacidad para formar un complejísimo caos (para diseñar el caos, casi se podría decir), mezclándolo con toda una suerte de personajes pintorescos cuya peculiaridad radica en su carácter: desde la vieja vecina hasta la excéntrica esposa de Wilt y sus amigas, pasando por las cuatrillizas o los miembros de la policía.

Ni que decir tiene, el más normal de todos, Wilt, es el que más disparates acaba cometiendo impelido por las circunstancias. Y siempre sin renunciar, por supuesto, a su pesimismo vital.

El ritmo es muy bueno, y la acción transcurre sin demoras ni apresuramientos, permitiendo una lectura rápida y sencilla. El autor cita a menudo el pasado de Wilt, lo que hace aconsejable, aunque no imprescindible, haber leído la primera novela de la serie. "Wilt". También recurre a algunos de los recursos de esta, como los estrafalarias materias que se imparten en el centro donde trabaja el protagonista.

En definitiva, humor de situación con numerosas pinceladas en las que el autor ironiza con numerosos temas social y políticamente relevantes, en el marco de un sistema educativo cuyo objetivo parece la alienación.


lunes, 27 de agosto de 2012

Goob bye, Chicago - W. R. Burnett



Si El pequeño César fue una novela centrada en 1929 y escrita en esa época, medio siglo después, en 1982, William R. Burnett cerró el ciclo con una novela situada en el Chicago de 1928. Entre medio el autor, ni que decir tiene, había acumulado toda la experiencia que hace de él un clásico de la novela negra y los guiones cinematográficos.
Goob-bye, Chicago se centra en el mundo del hampa, de los gangsters, sin contar otra historia que las relaciones entre ellos, cómo se sobrevive o no, qué dificultades y conflictos hay, etc. Por eso las novelas de Burnett son las más negras de las negras.
La historia comienza cuando la bella esposa de un policía (la esposa que lo había abandonado tiempo antes) aparece muerta en el río. Quién la ha matado, se sabe pronto y también por qué. Pero hay un problema: el cadáver ha aparecido, luego alguien ha hecho mal su trabajo, poniendo en riesgo a sus jefes, pues si lo pillan es posible que cante para evitar una dura condena. A partir de aquí, el procedimiento que sigue la policía para localizar al asesino solo influye tangencialmente en la verdadera trama, movida en realidad por el miedo de los hampones. Cuando el miedo se adueña de las personas, las fidelidades y lealtades son las justas. Eso es lo que pasa en esta novela, que avanza al compás de la vida de varios personajes: el policía abandonado y viudo, el matarife de turno y sus secuaces, los jefes de estos, los “capos”, y Bones, una especie de asesor que trata de nadar y guardar la ropa.
Una gran novela. Novela negra en estado puro.


lunes, 20 de agosto de 2012

La voz del violín - Andrea Camilleri



La voz del violín (Serie Montabano, 4)

          Un accidente tonto hace sospechar al comisario Salvo Montalbano que algo raro sucede en una casa no lejos de Vigàta: han chocado con un cochecito aparcado a la puerta, y nadie reclama nada. Esto le hace saltarse las normas a la torera, allanar la casa y acabar descubriendo un crimen. Lo siguiente, claro está, es organizar el descubrimiento “oficial” y eliminar sus huellas para que nadie s sospeche de él.
          Así comienza una novela donde, como siempre, Montalbano quiere descubrir la verdad y, entre otros problemas, se topa con una jerarquía más interesada en presentar resultados que en hacer las cosas bien. Y en esta ocasión la actividad de Montalbano ha de servir para tanto para solucionar el caso como para volver a poner orden en casa. Lo cual, dicho sea de paso, lo facilita alguna que otra colosal metedura de pata.
          Me he propuesto leer por orden de aparición todas las novelas de la serie Montalbano, y poco a poco, al menos hasta ahora, veo cierta deriva hacia el planteamiento humorístico de las relaciones, aunque siempre de la mano del peculiar ánimo con que el protagonista se toma las cosas.
          Esta novela es también una de las que más me ha enganchado. La he leído en apenas veinticuatro horas. Las cosas suceden a un ritmo intenso, pero no agobiante, y los secundarios, a estas alturas, ya están dotados de completa personalidad. Llama también la atención una especie de “marcha atrás” en el plano personal del comisario que Montalbano apuntó al final del libro anterior, como si no hubiera considerado oportuno meterse en ese jardín. Esa marcha atrás constituye el marco personal de Montalbano en el que en esta ocasión se desarrolla la trama.
          Y, como siempre, mención especial para la cocina. Alguien, alguna vez, tendrá que hacer el listado de todo lo que come el comisario Montalbano. Daría para hacer el menú de un buen restaurante de por vida.


lunes, 13 de agosto de 2012

Crónica sentimental en rojo - Francisco González Ledesma



La pena de este libro es que con él me despido del inspector Méndez, porque ya he leído todos los que lo tienen por protagonista. Aunque, a diferencia de lo que procuro hacer en otros casos similares, no lo he hecho por orden.
Poco puedo decir de Crónica sentimental en rojo que no haya dicho ya en los comentarios a otras novelas de la serie, excepto que esta, Premio Planeta en 1984, es la de trama más artificiosa, más “peliculera”, más de malos pérfidos y tramas insólitas que deben sorprender por lo intrincado más que por lo emotivo.
La cosa comienza con un asesinato en Calafell, un pueblo costero donde Méndez ha sido destinado a hacer trabajo “de verano”, y donde está una juez en cuya mesa alguien deja un macabro presente: el pecho seccionado de la muchacha asesinada. Aunque con semejante aperitivo todo parece prometer una banquete de truculencias, no es así, lo cual no deja de desconcertar. Como desconcierta, y mucho, la pachorra con que se toman el asunto tanto Méndez como la juez.
Como otras veces, el autor intenta mantener un equilibrio entre los bajos fondos de Barcelona, donde el protagonista se mueve como pez en el agua turbia, y personajes de más o menos alto copete; como siempre, Mendez se las apaña para investigar más o menos al margen de su competencia. Y, también como siempre, al pobre Amores le sucede de todo y en un momento dado desaparece y aquí paz y después gloria. Y así, entre pistas y despistes que no voy a revelar, se va avanzando en una novela que no es la mejor de Méndez, y de la que lo que menos me ha gustado es, por lo peliculero, la escenita donde todo el mundo revela sus cartas, así como la existencia de personajes bastante cojos: la juez y, aunque no lo parece, Ricardo, personaje muy útil para la trama, pero que deambula por ella más como un objeto útil que como una personaje con papel a desarrollar.


lunes, 6 de agosto de 2012

Amor y gallinas – P.G. Wodehouse



            El primer libro que leí de este autor (Dejádselo a Psmith) me gustó mucho más que Amor y gallinas, al que, me temo, no sacó todo el partido humorístico que cabe de su planteamiento. Y es una pena, porque de él cabe extraer humor y poco más.
            El protagonista, un joven acomodado y soltero, escritor inglés de principios del siglo XX, se deja llevar al campo, donde busca inspiración, por un alocado amigo y su esposa. El amigo ha decidido montar una granja de gallinas para forrarse vendiendo huevos, noble arte donde los haya. El problema es que ni tiene idea del asunto ni está dispuesto a aprender: todo lo confía a su extravagante sentido común. Y además, por decirlo de algún modo, la afición de este caballero a contraer deudas es manifiestamente superior a su prisa por pagarlas.
            Junto a esto, el protagonista echa el ojo a una bella muchacha, a la que conoce en el tren, camino del “gallinero” y que luego resulta estar pasando una temporada en la finca vecina, junto a su padre y a un apuesto joven que seguramente es su prometido. El protagonista, lógicamente, echa los tejos a la beldad, aunque algo se interpone: el padre es un cascarrabias que no acaba de estar muy contento con el loco de las gallinas ni con cuantos le rodean, lo cual hace idear al protagonista un peculiar método de reconciliación.
            La suerte del enamorado y de las gallinas la sabrá quien lea esta historia, aunque como he dicho al principio, más allá de la elegante ironía que siempre hay en las palabras del protagonista-narrador,  no se ha sacado el partido suficiente al argumento. Las situaciones divertidas, ridículas o grotescas podían haber sido infinitas.
            Pese a todo, lo disparatado del planteamiento sin duda hará que el lector recuerde este libro.

jueves, 2 de agosto de 2012

Hasta el gorro de Pachelbel



Hasta el gorro de Pachelbel. Así acaba este pobre hombre en otro genial vídeo de música y humor sugerido por
No hay que perdérselo. Está todo subtitulado.